| Felipe III | Vista del artículo | ||||
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| 2. | Política interior |
Durante su reinado, que dio comienzo el 13 de septiembre de 1598 (el día del fallecimiento de su padre), el sistema de gobierno siguió siendo el utilizado por los primeros reyes pertenecientes a la Casa de Austria (denominación historiográfica de la rama española de la Casa de Habsburgo), es decir, recurrió a una serie de consejos especializados por materias y por divisiones territoriales, con el Consejo de Estado a la cabeza, que fue reorganizado en el año 1600 con un mayor protagonismo en la política general. Pero las dificultades para coordinar este sistema, unidas a la escasa capacidad del monarca, llevaron a la sustitución del gobierno personal por el del poder delegado en un valido, o favorito, sin título específico.
Desde 1598 gobernó como valido Francisco de Sandoval y Rojas, duque de Lerma, amigo personal del Rey, de quien al parecer recibió ya en los primeros momentos autorización verbal para firmar en su nombre. De esta forma, el duque de Lerma pasó a controlar todos los órganos de la administración: ejerció de enlace entre el Consejo de Estado y los demás consejos de la Monarquía Hispánica, y fue quien adoptó las decisiones ejecutivas. Además, el monopolio en el reparto de gracias y mercedes permitió a Lerma formar una poderosa facción política. Precisamente el intento de incrementar esta influencia y de escapar a las críticas que se lanzaban en Madrid contra su privanza, explica el irresponsable traslado entre 1600 y 1606 de la corte, y por tanto la capitalidad de la Monarquía Hispánica, a Valladolid.
Tampoco resultó acertado el decreto de expulsión de los moriscos firmado en abril de 1609 (el 4% de la población), cuando ya no constituían tema de preocupación. El duque de Lerma alegó razones de seguridad para lo que era en realidad un problema de falta de integración.
El deterioro de la situación política y la crisis económica, con una imparable inflación, llevaron a Felipe III a sustituir en 1618 a Lerma por el hijo de éste, Cristóbal Gómez de Sandoval y Rojas, duque de Uceda. Se recortó entonces la libertad de acción del nuevo valido en la tramitación de las consultas, con un mayor protagonismo de Baltasar de Zúñiga en los asuntos exteriores, en tanto que el Rey se reservaba el despacho de mercedes.