Epístolas de san Pedro
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Epístolas de san Pedro
2. Primera epístola

La primera epístola dice ser de “Pedro, apóstol de Jesucristo” (1 Pe. 1,1), un “testigo de los sufrimientos de Cristo” (1 Pe. 5,1) y “por medio de Silvano... hermano fiel” (1 Pe. 5,12). Está escrita en un excelente griego, refleja el conocimiento de ciertas epístolas de san Pablo, y cita con precisión la Septuaginta griega, en lugar del texto hebreo del Antiguo Testamento. Son éstas las razones por las que muchos especialistas se muestran reacios a creer que Pedro, un pescador palestino, pudiera haberla escrito. Afirman que fue redactada por algún cristiano romano, el cual, siguiendo el muy difundido y antiguo recurso literario de atribuir seudónimamente nuevas obras a figuras veneradas del pasado, otorgó la autoría de ésta a san Pedro. Los estudiosos que prefieren creer que realmente fue san Pedro quien la escribió sostienen que Silvano, un compañero de viaje de san Pablo, redactaría la epístola para el apóstol. Si su autor fue efectivamente san Pedro (ya fuera de su puño y letra o “por medio de Silvano”), es probable que date de entre los años 64 y 65 d.C., o inmediatamente después del comienzo de las persecuciones contra los cristianos en Roma, bajo el emperador Nerón. En caso de que fuese obra de autor desconocido, entonces la persecución a la que hacen referencia los versículos 4,12-19 y 5,9 sería posiblemente la que se produjo bajo el emperador Tito Flavio Domiciano entre el 81 y el 96 d.C.; en tal caso, la epístola dataría aproximadamente del 96 d.C. Suele creerse que su lugar de redacción fue Roma, sobre todo por la frase “os saluda la que está en Babilonia” (1 Pe. 5,13), donde “Babilonia” alude a un nombre apocalíptico de Roma. No obstante, algunos especialistas han propuesto que la epístola realmente fue redactada en la antigua ciudad mesopotámica de Babilonia.

La primera epístola está dirigida a los cristianos recién convertidos al cristianismo para alentarlos a regocijarse y a perseverar en la fe, a pesar de las persecuciones y otras dificultades. Por cuanto “mediante la Resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha reengendrado a una esperanza viva” (1 Pe. 1,3), Pedro exhortaba a sus lectores a vivir de una manera digna “de la gracia que se os procurará mediante la revelación de Jesucristo” (1 Pe. 1,13); es decir, la segunda venida de Cristo. Instaba específicamente a los criados (esclavos) a demostrar obediencia, imitando el ejemplo de Jesús (1 Pe. 2,18-25), exhortando a las mujeres cristianas desposadas con no cristianos a ser “sumisas a vuestros maridos para que, si incluso algunos no creen en la Palabra, sean ganados no por las palabras sino por la conducta de sus mujeres” (1 Pe. 3,1). Todos deben llevar vidas rectas y santas, y no deben temer sufrir la injusticia, porque “también Cristo, para llevarnos a Dios, murió una sola vez por los pecados, el justo por los injustos” (1 Pe. 3,18). Se advierte a quienes desobedezcan, a quienes hagan el mal, a quienes no amen al prójimo, que “el fin de todas las cosas está cercano” (1 Pe. 4,7) y que “ha llegado el tiempo de comenzar el juicio por la casa de Dios” (1 Pe. 4,17).