Budismo
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Budismo
5. Instituciones y prácticas

Las obligaciones religiosas y su observancia difieren, tanto entre la sangha y los laicos, como en el seno de cada uno de estos dos grupos.

1. La vida monástica

Desde un principio, los seguidores más devotos de Buda estaban organizados en un grupo monástico llamado sangha. Sus miembros podían ser fácilmente identificados por sus cabezas totalmente afeitadas y sus túnicas sin costuras y de color naranja. Los primeros monjes budistas o bhikkus vagaban de un lugar a otro, estableciéndose en comunidades sólo durante la época de lluvias, periodo en que los viajes resultaban difíciles. Cada una de esas comunidades establecidas, y las que se fueron desarrollando conforme pasaba el tiempo, eran independientes y estaban organizadas democráticamente. La vida monástica se regía por los principios del Vinaya Sutra, una de las tres colecciones canónicas de las escrituras. Cada 40 noches, dentro de cada comunidad, los monjes celebraban una asamblea formal, la uposatha. Una parte muy importante de esta ceremonia constituía la respetuosa recitación de las reglas del Vinaya y la confesión pública de todas las transgresiones. La sangha incluía normas para monjes y monjas, un rasgo único y distintivo entre las órdenes monásticas de la India. Hombres y mujeres seguidores del budismo Theravada eran célibes y conseguían diariamente su comida pidiendo limosnas en las casas de los laicos más devotos. La escuela Zen no se atuvo a la regla en lo referente a que los miembros de la sangha debían vivir pidiendo limosna; más aún, como parte de la disciplina de la secta, se les exige a sus miembros trabajar para ganarse su propio sustento. La popular escuela Shin de Japón, una rama de la de la Tierra Pura, permite a sus sacerdotes casarse y tener familias. Entre las funciones más tradicionales de los monjes budistas está celebrar servicios fúnebres para honrar a los muertos. Los elementos más importantes de estos servicios incluyen el canto de las escrituras y el traspaso de méritos para beneficio del muerto.

2. La veneración por los laicos

En el budismo los actos de veneración que realizan los laicos son más bien personales que grupales. Desde los tiempos más remotos existe una recitación para la expresión de la fe que es utilizada tanto por los laicos como por los miembros de la sangha. Recibe el nombre de Los Tres Refugios, y dice: “Me refugio en el Buda. Me refugio en el dharma. Me refugio en la sangha”. A pesar de que teóricamente el budismo Theravada no adora a Buda, sí existe una veneración que se muestra por medio del culto a la stupa. Una stupa es una estructura sagrada que contiene una reliquia. Los devotos caminan alrededor de la cúpula siguiendo el sentido de las agujas del reloj, llevando flores e incienso como signo de respeto. En el templo Dalada Maligava de Kandy (Sri Lanka) se conserva como reliquia un diente de Buda. Este objeto es el centro de adoración de una fiesta que se celebra cada año el día del cumpleaños de Buda (festividad de todos los países budistas y que la escuela Theravada denomina Vaisakha, nombre del mes en que nació Buda). Es muy popular en los países del grupo Theravada una ceremonia conocida como pirit (o protección), en la que se lee una serie de hechizos protectores procedente del Canon Pali, con el fin de exorcizar los espíritus malignos, curar los males, bendecir las construcciones nuevas y lograr otros beneficios.

En los países del grupo Mahayana los ritos son más importantes que en los que prevalece el Theravada. Las distintas imágenes de Buda y de bodhisattvas que hay en los altares de los templos y en las casas de los más devotos, sirven como lugares para la adoración. El rezo y los cantos son actos de devoción muy típicos, como también lo son el ofrecer frutas, flores e incienso. Una de las fiestas religiosas más populares tanto en China como en Japón, es la de Ullambana, celebración en la que se hacen ofrendas a los espíritus de los muertos y a los fantasmas hambrientos. Se dice que durante esta celebración las puertas del otro mundo están abiertas para que los espíritus que ya han partido puedan retornar a la tierra por algunos momentos.