| Confucianismo | Vista del artículo | ||||
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| 3. | Neoconfucianismo |
Las actividades intelectuales durante la dinastía Song (960-1279) dieron origen a un nuevo sistema de pensamiento confuciano basado en una mezcla de elementos budistas y taoístas; la nueva escuela de confucianismo fue conocida como neoconfucianismo. Los eruditos que desarrollaron este sistema intelectual conocían bien las otras dos filosofías. Ante todo profesores de ética dedicaron asimismo su interés a las teorías sobre el cosmos y el origen del ser humano.
El neoconfucianismo se ramificó en dos escuelas. El exponente más famoso de una de esas escuelas fue Zhu Xi, un eminente pensador sólo superado en prestigio por Confucio y Mencio, que estableció una nueva base filosófica para las enseñanzas del confucianismo estructurando la opinión erudita en un sistema coherente. Según el sistema neoconfuciano que representaba Zhu Xi, todos los objetos en la naturaleza están compuestos de dos fuerzas inherentes: li, un principio inmaterial universal o ley, y ch’i, la sustancia de la que están hechas todas las cosas materiales. Mientras ch’i puede cambiar y disolverse, li, la ley subyacente y nutrida de miríadas de cosas, permanece constante e indestructible. Zhu Xi identifica el li en la humanidad con la naturaleza humana, que es en esencia la misma para todo el mundo. El fenómeno de las diferencias particulares puede atribuirse a la variedad de proporción y densidad del ch’i hallado entre los individuos. Así, aquellos que reciben un ch’i que es turbio encontrarán su naturaleza original oscurecida y deberán limpiar su naturaleza para restaurar su pureza. La pureza puede alcanzarse ampliando el conocimiento propio del li en cada objeto concreto. Cuando, después de mucho esfuerzo, el li universal o ley natural inherente en todo objeto animado e inanimado, se adquiere la condición de sabio.
Opuesta a la escuela del li (ley) está la escuela de neoconfucianismo hsin (mente). El máximo exponente de la escuela hsin fue Wang Yang-ming, quien enseñó la unidad de conocimiento y de práctica. Su afirmación principal fue que “aparte de la mente, ni ley ni objeto” existen. En la mente, afirmaba, se encuentran personificadas todas las leyes de la naturaleza, y nada existe sin la mente. El esfuerzo supremo debería ser desarrollar “el conocimiento intuitivo” de la mente, no a través del estudio o la investigación de la ley natural, sino mediante el razonamiento intenso y la meditación en calma.
Durante la dinastía Qing (1644-1912) hubo una fuerte reacción a ambas escuelas de pensamiento neoconfucianas, li y hsin. Los eruditos Qing defendían una vuelta al primer y acaso más auténtico confucianismo del periodo de la dinastía Han, cuando todavía no resultó adulterado por las ideas taoístas y budistas. Desarrollaron una crítica textual de los clásicos confucianos basada en la metodología científica, utilizando la filología, la historia y la arqueología para reforzar su erudición. Además, eruditos como Tai Chen introdujeron un punto de vista empirista en el conjunto de la filosofía confuciana.
A finales del siglo XIX, la reacción contra la metafísica tomó un sentido distinto. En vez de limitarse a los estudios textuales, los eruditos tuvieron un interés activo en política y formularon programas de reforma basados en la doctrina confuciana. K’ang Yu-wei, un líder del movimiento reformista confuciano, acaudilló un intento de exaltar la filosofía como una religión nacional. Debido quizá a las amenazas extranjeras a China y a la demanda urgente de medidas políticas drásticas, los movimientos reformistas fracasaron; en la confusión intelectual que siguió a la Revolución China de 1911, el confucianismo fue tachado de decadente y reaccionario. Con el colapso de la monarquía y de la estructura familiar tradicional, de la que se derivaba mucha de su fuerza y apoyo, el confucianismo perdió su influencia en la nación. En el pasado, a menudo había conseguido hacer frente a las adversidades y emerger con renovado vigor, pero durante este periodo de cataclismo social inaudito, perdió su habilidad anterior para adaptarse a las circunstancias cambiantes.
En opinión de algunos especialistas, Confucio será venerado en el futuro como el gran maestro de China; los textos clásicos confucianos serán estudiados y las virtudes del confucianismo, personificadas para innumerables generaciones en las máximas familiares y en la práctica del sentido común de la población china, permanecerán como la piedra angular de la ética. Sin embargo, es dudoso que el confucianismo vuelva a jugar el papel crucial en la vida política e instituciones chinas que desempeñó en los siglos pasados. La victoria del comunismo chino de 1949 subrayó el incierto futuro del confucianismo. Muchas tradiciones inspiradas en las enseñanzas de Confucio fueron marginadas o proscritas. El sistema familiar, por ejemplo, otrora muy reverenciado como una institución central confuciana, perdió su importancia. Se publicaron muy pocos libros clásicos confucianos y a finales de la década de 1960 y principios de la de 1970 se organizó una campaña oficial contra el confucianismo.