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Basílica de San Pedro
1. Introducción

Basílica de San Pedro, principal templo de la Iglesia católica, ubicado sobre la colina del Vaticano, en Roma, a la orilla derecha del río Tíber. Forma parte del territorio de la Ciudad del Vaticano. Es la iglesia cristiana de mayores dimensiones y una de las más ricas en valores artísticos y arquitectónicos.

2. Primeros proyectos

En el antiguo emplazamiento de una necrópolis pagana, el emperador Constantino mandó construir hacia el año 320 la primera basílica de San Pedro, un gran recinto de peregrinación elevado en torno al martyrium o pequeño monumento donde la tradición cristiana suponía enterrados los restos del apóstol. Los sucesivos emperadores fueron ampliando el templo constantiniano durante los dos siglos posteriores, añadiendo un atrio de ingreso e incrementando su ornamentación. El papa San Dámaso construyó a finales del siglo IV un baptisterio que completaba el conjunto de edificaciones del entorno, entre las que sobresalía el mausoleo imperial de la dinastía Honoria. Durante la edad media se embelleció con mosaicos y ciclos pictóricos, en parte conservados, y fue ampliado bajo los papados de Eugenio III y Nicolás III.

Concluido definitivamente el segundo Gran Cisma de Occidente (1378-1417), Nicolás V concibió la idea de levantar una prestigiosa sede papal y encargó su proyecto a Leon Battista Alberti, que tras muchos estudios encaminados a idear un gran edificio unitario propuso reconstruir la vieja iglesia. El primer proyecto de restauración se debe a Bernardo Rossellino, que propuso conservar el espacio del templo constantiniano aumentando el ábside y el transepto; de todas sus intervenciones, interrumpidas a la muerte del pontífice, tan sólo se conserva la capilla de Nicolás V, decorada con pinturas al fresco de Fra Angelico.

En lugar de demolerla, los siguientes papas decidieron conservar la antigua basílica y añadirle anexos: Pío II inició las obras de la logia de la Bendición, concluida bajo la tutela de Alejandro VI. Finalmente, el papa Julio II encargó a Donato Bramante el proyecto para un nuevo templo de San Pedro, cuya primera piedra se colocó el 18 de abril del año 1506.

3. El proyecto definitivo

El proyecto bramantesco concebía un edificio de planta centralizada cubierto por una enorme cúpula, acorde con los modelos arquitectónicos del nuevo humanismo renacentista y el ideal recuperado de la antigüedad romana. A la muerte del arquitecto, Rafael le sucedió en la dirección de las obras, pero comenzó a introducir modificaciones al proyecto, entre ellas la transformación en un edificio de planta basilical o cruz latina.

En la construcción de la nueva iglesia intervinieron como arquitectos-jefe, sucesivamente, Baldassare Peruzzi, Antonio Sangallo el Joven y Miguel Ángel, que después de muchos años de dudas y problemas propuso un nuevo proyecto que retomaba la planta centralizada de Bramante pero simplificaba el espacio interior del templo. Las ideas del artista, sin embargo, también fueron modificadas después de su muerte, en 1564, cuando ya se habían concluido el transepto y el tambor bajo la cúpula. Durante este medio siglo de trabajos, la vieja basílica constantiniana seguía abierta al culto (separada de las nuevas obras por un muro) y aún permitía la celebración de las ceremonias religiosas. En los primeros años del siglo XVII las obras de San Pedro, dirigidas primero por Iacopo Barozzi da Vignola, más tarde por Pirro Ligorio y finalmente por Giacomo della Porta y Domenico Fontana (que finalizaron en los años 1588-1589 la cúpula proyectada por Miguel Ángel), sufrieron un cambio fundamental: se abandonó definitivamente la idea de planta centralizada y se retomó la clásica planta basilical añadiendo en el lado oriental tres naves longitudinales proyectadas por Carlo Maderno, autor también de la fachada principal de la iglesia.

Bajo el pontificado de Alejandro VII (1656-1667), Gian Lorenzo Bernini compuso la grandiosa columnata porticada de la plaza elíptica, que magnifica el efecto de la fachada de Maderno y abraza en su centro el famoso obelisco, erigido por voluntad de Sixto V en 1586. También se debe a Bernini el baldaquino de columnas salomónicas sobre el altar mayor de San Pedro y la Scala Regia (Escalera Real, 1663-1666) que sube desde la puerta de bronce a los palacios Vaticanos.

Entre las piezas que se conservan en la basílica se encuentran auténticas obras maestras como la Pietà de Miguel Ángel, la Cátedra de San Pedro de Bernini y los monumentos funerarios de los papas Inocencio III, Urbano VIII y Clemente XIII, obras de Antonio del Pollaiuolo, Bernini y Antonio Canova, respectivamente.