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| 2. | Escuelas confucianas de pensamiento |
Después de la muerte de Confucio surgieron dos escuelas importantes de pensamiento: una representada por Mencio, la otra por Xun-zi. Mencio continuó las enseñanzas éticas de Confucio acentuando la bondad innata de la naturaleza humana. Creía, no obstante, que la bondad original del ser humano puede envilecerse por el propio esfuerzo destructivo o inmersa en un ambiente perverso. El problema de la cultura moral consiste, por esta razón, en preservar o al menos en restaurar la bondad que es un derecho de nacimiento de cada uno. En el orden político, Mencio es considerado a veces como uno de los primeros defensores de la democracia, pues anticipó la idea de la supremacía del pueblo sobre el Estado.
En oposición a Mencio, Xun-zi afirmaba que las personas nacen con una naturaleza perversa pero susceptible de regenerarse gracias a la educación moral. Creía que los deseos han de estar guiados y moderados por las reglas de la corrección y que el carácter debería ser instruido mediante un cumplimiento metódico de los ritos y por la práctica de la música. Este código ejerce una influencia poderosa sobre el carácter al dirigir de una forma correcta las emociones y proporcionar armonía interna. Xun-zi fue el principal exponente del ritualismo en el confucianismo.
Después de un breve periodo de decadencia en el siglo III a.C., el confucianismo resurgió durante la dinastía Han (206 a.C.-220 d.C.). Las obras confucianas, copias de las que habían sido destruidas en el periodo precedente, fueron restauradas, canonizadas y enseñadas por eruditos en las academias nacionales. Estas obras constituyeron también las bases de los posteriores exámenes para desempeñar puestos civiles y políticos; los candidatos a puestos gubernamentales de responsabilidad eran nombrados en función de su conocimiento de la literatura clásica. Como consecuencia, el confucianismo adquirió un dominio firme sobre la vida intelectual y política china.
El éxito del confucianismo Han se debe en buena medida a Tung Chung-shu, quien fue el primero en recomendar un sistema de educación construido sobre las enseñanzas de Confucio. Tung Chung-shu creía en una estrecha correspondencia entre los seres humanos y la naturaleza; así, las acciones de la persona, en especial las del soberano, son a menudo causantes de fenómenos inusuales en la naturaleza. Debido a la autoridad del soberano, recae sobre él la responsabilidad de fenómenos como el fuego, una inundación, un terremoto o un eclipse. Como estos malos presagios pueden caer sobre la tierra como una advertencia a la humanidad de que no todo se halla en equilibrio en este mundo, el temor al castigo divino resulta útil como freno a los abusos de poder de la monarquía absoluta.
En el caos político que sucedió a la caída de la dinastía Han, el confucianismo fue superado por las filosofías rivales del taoísmo y el budismo, y el pensamiento sufrió un contratiempo. Sin embargo, los clásicos confucianos siguieron siendo la fuente principal de conocimiento para los sabios y con la restauración de la paz y la prosperidad en los tiempos de la dinastía Tang (618-907) se estimuló la difusión del confucianismo. El monopolio de los conocimientos de los eruditos confucianos les aseguró otra vez elevados puestos burocráticos. El confucianismo volvió a ser la enseñanza ortodoxa estatal.