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Indra, en el mito védico, dios de la atmósfera, las tormentas, la lluvia y la batalla. Indra es el dios védico más celebrado (están dedicados a él más de 250 himnos de los Veda). Las leyendas antiguas lo presentan como el enemigo más temido de varios poderes demoníacos que impiden que la lluvia y el rocío fructifiquen la tierra; el primero de estos seres diabólicos es el demonio Vritra, que aprisiona las aguas antes de que Indra lo mate.
En el hinduismo posterior, Indra está subordinado a los dioses Brahma, Siva y Visnú. Se representa como penitente por haber matado a Vritra, un brahmán; algo torpe de ingenio (es lento para comprender la doctrina de Brahma); y a menudo desconcertado por dioses y héroes más populares y más recientes. Sus debilidades como jefe, según los Purana, fueron la excesiva indulgencia para con sus apetitos sensuales y el exagerado consumo de una embriagadora bebida divina conocida como soma. Algunas leyendas antiguas dicen que Indra gobernó Svarga, una parte del paraíso indio. (Indra enviaba ocasionalmente desde Svarga las apsaras, o ninfas celestiales, para que danzaran seductoramente delante de los hombres que él consideraba demasiado ascéticos).
Indra aparece retratado en el arte indio en tonos dorados o rojos. Normalmente lo acompañan numerosos acólitos divinos, a veces junto a su perro Sarma. Cuando no viaja caminando, monta en su elefante celestial Airavata o en un caballo blanco. Se le representa a menudo con cuatro armas: una mano sostiene un rayo (su arma principal), una segunda blande una lanza, una tercera sostiene un carcaj con flechas, y la cuarta sostiene una red de ilusiones y un gancho para atrapar y retener a sus enemigos. El arco de Indra es el arco iris.