Isabel I (de Inglaterra)
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Isabel I (de Inglaterra)
3. Su reinado

Una vez resuelta la cuestión religiosa y finalizada por medio de la Paz de Cateau-Cambrésis (1559) la guerra que mantenía con Francia, Inglaterra pudo iniciar su desarrollo económico, el cual aumentó tras el posterior fracaso de la Armada Invencible española. Bajo la dirección de Isabel I, el gobierno comenzó a regular el comercio y la industria nacional. Inglaterra llegó a ser una gran potencia marítima, gracias a la labor de navegantes como Francis Drake y Martin Frobisher. Se comenzó a utilizar un nuevo sistema monetario en 1560, que sustituyó a las monedas de plata que se habían desvalorizado considerablemente durante los tres reinados anteriores. A consecuencia de ello, los precios se estabilizaron y se restableció la confianza en la moneda inglesa. El comercio exterior, fomentado por el gobierno, se desarrolló siguiendo criterios capitalistas. La Bolsa Real de Londres fue inaugurada en 1566, y la Compañía Británica de las Indias Orientales constituida en 1600. Detrás de todas estas actividades se encontraba la figura de Isabel I.

Desde el principio de su reinado, el estado civil de Isabel fue objeto de preocupación política, dado que su soltería no permitía facilitar herederos al trono. El Parlamento le rogaba con insistencia que se casara, pero ella alegó su intención de permanecer soltera. Su declaración no le impidió jugar de forma constante con la idea del matrimonio. Fue acosada por pretendientes monárquicos, a los que ella entregaba su favor sólo cuando le interesaba políticamente. Sin embargo, otorgó su afecto a una sucesión de favoritos, entre los que destacan Robert Dudley, conde de Leicester, el aventurero y escritor Walter Raleigh y Robert Devereux, segundo conde de Essex.

El principal problema político de Isabel I fue su prima católica, la reina escocesa María I Estuardo. En 1568, María solicitó refugio en Inglaterra tras ser derrotadas sus tropas por las de su hermanastro, Jacobo Estuardo, conde de Moray. La reina inglesa encarceló inmediatamente a María, porque los monarcas católicos de Europa y sus propios súbditos católicos consideraban que Isabel no estaba legitimada para ostentar el trono y creían que María era la legítima reina de Inglaterra. Isabel pensó que María era el centro de la conspiración, por lo que la mantuvo en cautividad durante años, provocando muchas intrigas entre los católicos ingleses que querían su liberación. Después de que en 1586 Walsingham, por entonces secretario de Estado, descubriera una conspiración para asesinar a Isabel y entronizar a María en su lugar, la reina inglesa accedió con disgusto a que María I Estuardo fuera decapitada en 1587.

La ejecución de quien fuera reina de Escocia tuvo graves consecuencias. El rey español Felipe II, viudo de María I Tudor, se había visto afectado, durante años, por los ataques de corsarios ingleses a sus posesiones coloniales. Debido a su profundo catolicismo, la muerte de María I Estuardo proporcionó al monarca hispano un motivo más para continuar la guerra con Inglaterra, que había dado comienzo en 1585, al tiempo que en Francia se recrudecían las guerras de Religión y España mantenía la llamada guerra de los Países Bajos. Felipe II envió una flota para invadir la islas Británicas en 1588. Sin embargo, la Armada Invencible, nombre con el que reconoce la historiografía a dicho conjunto de navíos, sufrió una gran derrota ese mismo año, e Inglaterra pasó a ocupar el lugar de España como potencia marítima. Además, con la derrota de la España católica, Inglaterra favoreció que el protestantismo fuera una importante fuerza política internacional.