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Objeto |
El principal objeto de las epístolas Pastorales fue proporcionar instrucciones para la organización y administración de la iglesia cristiana, así como combatir las herejías que amenazaban destruirla mediante el desorden doctrinal y moral (1 Tim. 4,1-6,2; Tit. 1,5-16; 3,8-12). La necesidad de una organización administrativa y de una modificación doctrinal surgió, en parte, del cambio de expectativas: los cristianos del periodo apostólico creían que la Parusía, o Segunda Venida de Cristo, era inminente. Se mostraban indiferentes y hostiles hacia las cuestiones mundanas, porque no esperaban que sus existencias en este mundo fueran a prolongarse durante mucho tiempo. Sin embargo, a finales del siglo I, los cristianos debieron darse cuenta de que, como la Parusía no se había producido, debía cambiar la manera en que su iglesia consideraba su probablemente más prolongada permanencia en este mundo. Además, el número de cristianos había crecido, llegando a ser identificados por la sociedad y por el Estado como un movimiento religioso separado completamente de los judíos, como consecuencia de lo cual se habían incrementado la oposición pública y la persecución del estado. A la sazón se formulaban numerosas doctrinas cristianas y no se habían determinado las categorías de ortodoxia o de herejía. Por consiguiente, era necesario identificar y salvaguardar las auténticas enseñanzas de la Iglesia, en especial frente a las interpretaciones falsas y a las especulaciones de los primeros gnósticos.
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