Vista de búsqueda Epístola Católica de Santiago

Para buscar una palabra, un nombre o término en este artículo, selecciona la opción de buscar en el explorador web. En Internet Explorer esta opción se encuentra en el menú Edición.

Se buscará la palabra o frase exacta que escribas. Si no encuentras lo que solicitaste, elige otra palabra clave o comprueba la ortografía.

Epístola Católica de Santiago

Epístola Católica de Santiago, libro del Nuevo Testamento, una de las siete epístolas conocidas como Católicas o Universales, debido a que cada una de ellas está dirigida a una Iglesia íntegra en lugar de a un grupo diferenciado. La tradición eclesiástica ha atribuido la epístola al apóstol Santiago, llamado el Menor. Sin embargo, en la actualidad la mayoría de los especialistas bíblicos sostienen que la tradición no está apoyada por evidencias antiguas ni recientes. Algunos se inclinan por creer que el autor fue un cristiano de origen heleno que dominaba el idioma griego, pues según se desprende del texto conocía o había leído algunas de las epístolas de san Pablo y san Pedro; los indicios apuntan que las escribió a finales del siglo I d.C. Sin embargo, otros estudiosos sostienen que el autor fue un cristiano judío y disienten en lo tocante a la fecha de su redacción (entre el 70 y el 132).

Santiago es una variada colección de instrucciones y exhortaciones morales, de estilo similar, por ejemplo, al Eclesiástico y a la literatura sapiencial apócrifa judía. Las principales materias que se abordan en la epístola se refieren a la aplicación del cristianismo en el ámbito de la existencia cotidiana. Los creyentes deben buscar y preferir la 'paciencia', 'la sabiduría que viene de lo alto', la humildad y 'la oración de la fe' (5,15), porque de las grandes riquezas, de la intemperancia en el hablar y de la 'amarga envidia y espíritu de contienda' (3,14) siempre se desprenden corrupciones del alma. Los cristianos de fe inquebrantable deben resistirse a las más grandes tentaciones. Sin embargo, la fe en sí misma no es una salvaguardia en la vida diaria, porque 'la fe, si no tiene obras, está realmente muerta' (2,17). Además, los cristianos deben demostrar su fe practicando buenas obras.

Aunque la epístola de Santiago fue reconocida como texto canónico ya en el siglo II, entonces —o quizá más tarde— no todos aceptaron esta decisión sin manifestar sus reservas. Martín Lutero, por mencionar a uno de los opositores más encarnizados, objetó con energía contra el libro. Consideraba que partes del mismo se contradecían con las enseñanzas de san Pablo, y llegó a tildarla de 'epístola de paja'. Sin embargo, en los últimos años Santiago ha sido aceptado en general de forma más favorable.