| Concilio Vaticano II | Vista del artículo | ||||
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| 2. | Documentos principales y conclusiones |
El Concilio Vaticano II publicó 16 documentos, entre los que destacan los relativos a la revelación divina (Dei Verbum, 18 de noviembre de 1965) y a la Iglesia (Lumen Gentium, 11 de noviembre de 1964) junto a un documento fundamental en el terreno pastoral de la Iglesia en el mundo moderno (Gaudium et Spes, 7 de diciembre de 1965). Los mejores y más modernos eruditos en temas bíblicos redactaron los principios y documentos relativos a la revelación divina. El Concilio explicó el punto de vista católico sobre cómo la Biblia, la tradición y la autoridad eclesiástica se relacionan entre sí en la exposición de la revelación divina.
El documento relativo a la Iglesia recalcaba la idea bíblica de la organización de la comunidad cristiana, más que el modelo jurídico que había dominado hasta entonces. Denominar a la Iglesia pueblo de Dios enfatizaba la naturaleza del servicio de cargos tales como los del sacerdote y obispo, la responsabilidad colegial, o compartida, de todos los obispos con respecto a la globalidad de la Iglesia, así como la llamada de todos sus miembros a la santidad y a la participación en la misión eclesiástica de propagar el Evangelio de Cristo. El tono pastoral de la Iglesia en el mundo moderno fue establecido en las palabras de apertura del Concilio, las cuales declararon que la Iglesia compartía “la alegría y la esperanza, el dolor y la angustia de la humanidad contemporánea, particularmente las de los pobres y afligidos”. Empezó con un análisis teológico de la humanidad y del mundo. Después se interesó por áreas determinadas, como el matrimonio y la familia, la vida cultural, social y económica, la comunidad política, la guerra y la paz, y las relaciones internacionales.
El fundamento sobre la liturgia promovió una participación comunitaria más activa en la misa, como acto central del culto público católico y fue el primer paso para conseguir cambios que para 1971 incluían la sustitución del latín, antigua lengua del culto religioso, por las lenguas vernáculas. Otros documentos buscaron un terreno común para entablar el diálogo con los cristianos ortodoxos y protestantes y con los no cristianos. En una apertura poco común con respecto a su deliberada política de evitar condenas, el Concilio deploró “todas las acciones de odio, persecuciones, y demostraciones de antisemitismo llevadas a cabo en cualquier momento o a partir de cualquier fuente contra los judíos”.
El papa Juan XXIII había iniciado el Concilio Vaticano II de manera positiva, teniendo como propósito la puesta al día y la renovación (aggiornamento) de la Iglesia católica y el logro de la unidad cristiana y humana. El papa Pablo VI, que continuó el Concilio tras la muerte de Juan XXIII en 1963, aprobó estos propósitos y añadió además el diálogo con el mundo moderno.