| Eucaristía | Vista del artículo | ||||
| En el menú Archivo, haz clic en Imprimir para imprimir la información. | |||||
| 3. | Evolución de la doctrina |
La evolución de la doctrina de la eucaristía se centra en dos ideas: presencia y sacrificio. En el Nuevo Testamento no se hace ningún intento para explicar la presencia de Cristo en la eucaristía. Los teólogos de los primeros tiempos de la Iglesia tendieron a aceptar las palabras de Jesús, 'Este es mi cuerpo' y 'Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre', como explicación suficiente de la transformación milagrosa del pan y del vino en el cuerpo y sangre de Cristo, aunque algunas interpretaciones reflejan la influencia de la filosofía platónica en la Iglesia primitiva.
Durante la edad media los filósofos escolásticos, bajo la influencia de Aristóteles, desarrollaron una doctrina más elaborada de la eucaristía. Aristóteles enseñó que las cosas terrenales tienen accidentes (tamaño, forma, color y textura) perceptibles a los sentidos, y la sustancia (su realidad esencial) es conocida por la mente. Según la especulación aristotélica, la sustancia del pan eucarístico es transformada, por el poder de Dios, en el cuerpo de Cristo. Esta idea de la presencia de Cristo, llamada transubstanciación, fue desarrollada en el siglo XIII por el teólogo italiano santo Tomás de Aquino. Ha sido la enseñanza de la Iglesia católica apostólica romana desde la edad media, aunque el Concilio de Trento, que reafirmó la doctrina frente a los reformadores protestantes en el siglo XVI, no incluyó ninguna especulación filosófica en su declaración, afirmando tan sólo que un cambio real acontece en el pan y en el vino.
En el siglo XVI los reformadores protestantes ofrecieron varias interpretaciones alternativas de la celebración eucarística. Martin Lutero habló de la consubstanciación: que Cristo está presente 'en, con y bajo los elementos'. El reformador suizo Ulrico Zuinglio negó cualquier conexión real entre el pan y el vino y el cuerpo y la sangre de Cristo; pensaba que en la celebración de la Última Cena, que recuerda a los fieles las palabras y la obra del Señor, Cristo está con ellos por el poder del Espíritu Santo; consideraba que el pan y el vino recuerdan la Última Cena, pero no se da ningún cambio metafísico en ellos. Juan Calvino afirmó que Cristo está presente tanto en un sentido simbólico como por su poder espiritual, que es impartido por su cuerpo (que está en el cielo) a las almas de los creyentes cuando participan de la eucaristía. Esta postura, que ha sido llamada 'presencia dinámica', está a medio camino entre las doctrinas de Lutero y Zuinglio. La doctrina anglicana afirma la presencia real de Cristo, mas sin especificar el modo.
Algunos teólogos modernos han intentado recuperar el sentido judaico antiguo de rememorar los actos de Dios (anamnesis). Al invocar la presencia de Dios y recordar en su presencia los hechos mediante los cuales los liberó, los fieles viven aquellos hechos como si fueran presentes. Así, de la misma forma que cada generación de israelitas participa año tras año en el éxodo, la marcha por el desierto y la travesía de Canaán, cada generación de cristianos, semana tras semana, participa en la Última Cena, el sufrimiento en la cruz y la resurrección de Cristo.
La doctrina eucarística también tiene que ver con el carácter sacrificial del sacramento (cómo se relaciona la eucaristía con la muerte de Cristo en la cruz). Las Iglesias ortodoxa, católica apostólica romana y anglicana han enseñado por tradición que la eucaristía es un medio a través del cual los creyentes pueden tomar parte en el sacrificio de Cristo y en la nueva alianza con Dios a la que dio origen. En la creencia popular, se interpreta a veces que esta idea significa que cada celebración de la eucaristía es un nuevo sacrifico, en vez de la participación en el sacrificio original de Cristo como enseña la doctrina oficial de la Iglesia. Los protestantes, en general, han dudado en darle una categoría de sacrificio a las celebraciones eucarísticas.