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Causalidad
1. Introducción

Causalidad, en la filosofía occidental, designa la relación entre una causa y su efecto. El gran filósofo griego Aristóteles enumeró cuatro tipos de causas diferentes: la material, la formal, la eficiente y la final. La causa material es aquella de la que está hecha cualquier cosa, por ejemplo, el cobre o el mármol es la causa material de una estatua. La causa formal es la forma, el tipo o modelo según el cual algo está hecho; así, el estilo de la arquitectura será la causa formal de una casa. La causa eficiente es el poder inmediato activo para producir el trabajo, por ejemplo la energía manual de los trabajadores. La causa final es el objeto o el motivo por el cual el trabajo se hace, es decir, el placer del propietario. Los principios que Aristóteles perfiló forman la base del concepto científico moderno de que estímulos específicos producen resultados modélicos y generalizados bajo condiciones sometidas a control. Otros filósofos griegos, de forma relevante el escéptico del siglo II Sexto Empírico, criticaron los principios de causalidad.

2. Nociones enfrentadas

En los inicios de la filosofía moderna, las leyes de la causalidad establecidas por Aristóteles fueron una vez más puestas en tela de juicio. El filósofo francés y matemático René Descartes y sus discípulos pensaron que una causa puede contener las cualidades del efecto o el poder para producir el efecto. Los científicos físicos de los siglos XVII y XVIII tuvieron a menudo una idea mecanicista de la causalidad, reduciendo la causa a una acción o cambio seguido por otro movimiento o cambio, con una paridad matemática entre medidas del movimiento. El filósofo británico David Hume llevó a una conclusión lógica el juicio de Sixto Empírico según el cual la causalidad no es una relación real, sino una ficción de la mente o, desde una perspectiva más general, de los sentidos. Para explicar el origen de esta ficción Hume recurrió a la doctrina de la asociación.

La explicación de Hume de la causa condujo al filósofo alemán Immanuel Kant a situar la causa como una categoría fundamental del entendimiento. Kant mantenía que el único mundo objetivo cognoscible es el producto de una actividad sintética del entendimiento, de la razón. Aceptó la conclusión escéptica de Hume en lo que se refiere al mundo físico. Sin embargo, insatisfecho con la idea de que la experiencia sólo es una sucesión de percepciones sin ninguna relación por descubrir o coherencia, Kant decidió que la causalidad es uno de los principios de coherencia que se obtienen en el mundo de los fenómenos, y que está presente en un orden universal porque el pensamiento es un elemento del mundo de los fenómenos y sitúa a la causalidad como parte de él.

El filósofo británico John Stuart Mill retomó el problema en este punto. Rechazó el postulado fundamental o principio del trascendentalismo de Kant, es decir, que el pensamiento es responsable del orden del mundo. Mill buscaba justificar la creencia en la causalidad universal sobre principios empiristas; una proposición es significativa cuando describe aquello que puede ser objeto de la experiencia.

3. Tendencias modernas

En paralelo al método empirista como fuente de todo conocimiento, se plantea una definición que ha alcanzado hoy una gran aceptación. La causa de cualquier efecto es consecuencia de un precedente sin el cual el efecto en cuestión nunca se hubiera producido. Esta es una idea mecanicista de la causalidad, muy popular en círculos científicos. Todos los acontecimientos previos completarían la causa completa.

Muchos filósofos niegan la última realidad, o por lo menos la validez fundamental, de la relación causal. Así, el filósofo estadounidense Josiah Royce mantenía que la categoría de un orden serial, del que la categoría de causa es un caso específico, está en sí misma subordinada a la categoría última de propósito. El filósofo francés Henri Bergson afirmaba que la realidad última o la vida no está ligada por secuencias causales exactas. Es un proceso de crecimiento en el que lo imprevisible, y por lo tanto lo no causado, acontece con gran frecuencia. En el tiempo real no ocurren repeticiones exactas, y donde no hay repetición no hay causa, ya que la causa significa que lo que antecede se reitera subordinado por la misma consecuencia.