| Basílica de San Pedro | Vista del artículo | ||||
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| 3. | El proyecto definitivo |
El proyecto bramantesco concebía un edificio de planta centralizada cubierto por una enorme cúpula, acorde con los modelos arquitectónicos del nuevo humanismo renacentista y el ideal recuperado de la antigüedad romana. A la muerte del arquitecto, Rafael le sucedió en la dirección de las obras, pero comenzó a introducir modificaciones al proyecto, entre ellas la transformación en un edificio de planta basilical o cruz latina.
En la construcción de la nueva iglesia intervinieron como arquitectos-jefe, sucesivamente, Baldassare Peruzzi, Antonio Sangallo el Joven y Miguel Ángel, que después de muchos años de dudas y problemas propuso un nuevo proyecto que retomaba la planta centralizada de Bramante pero simplificaba el espacio interior del templo. Las ideas del artista, sin embargo, también fueron modificadas después de su muerte, en 1564, cuando ya se habían concluido el transepto y el tambor bajo la cúpula. Durante este medio siglo de trabajos, la vieja basílica constantiniana seguía abierta al culto (separada de las nuevas obras por un muro) y aún permitía la celebración de las ceremonias religiosas. En los primeros años del siglo XVII las obras de San Pedro, dirigidas primero por Iacopo Barozzi da Vignola, más tarde por Pirro Ligorio y finalmente por Giacomo della Porta y Domenico Fontana (que finalizaron en los años 1588-1589 la cúpula proyectada por Miguel Ángel), sufrieron un cambio fundamental: se abandonó definitivamente la idea de planta centralizada y se retomó la clásica planta basilical añadiendo en el lado oriental tres naves longitudinales proyectadas por Carlo Maderno, autor también de la fachada principal de la iglesia.
Bajo el pontificado de Alejandro VII (1656-1667), Gian Lorenzo Bernini compuso la grandiosa columnata porticada de la plaza elíptica, que magnifica el efecto de la fachada de Maderno y abraza en su centro el famoso obelisco, erigido por voluntad de Sixto V en 1586. También se debe a Bernini el baldaquino de columnas salomónicas sobre el altar mayor de San Pedro y la Scala Regia (Escalera Real, 1663-1666) que sube desde la puerta de bronce a los palacios Vaticanos.
Entre las piezas que se conservan en la basílica se encuentran auténticas obras maestras como la Pietà de Miguel Ángel, la Cátedra de San Pedro de Bernini y los monumentos funerarios de los papas Inocencio III, Urbano VIII y Clemente XIII, obras de Antonio del Pollaiuolo, Bernini y Antonio Canova, respectivamente.