Checoslovaquia
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Checoslovaquia
4. Historia

Durante la I Guerra Mundial, los dirigentes nacionalistas checos Tomás Garrigue Masaryk y Edvard Benes formaron el Comité Nacional Checoslovaco, con el apoyo del eslovaco Milan Stefánik y de los países que se enfrentaban a los Imperios Centrales. Inmediatamente acabada la guerra, el 18 de octubre de 1918 se proclamó en Praga la República de Checoslovaquia. El nuevo Estado estaba formado por las regiones de Bohemia, Moravia, Eslovaquia, la Rutenia ciscarpática o húngara y parte de Silesia, pertenecientes todas al extinto Imperio Austro-Húngaro. La Rutenia ciscarpática fue cedida oficialmente por Hungría a raíz de lo acordado por medio del Tratado de Trianón, de junio de 1920.

1. El nuevo Estado

Checoslovaquia nació como una república democrática según el modelo de otros países de Europa Occidental, con un régimen parlamentario, sufragio universal y firmes garantías de los derechos humanos. La I República checoslovaca (1918-1938) sólo tuvo dos presidentes: Masaryk (1918-1935) y Benes (1935-1938). Aunque compitieron por el poder numerosos partidos políticos, el país gozó de un gobierno estable tras la I Guerra Mundial. Durante la mayor parte de este periodo una coalición de los cinco grandes partidos encabezada por el Partido Agrario gobernó el país. Los grupos extremistas de derechas e izquierdas, entre los que se encontraba un pequeño grupo fascista y el Partido Comunista Checoslovaco, fundado en 1921, nunca llegaron a tener un verdadero peso político.

Las amplias adquisiciones territoriales y la existencia de núcleos industriales heredados del Imperio Austro-Húngaro hicieron de Checoslovaquia un país relativamente próspero. Una moneda estable y un moderado plan de redistribución de tierras contribuyeron a hacer frente a la crisis económica de posguerra y a la Gran Depresión mundial iniciada en 1929.

2. Disensión interna

El nuevo Estado, no obstante, tuvo serios problemas e implacables enemigos. Al igual que el Imperio Austro-Húngaro, de cuya desintegración había surgido, Checoslovaquia era una república que incluía muchas nacionalidades en su seno. Checos y eslovacos sumaban el 67% de la población (la predominante población checa por sí sola constituía el 51%); el resto lo formaban minorías nacionales. Aunque por lo general fueron respetadas por el gobierno central, esas minorías tenían escaso o nulo deseo de formar parte del nuevo Estado hacia el que guardaban poca lealtad. Los alemanes se concentraban en la región de los Sudetes, en el norte de Bohemia, y suponían el 22% de la población; los rutenos (ucranianos) sumaban el 6%, y los húngaros el 5%. Además las relaciones entre checos y eslovacos no eran demasiado amistosas.

En 1918 Masaryk había firmado el Acuerdo de Pittsburgh con representantes de los emigrantes eslovacos en Estados Unidos, prometiendo el autogobierno a los eslovacos europeos en un Estado unificado cuando finalizara la guerra. No obstante, la Constitución de 1920 no tuvo en cuenta ese pacto. Por otra parte, los eslovacos también estaban resentidos por la actitud altiva de los más urbanizados checos y por el control que éstos mantenían sobre gran parte de la maquinaria administrativa, incluso en Eslovaquia. Su ferviente catolicismo se sentía ofendido por la hostilidad existente entre el gobierno, dominado por los checos, y el Vaticano.

3. Política exterior

Checoslovaquia, temerosa de la política internacional revisionista de los tratados de la posguerra (Trianón, Versalles y Saint-Germain-en-Laye) llevada a cabo por sus países limítrofes, en especial por Alemania, Austria, Hungría y Polonia, intentó asegurar su supervivencia mediante una estrecha colaboración con Francia y Gran Bretaña, participando en la Sociedad de Naciones y firmando varios acuerdos militares defensivos: en 1920 se unió a Rumania y al Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos (Yugoslavia desde 1929) en la Pequeña Entente, en 1925 firmó un tratado de defensa mutua con Francia y en 1935 firmó otro tratado similar con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

4. Reclamaciones alemanas y el Pacto de Munich

La combinación de la debilidad interna con la amenaza exterior destrozó en último término a Checoslovaquia. Tras la llegada al poder en Alemania de Adolf Hitler y el nacionalsocialismo en 1933, los tres millones de alemanes de los Sudetes se adhirieron al Frente Patriótico de los Alemanes de los Sudetes, fundado por Konrad Henlein. Alentado por Hitler, Henlein planteó al gobierno checoslovaco unas demandas cada vez más radicales para el futuro autogobierno de la minoría alemana. Rechazó el ofrecimiento de concesiones que garantizaban la igualdad de oportunidades en la actividad de gobierno y de iguales subsidios de desempleo, y exigió una reestructuración del país siguiendo criterios nacionalistas a la vez que reclamaba que la minoría alemana fuera puesta bajo la protección directa de Hitler.

Tras el Anschluss (‘unión’) de Austria por parte alemana en marzo de 1938, todos los partidos políticos alemanes de Checoslovaquia, a excepción de los socialdemócratas, retiraron su participación del gobierno. En su Programa de Karlovy Vary, o de Carlsbad (abril de 1938), Henlein amplió sus peticiones, demandando una drástica alteración de la política exterior checoslovaca. Bajo presión del mediador británico Walter Runciman, el gobierno checoslovaco ofreció concesiones aún mayores, pero Henlein rompió las negociaciones y marchó a Alemania. El 12 de septiembre de 1938 Hitler declaró oficialmente su apoyo a la autodeterminación de los Sudetes. Gran Bretaña y Francia, ansiosas por evitar la guerra, presionaron con fuerza a Checoslovaquia para que adoptara una postura conciliatoria.

Temeroso de perder el apoyo de esos países, el gobierno checoslovaco aceptó la petición del primer ministro británico Arthur Neville Chamberlain para que cediera todos los territorios en los que, al menos, el 50% de la población fuera de origen alemán. Los términos del acuerdo fueron establecidos por Gran Bretaña, Francia, Alemania e Italia, sin el consentimiento expreso de Checoslovaquia, en la conferencia celebrada en la ciudad alemana de Munich entre el 29 y el 30 de septiembre de 1938. Como resultado del consiguiente Pacto de Munich, Checoslovaquia perdió sus fronteras septentrional y occidental y con ellas sus más importantes fortificaciones y defensas naturales, además de vastos recursos económicos. La URSS ofreció acudir en ayuda de Checoslovaquia si Francia hacía lo mismo. Polonia y Hungría aprovecharon la debilidad checoslovaca para conseguir la cesión de varios territorios fronterizos en disputa desde largo tiempo atrás. En conjunto, Checoslovaquia perdió 4.800.000 ciudadanos de los cuales 1.250.000 eran checos o eslovacos.

5. El desmembramiento y la guerra

El presidente Benes dimitió y abandonó el país en octubre de 1938. Un nuevo gobierno de derechas, bajo la presidencia de Emil Hácha, se acomodó a los deseos alemanes y otorgó la autonomía a Eslovaquia y Rutenia. El 15 de marzo de 1939 las tropas alemanas ocuparon territorio checo y constituyeron el Protectorado de Bohemia-Moravia, dependiente del III Reich alemán. Alemania también incitó a los eslovacos a declarar su independencia pocos días más tarde, fundándose un Estado fascista encabezado por un obispo católico, el padre Jozef Tiso, que se convirtió en aliado del Reich. Rutenia, tras ser invadida por tropas húngaras, proclamó su independencia igualmente.

El asesinato de un oficial de la Gestapo, Reinhard Heydrich, y un levantamiento armado en Praga, hechos que tuvieron lugar en mayo de 1942, fueron las principales manifestaciones de la resistencia checa a la invasión alemana. En agosto de 1944, una revuelta contra el régimen eslovaco fracasó en su intento de derrocarlo.

Durante la II Guerra Mundial, Benes permaneció en Londres y formó un nuevo Comité Nacional Checoslovaco que preparara la reconstrucción de su país en la posguerra. Desilusionado por la traición de las potencias occidentales, decidió reorientar al futuro Estado checoslovaco hacia la URSS, con la intención de hacer de él un 'puente entre el Este y el Oeste'; así, en 1943 firmó un tratado de asistencia mutua con el Estado soviético que debería de tener una validez de 20 años. Cuando en abril de 1945 se restableció el gobierno checoslovaco, tras el comienzo de liberación de buena parte del territorio de la dominación alemana, éste estaba constituido por un alto número de comunistas, lo mismo que sucedía en los diversos 'comités de acción' que se crearon por todo el país para hacerse cargo de la administración local. Las tropas soviéticas habían liberado en mayo de 1945 la inmensa mayoría del territorio checoslovaco.

6. La conquista del poder por los comunistas

Durante la II República checoslovaca (1945-1948), los comunistas, respaldados por los soviéticos, aumentaron rápidamente su presencia política y en las elecciones generales celebradas en 1946 obtuvieron un tercio de los escaños parlamentarios. Benes fue repuesto en la presidencia del país mientras que el dirigente comunista Klement Gottwald formó un nuevo gabinete en el que miembros del Partido Comunista Checoslovaco ocupaban los ministerios de Educación, Interior y Comunicaciones. La Rutenia ciscarpática fue entregada a la URSS en junio de 1945, y a la población de origen alemán se la expulsó en masa del país. Las mayores industrias fueron nacionalizadas, y los partidos conservadores dominantes antes de la guerra (entre ellos el Agrario) resultaron prohibidos, al tiempo que los más destacados dirigentes anticomunistas acabaron siendo asesinados o sufriendo el exilio.

Cuando a mediados de 1947 la hegemonía comunista comenzó a debilitarse, aumentó la represión sobre sus opositores más notables y los prosoviéticos coparon las fuerzas policiales con sus propios partidarios. En febrero de 1948, doce ministros no comunistas abandonaron el gobierno a fin de forzar la confrontación con los comunistas, pero el intento fracasó. Los comunistas eran mayoría en el gabinete y su control sobre la policía y las organizaciones de trabajadores les permitió realizar manifestaciones armadas en la calle. El presidente Benes, enfermo y temeroso de que estallara una guerra civil, nombró un nuevo gobierno dominado por los comunistas y sus aliados.

Benes dimitió en junio de 1948 a raíz de la promulgación de la Constitución que adoptó un régimen político definido como democracia popular y convirtió a Checoslovaquia en un Estado adscrito a la órbita soviética. Gottwald le sustituyó en la presidencia de la República poco después. La industria, el comercio y el transporte fueron nacionalizados, la agricultura colectivizada, las confesiones religiosas restringidas y la educación, así como la vida cultural e intelectual, quedaron reorganizadas según la nueva orientación comunista. Los anticomunistas, como elementos subversivos, fueron enviados a prisión o a campos de trabajo. A principios de la década de 1950, a través de una serie de arbitrarios procesos judiciales, el Partido Comunista llevó a cabo una purga entre sus propios miembros, afectando incluso a su secretario general, Rudolf Slánský.

Cuando Gottwald falleció en 1953, fue sucedido en la presidencia de la República por Antonín Zápotocký. En respuesta a un proceso general de deshielo en el bloque comunista tras la muerte del dirigente soviético Iósiv Stalin, que había tenido lugar ese mismo año, y ante las revueltas de los trabajadores y la abierta oposición de agricultores, estudiantes e intelectuales el nuevo régimen permitió una moderada liberalización. No obstante en 1957 se reinstauró el sistema estalinista cuando Antonín Novotný, secretario general del Partido Comunista desde 1953, ocupó la presidencia. La crisis política y económica obligó finalmente a Novotný a llevar a cabo un proceso de desestalinización y a abandonar la línea dura del partido a partir de 1963.

7. La primavera de Praga

A comienzos de 1968 un sector cada vez mayor del Partido Comunista Checoslovaco optó por establecer cambios radicales en la política del país. Novotný fue sustituido en enero como secretario general del partido por el eslovaco Alexander Dubcek, y como presidente de la República, en marzo, por el general Ludvík Svoboda, héroe de la II Guerra Mundial. En los siguientes meses, periodo que se denominó la primavera de Praga, el nuevo régimen inició la liberalización y la democratización de la vida checoslovaca así como un proceso para desligarse de la influencia soviética que fue presentado como “un socialismo con rostro humano”. Su programa de acción garantizaba la libertad de expresión, de prensa, de asociación y religiosa; otorgaba un papel más importante a los partidos y grupos no comunistas; adoptaba una serie de reformas económicas, como la capacidad de decisión descentralizada y los incentivos salariales, acordaba la rehabilitación de personajes de la vida pública procesados entre 1949 y 1954 y prometía un estatuto federal a Eslovaquia. El programa obtuvo un apoyo masivo en Checoslovaquia, además de la aprobación de Rumania, Yugoslavia y de muchos partidos comunistas de Europa Occidental.

Sin embargo, este “socialismo de rostro humano” fue rechazado por la URSS y otros líderes comunistas de la Europa Oriental, que temían que se produjeran movimientos reformistas similares en sus respectivos países. A pesar de las advertencias oficiales, de los ásperos ataques en la prensa soviética y de la intimidación efectuada con maniobras militares, los reformistas checoslovacos permanecieron firmes; no obstante, en sendas reuniones celebradas en julio y agosto, las autoridades checoslovacas se comprometieron a mantener el papel de liderazgo del Partido Comunista en el país y la alianza con la URSS y los demás países del Pacto de Varsovia.

8. La invasión soviética y el régimen de Husák

A pesar de las promesas, la URSS y sus aliados del Pacto de Varsovia decidieron poner fin a la experiencia checoslovaca. Durante la noche transcurrida entre el 20 y el 21 de agosto, con la excusa de atender una petición de los líderes comunistas checoslovacos para aplastar una contrarrevolución derechista, 600.000 soldados soviéticos, alemanes orientales, polacos, húngaros y búlgaros invadieron el país. Algunos de los dirigentes reformistas, como Dubcek, fueron conducidos a la URSS. Aunque murieron unas 25 personas, la resistencia por lo general no resultó violenta. La intervención fue condenada por la opinión pública internacional.

Se firmó un tratado por el que se permitía permanecer indefinidamente en el país a las tropas soviéticas, a las que pronto se unieron infinidad de asesores civiles y militares. En abril de 1969 Dubcek fue destituido como secretario general del Partido Comunista y reemplazado por otro eslovaco, Gustav Husák, quien asumió la presidencia de Checoslovaquia en 1975.

Con el régimen de Husák las reformas aplicadas durante la primavera de Praga quedaron anuladas casi por completo a finales de 1969, tras llevarse a cabo el denominado proceso de normalización. No obstante, se mantuvo la Ley de federalización del país, puesta en práctica en enero de 1969. Los reformistas fueron expulsados del partido y represaliados, y Checoslovaquia se convirtió de nuevo en un modelo de Estado comunista bajo el férreo control de la URSS. Aunque en principio hubo poca resistencia al nuevo régimen, durante la década de 1970 se desarrolló un movimiento de oposición clandestino. El acto de desafío más notable tuvo lugar en 1977, cuando un grupo de cientos de académicos, intelectuales y religiosos firmaron un manifiesto bajo el título Carta 77, donde se acusaba al régimen de Husák de violar constantemente los derechos humanos más fundamentales. El gobierno respondió encarcelando o deportando a los dirigentes del movimiento, a pesar de las protestas en el extranjero, pero la oposición continuó actuando y un grupo disidente, el Comité para Defender a los Injustamente Perseguidos, divulgó información en Occidente sobre las condiciones internas de Checoslovaquia.

En diciembre de 1987, Husák dimitió como secretario general del Partido Comunista aunque permaneció ocupando la presidencia del país; fue sustituido por otro miembro del sector duro, Milos Jakes.

9. La oleada reformista

Al acelerarse el ritmo de los cambios políticos en la URSS, gobernada por Mijaíl Gorbachov, y en la República Democrática de Alemania, Jakes fue incapaz de frenar la demanda de reformas. En noviembre de 1989 él y otros dirigentes del partido renunciaron a sus cargos y el gobierno comenzó a negociar con un grupo opositor, el Foro Cívico, encabezado por el escritor checo Václav Havel. En diciembre llegó al poder un nuevo gobierno, con un eslovaco, Marian Calfa, como primer ministro, y Dubcek fue nombrado presidente de la Asamblea Federal, la cual eligió a Havel presidente interino de Checoslovaquia. En las primeras elecciones generales libres celebradas en el país desde 1946, los votantes dieron en junio de 1990 una amplia mayoría en las dos cámaras parlamentarias al Foro Cívico y sus aliados. Había triunfado la que dio en llamarse revolución de Terciopelo. Havel fue reelegido para un nuevo mandato de dos años, tras lo cual pidió a Calfa que encabezara un gobierno de coalición.

En la primavera de 1992 las divergencias económicas llevaron a celebrar nuevas negociaciones entre checos y eslovacos, de las que resultó la decisión de crear dos repúblicas independientes: la República Checa y Eslovaquia. Havel dimitió de su cargo de presidente de Checoslovaquia en julio de 1992. El 1 de enero de 1993 Checoslovaquia dejó de existir y surgieron oficialmente la República Checa y Eslovaquia. Havel y Michael Kovac se convirtieron en sus respectivos presidentes.