Mahoma
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Mahoma
2. La vida de Mahoma según la tradición
1. En La Meca

Se dice que Mahoma nació en La Meca, ciudad de Arabia occidental (la región conocida como Al-Ḩijāz). Se han barajado diversas fechas para el nacimiento de Mahoma. Una tradición comúnmente aceptada lo sitúa en “el año del elefante”, que se ha interpretado como una referencia al año en que un gobernante abisinio de Yemen envió una expedición para destruir la Kaaba de La Meca. Según la tradición musulmana, en la expedición —un estrepitoso fracaso— las tropas invasoras llevaban un elefante. Los especialistas modernos sitúan este episodio en el año 570 d.C.

La familia de Mahoma pertenecía al clan de Hashim, parte de la tribu de Quraysh, que dominaba La Meca y constituía la mayoría de la población. Hashim no era uno de sus clanes más importantes, aunque gozaba de cierto prestigio religioso derivado de sus derechos hereditarios a determinados cargos de la Kaaba. El padre de Mahoma, Abd Allah, murió antes de nacer el niño; su madre, Amina, falleció cuando tenía seis años. Fue criado por su tío paterno, Abu Talib.

La tradición da cuenta de señales y portentos sobrenaturales en torno a la concepción y nacimiento del profeta. Se dice que se le impuso el nombre Mahoma debido a un sueño que había tenido su abuelo.

Se afirma que Mahoma visitó Siria en su juventud como integrante de una caravana comercial de La Meca. Mientras estaba allí fue reconocido como profeta por hombres santos y eruditos judíos y cristianos, que afirmaban que su llegada había sido augurada por sus propias escrituras. Su condición de profeta quedaba indicada por ciertas marcas en su cuerpo y por señales milagrosas de su naturaleza.

Las gentes de La Meca, la tribu de Quraysh, gozaba de buena reputación como mercaderes. Entre ellos, una viuda llamada Jadiya le contrató para administrar sus asuntos. Impresionada por su honestidad e inteligencia, le propuso matrimonio. La tradición afirma que Mahoma tenía 25 años cuando desposó a Jadiya, y que mientras vivió no volvió a contraer nupcias. Tras la muerte de Jadiya tuvo otras mujeres; quizá la más conocida sea la joven Aisha.

Se dice que Mahoma tenía 40 años cuando sufrió su primera experiencia profética. No siempre es descrita del mismo modo, pero una de las tradiciones más difundidas sostiene que tuvo lugar cuando se había retirado a una cueva del monte Hira, en las afueras de La Meca. Allí tuvo una visión del arcángel Gabriel y una experiencia de gran dolor y tensión, hasta el punto que pensó que iba a morir. Cuando el ángel le ordenó “predica” (iqra), se sintió incapaz de hacerlo y no supo qué decir. El dictado que recibió le imponía repetir la sentencia que hoy es el comienzo del capítulo 96 del Corán. En la versión de Juan Vernet se lee: “¡Predica en el nombre de tu Señor, el que te ha creado! Ha creado al hombre de un coágulo. ¡Predica! Tu Señor es el Dadivoso que te ha enseñado a escribir con el cálamo: ha enseñado al hombre lo que no sabía.” Tras un breve periodo durante el cual no recibió ninguna otra revelación, éstas se reiniciaron y continuaron hasta el final de sus días.

Para comprender el desarrollo de la predicación de Mahoma es necesario tener cierta idea acerca del orden en que le llegaron las revelaciones. Cuando éstas fueron recopiladas tras su muerte para elaborar el Corán, no se hallaban organizadas atendiendo a ningún orden. Los eruditos musulmanes tradicionalistas y modernos elaboraron diversas hipótesis acerca de los lazos existentes entre algunas de las secciones del Corán con episodios de la vida de Mahoma, aunque en general suele aceptarse que las primeras revelaciones fueron breves, y que se caracterizaban por un vigoroso lenguaje semipoético. En todas ellas se advierte que los hombres serán inevitablemente juzgados por Dios por su mala conducta en el mundo terrenal, y castigados con severidad si no se corrigen. A medida que pasaba el tiempo, y al ir adquiriendo Mahoma autoridad sobre la primera comunidad musulmana de Medina, se cree que las revelaciones se hicieron más largas, con un tono menos urgente, centradas en la solución de los conflictos prácticos que debían afrontar él y sus seguidores.

Existen dos relatos que, según la tradición, se remontan al comienzo de la trayectoria de Mahoma como profeta, aunque algunos especialistas modernos los consideran narraciones típicas acerca de su aprendizaje. Uno de ellos tiene que ver con la visita a Mahoma, mientras dormía, de dos ángeles que le abrieron el pecho y eliminaron toda huella de incredulidad y de pecado que encontraron en él. El segundo cuenta cómo Mahoma fue llevado por la noche desde el lugar de La Meca donde dormía hasta el trono de Dios en los cielos. Por la mañana se encontró de nuevo en La Meca. Se trata del famoso relato del Viaje Nocturno (Isra), que proporcionó la temática para gran cantidad de alegorías en el sufismo y que con toda probabilidad haya inspirado la Divina Comedia de Dante.

Las tradiciones acerca de quiénes fueron los primeros seguidores de Mahoma en La Meca, aparte de Jadiya, de su primo Alí y de Abu Bakr, su futuro suegro, son muy variables. Sin embargo, todas coinciden en que los seguidores de Mahoma no eran numerosos y que la mayoría de los habitantes de la ciudad les reprochaba subvertir la religión de sus antepasados.

Un episodio controvertido, testimoniado por algunas de las fuentes tradicionales pero que muchos musulmanes rechazan como invención, es el de los “Versos satánicos” (un nombre acuñado por los especialistas modernos, y que no se emplea en los relatos tradicionales). La narración refiere que Mahoma, desesperado por atraer hacia su causa a los habitantes de La Meca, fue tentado por Satán para proclamar como revelación divina determinados versículos que, de hecho, eran una perversión de la verdad. Estos versículos reconocían a tres diosas que los residentes de La Meca adoraban, otorgándoles un lugar en el islam como intermediarias entre Dios y los hombres. Al oír esto, las gentes de La Meca aceptaron el islam. Sin embargo, el ángel Gabriel comunicó más tarde a Mahoma que la supuesta revelación provenía de Satán y no de Dios, y le reveló las palabras exactas (que hoy se pueden leer en el Corán: 22, 51/52 y 53, 19/20). En la versión ortodoxa, las diosas eran descalificadas como “meros nombres”, sin poder ni verdadera entidad. Cuando les fueron revelados los versículos auténticos, los habitantes de La Meca abandonaron el islam y abrazaron sus antiguas creencias paganas.

2. En Medina

La oposición contra Mahoma y sus seguidores en La Meca alcanzó tales proporciones que, tras enviar a sus adeptos a buscar refugio en la cristiana Abisinia (hoy Etiopía) y después de un intento fallido de obtener apoyo en la cercana ciudad de Taif, en el año 622 Mahoma se trasladó con algunos de sus compañeros al asentamiento agrícola de Yatrib, a unos 300 km al norte. Este suceso, conocido como Hijra (o Hégira), fue el punto de inflexión de la suerte de Mahoma. Tras la Hégira se estableció la primera comunidad musulmana (umma) en Yatrib, y más tarde el episodio marcó el inicio del calendario musulmán, conocido como “era de la Hégira”. Poco después, Yatrib cambiaría su nombre por Medina.

Según algunas tradiciones, Mahoma había sido invitado a residir en Medina por algunos de sus habitantes, a fin de servir como conciliador entre diversas facciones. Tal es la explicación más generalizada de por qué se le aceptó con tanta rapidez como figura investida de autoridad. Al principio, la comunidad que dirigió estaba formada por musulmanes y por paganos, que convivían con gran número de judíos residentes en la ciudad. En los años posteriores a la Hégira, la comunidad se fue convirtiendo cada vez más al islam, aunque se comprende que muchos de sus miembros no aceptaron este credo por convicción. En la tradición suele denominárseles ‘hipócritas’ (munafiqun). Muy pocos judíos aceptaron el islam, aunque en su mayoría fueron expulsados o ejecutados por orden de Mahoma a medida que su relación con ellos empeoraba. Se creía que eran agentes o aliados de sus enemigos.

Una de las razones que explican la creciente aceptación de la autoridad de Mahoma en Medina fueron sus éxitos militares. Los ataques contra caravanas de La Meca desembocaron en una importante victoria sobre una poderosa fuerza militar de esta ciudad en Badr en el año 624. Consecuencia de esta victoria son algunos párrafos del Corán en donde se hace referencia al yihad o guerra santa: 8, 5-18 y 66/65. Los ataques de La Meca contra Medina fueron rechazados con dificultad en las batallas de Uhud (625) y en la denominada del jandaq, ‘foso’, en el año 627. A medida que crecía el prestigio de Mahoma, las tribus vecinas comenzaron a establecer alianzas con él y a aceptar el islam. En el 628 pudo firmar el tratado de al-Hudaibiya con La Meca. Aunque este tratado implicaba una serie de concesiones de su parte, tuvo el efecto de igualar el rango de su comunidad con el de La Meca. En el 630 consiguió hacerse con el control de La Meca casi sin oposición. Los habitantes de la ciudad que se le habían enfrentado en otra época aceptaron el islam. La Kaaba, que ya se había convertido en elemento central de las ideas del islam, fue al fin abierta a los musulmanes.

Tras la conquista de La Meca, el prestigio y la autoridad de Mahoma siguieron expandiéndose por toda la península Arábiga, y las fuerzas musulmanas llegaron al sur de Siria. En el 632, Mahoma viajó por última vez desde La Meca a Medina para realizar las ceremonias del peregrinaje (hach). Este episodio se denomina Peregrinaje de Despedida, ya que poco después, tras regresar a Medina, falleció. Fue sepultado en su casa de Medina, y la segunda mezquita en importancia del islam se construyó en las inmediaciones de su tumba.