Tundra
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Tundra
4. Vida animal

Las especies salvajes que viven próximas al polo norte son las mismas o muy parecidas en todo el mundo. Al mismo tiempo, la dureza de este difícil ambiente limita la variedad de vida animal que aparece. Los grandes rumiantes más habituales agrupan al buey almizclero, al caribú y al reno, que se alimentan de hierbas como las juncias, líquenes y sauces. La liebre ártica o conejo de las nieves y el lemming se alimentan también de especies herbáceas. Como depredadores aparecen el lobo, el zorro ártico y el búho de las nieves. También se ven osos polares y, en ocasiones, osos pardos. Durante el verano, muchas aves anidan entre los matorrales de la tundra y se desplazan hacia climas más cálidos antes de que llegue el invierno. Los invertebrados no son habituales, a excepción de ciertos insectos como la mosca y el mosquito. Entre los animales de montaña destacan el rebeco blanco, el muflón de las Rocosas, la liebre silvadora, la marmota y la perdiz nival. Aunque en este hábitat no abundan las moscas, sí las mariposas, escarabajos y saltamontes.

El ecosistema de la tundra es muy sensible a cualquier alteración y su capacidad de recuperarse muy limitada. La destrucción de su cubierta vegetal provoca que el permafrost del suelo se descongele y sature de agua el terreno con la consiguiente pérdida de suelos. La vida animal es particularmente sensible a la destrucción de su entorno, viéndose afectada directamente por la caza excesiva, que puede conducir a la extinción de cualquier especie animal o vegetal de esta frágil e interdependiente comunidad biológica.