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Heraclio I (c. 575-641), emperador bizantino (610-641). Hijo del exarca (gobernador) de Cartago, Heraclio obtuvo el trono imperial después de derrocar en el 610 al emperador Focas. Al inicio de su reinado, el Imperio fue invadido por los ávaros y por los persas. En el 622 lanzó un gran contraataque contra los persas, a los que expulsó de Asia Menor, Egipto y Siria tras derrotarles en Isos. Asimismo golpeó hacia el 628 en el corazón del Imperio persa, gobernado por los Sasánidas. En el 630 recuperó la venerada reliquia cristiana de la Vera Cruz, que los persas habían arrebatado, y la devolvió de forma triunfal a Jerusalén. En el oeste, los ávaros fueron obligados a regresar a Europa central.
En el aspecto religioso, intentó, infructuosamente, recuperar a los cristianos monofisitas para la Iglesia bizantina mediante la oferta de un compromiso doctrinal conocido como monotelismo. Se considera que Heraclio I fue quien inició el sistema de los temas, por el que se otorgaba a los comandantes militares (estrategos) la autoridad civil en todas las provincias recientemente reorganizadas. Sus victorias militares (entre las que cabe algún aspecto negativo como el hecho de que en el año 625 el monarca visigodo Suintila expulsara de la península Ibérica a las últimas guarniciones bizantinas) y sus reformas administrativas probablemente fortalecieron al Imperio durante un cierto tiempo, pero las guerras constantes y las disensiones internas de carácter religioso incapacitaron a los bizantinos para resistir la nueva amenaza islámica proveniente de Arabia. Antes de finalizar el reinado de Heraclio I, la expansión del islam llevó a los árabes a conquistar Siria, Palestina y Egipto, y su presión había obligado al Imperio bizantino a abandonar la península de los Balcanes y dejarla en manos de los eslavos.