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| 3. | Dirigibles famosos |
Los primeros viajes aéreos comerciales con pasaje fueron realizados por los zepelines Deutschland y Sachesen en 1913. Al comenzar la I Guerra Mundial, en Alemania se utilizaban diez zepelines y se construyeron más para usos militares. En 1918 el número total de zepelines construidos era de 67, de los que sólo 16 sobrevivieron a la guerra. Los que no fueron capturados se rindieron a los aliados según las condiciones del Tratado de Versalles de 1919. Al estallar la guerra, Francia tenía una flota de dirigibles semirrígidos desarrollados por los oficiales del Ejército francés. Pero la guerra puso de manifiesto la vulnerabilidad de los dirigibles al ataque de los aviones y ello provocó el abandono de estos aparatos en misiones militares ofensivas. Los dirigibles no rígidos se utilizaron para la observación aérea, para patrullar costas, como escoltas y para localizar los submarinos enemigos y minas por su capacidad para sobrevolar un punto determinado y permanecer en el aire más tiempo que el avión.
Antes de la I Guerra Mundial, Gran Bretaña había experimentado con grandes dirigibles y había empleado muchos más pequeños durante la guerra. Al concluir ésta inició el desarrollo intensivo de dirigibles rígidos, estimulada por la perspectiva de que pronto dispondría de helio, gas no inflamable, en cantidad suficiente para inflar grandes naves. El R34, con una longitud de 196 m y una capacidad para gas de 56,1 millones de litros, fue construido en 1919. Hizo el primer vuelo transatlántico cubriendo una distancia total (viaje de ida y vuelta) de unos 11.200 km, en un tiempo de 183 horas y 15 minutos. En 1921 se terminó el R38, una cuarta parte más grande que el R34. Ambos se perdieron aquel mismo año. Pero otros aparatos, incluido el R33 de gran éxito, siguieron volando algunos años más.
En 1921 el gobierno de Estados Unidos adquirió un gran dirigible semirrígido llamado Roma. Tenía una longitud de 125 m, una capacidad de 34 millones de litros y estaba impulsado por seis motores de doce cilindros con una potencia de 298 kW (400 CV). Esta nave se perdió en 1922 y al año siguiente la Marina de Estados Unidos encargó el Shenandoah, en un principio llamado ZR1, el primer zepelín de construcción totalmente estadounidense y el primero de su clase inflado con helio. Su longitud era de 206 m y tenía una capacidad de 59,9 millones de litros. Durante los dos años siguientes realizó viajes muy largos, pero en septiembre de 1925 quedó destruido por una tormenta de viento, en la que además murieron catorce miembros de la tripulación. Los 29 supervivientes salvaron la vida por haberse empleado helio no inflamable para hinchar el dirigible.
En 1924 la Marina recibió el ZR3, al que luego dio el nombre de Los Angeles. Fue construido por los talleres Zeppelin de Alemania como parte del pago de las compensaciones de guerra. Este dirigible tenía 198 m de largo y una capacidad para 70 millones de litros de gas. La góndola de control tenía también cabida para treinta pasajeros y tenía camas similares a las de un vagón ferrocarril. El dirigible Los Angeles hizo unos 250 vuelos, incluidos viajes a Puerto Rico y Panamá. Dejó de prestar sus servicios en 1932.
En 1926 el dirigible italiano Norge, un aparato semirrígido con una capacidad de 18,4 millones de litros, voló desde Spitsberg, Noruega, pasando por el polo norte hasta Teller, Alaska, donde fue desmantelado. Dos años más tarde se intentó otro vuelo polar en un aparato similar, el Italia, pero tras sobrevolar el polo sufrió un accidente en el viaje de vuelta en el que perdieron la vida ocho personas.
La fábrica alemana de zepelines produjo en 1928 el Graf Zeppelin, con una longitud de 235 m y una capacidad de 105 millones de litros. Voló más de 1.600.000 km en sus nueve años de funcionamiento y cruzó el océano Atlántico hacia América del Norte o del Sur en 139 ocasiones, además de dar la vuelta al mundo con escalas en Tokio, Los Ángeles y Lakehurst, Nueva Jersey.
En aquella época, los británicos reanudaron la construcción de dirigibles rígidos y lanzaron el R100 y el R101 en 1929. Con una longitud respectivamente de 215 m y 221 m, estos dirigibles tenían cada uno una capacidad para gas de 140 millones de litros. El R101, que presentaba varias características nuevas, estaba impulsado por cinco motores diesel de 485 kW (650 CV) y en su estructura tenía instalaciones de comedor, camas y atracciones para cien personas. En octubre de 1930, en un vuelo a la India, se estrelló durante una violenta tormenta en una colina próxima a Beauvais, Francia, y quedó destruido por el fuego: murieron 46 pasajeros y toda la tripulación. El R100, que el mes de agosto anterior había hecho un viaje de ida y vuelta a Montreal, se redujo a chatarra después de la pérdida del R101, y el gobierno británico abandonó la construcción de toda clase de dirigibles.
El famoso Hindenburg alemán tenía una longitud de 245 m y una capacidad de 190 millones de litros de gas. Tras hacer diez travesías transatlánticas en servicio comercial normal durante 1936, lo destruyó el fuego en 1937 cuando iba a aterrizar en Lakehurst, Nueva Jersey: murieron 36 de sus 92 pasajeros y la tripulación.
Desde la destrucción del Hindenburg, la construcción de dirigibles se ha limitado al tipo no rígido. En 1938 todos los dirigibles no rígidos de pequeño tamaño que había en Estados Unidos quedaron bajo jurisdicción de la Marina; tenían su centro de operaciones en la estación aérea naval de Lakehurst. Durante la II Guerra Mundial, este tipo de dirigibles se destinó a patrullas, reconocimientos, escoltas y misiones antisubmarinos.
Después de la II Guerra Mundial, la Marina de Estados Unidos siguió desarrollando el dirigible para la guerra antisubmarinos y misiones de exploración y vigilancia. El tipo de dirigible naval más grande, el ZPG-2, tenía 99 m y una capacidad para 24,8 millones de litros de helio. Un dirigible de este tipo podía permanecer en vuelo sin repostar más de 200 horas. La Marina de Estados Unidos dejó de utilizar dirigibles en 1961, pero a finales de la década de 1980 renació el interés militar por los dirigibles y varios países empezaron a estudiar la viabilidad de emplearlos para guerra de alerta previa y electrónica, así como para guerra antisubmarinos. Ciertos países también mostraron el mismo interés por los dirigibles para la aviación civil y la publicidad.