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Ismailíes

Ismailíes, secta musulmana chiita, cuyos adeptos tuvieron su mayor influencia política en el mundo islámico entre los siglos X y XII. A los ismaelíes o ismailíes se les conoce también como septimanos, porque aceptaron una línea de sólo siete imanes, aunque sus descendientes espirituales creen en la actualidad que hubo más. Los primeros ismailíes surgieron de las disputas que se produjeron en el año 765 d.C. a raíz de la sucesión del sexto imán chiita Jafar al Sadiq. Los ismailíes reconocieron el nombramiento realizado por Jafar de Ismael, su hijo mayor, como su sucesor y el que debía ser por lo tanto séptimo imán, incluso aunque Ismael muriera antes que su padre. La mayoría del chiismo, sin embargo, llegó a reconocer otro hijo, Musa o Moisés, como su heredero forzoso. Algunos ismailíes se niegan a aceptar la muerte de Ismael, afirmando que se había hecho invisible (ghayba) pero que regresaría al final de los tiempos como al Mahdi, mientras que otros pensaban que el propio Ismael había designado (antes de su prematura muerte) a su hijo Mahoma como su sucesor. Poco más se sabe sobre estos primeros ismailíes. Durante el siglo posterior, parece que esta comunidad llegó a desarrollar un sofisticado conjunto de sistemas teológicos y creencias que provocaron la escisión en otros grupos, algunos de los cuales —como los qaramitas— mantuvieron la creencia de que el último imán era invisible, mientras otros —como los fatimíes— renunciaron a las primitivas ideas del movimiento y reconocieron a diversos pretendientes rivales como descendientes de Ismael y Mahoma, hasta llegar, así, a los imanes actuales.

Los ismailíes han sido considerados en general por otros musulmanes en los márgenes, e incluso fuera, del mundo islámico. Fueron perseguidos con dureza por los suníes, y sometidos a un permanente estado de sospecha por los chiitas imaníes. Como los sufíes y los chiitas imaníes, sus dirigentes religiosos, los imanes, pueden penetrar en los significados (batin) ocultos del Corán a través de sus interpretaciones (tawil). Aunque dividido en varias sectas, el ismailismo asumió en primer lugar elementos procedentes del gnosticismo y poco después adoptó casi en su totalidad el neoplatonismo como teología propia, un sistema emanacionista que también había sido adoptado por algunos sufíes suníes y filósofos.

A finales del siglo IX se organizó un Estado ismailí por los ya mencionados qaramitas en Bahrein y Omán, y otro en el siglo X por los fatimíes en el norte de África; estos últimos se proclamaron además califas, y de esta forma rivales del califato suní Abasí. Los fatimíes conquistaron Egipto en el año 969, fundaron El Cairo y la mezquita al-Azhar, e implantaron un Estado fuerte en donde floreció la cultura hasta el siglo XII. Un grupo discrepante de los fatimíes, llamados nizaríes, conocidos en Occidente como los hassasí (bebedores de hachís), construyeron una fortaleza (Alamut) en las montañas del norte de Irán y Líbano en el siglo XII y trataron de eliminar a las principales personalidades religiosas, militares y políticas suníes.

Las dos ramificaciones principales de los ismailíes actuales derivan de los fatimíes: los bohras, con sede principal en Bombay, creen que el último imán permanece invisible y aceptan la autoridad del Dai absoluto como delegado suyo. Los khojas son la mayor de todas las sectas ismailíes y ascienden a unos 20 millones de seguidores. Son los descendientes espirituales de los nizaríes de Irán y Líbano, y su línea de imanes llega hasta nuestros días. Su imán es conocido hoy como el Aga Kan.