Prusia
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Prusia
2. Su historia

El pueblo del que se deriva el nombre de Prusia era conocido como prusi o borusi en tiempos remotos. Mantenía lazos de sangre con los lituanos y habitaba la región comprendida entre el río Vístula y los afluentes inferiores del Nemunas (en alemán, Niemen). Los sajones, de origen germánico, llegaron al este de Europa en el siglo X y no consiguieron convertir a los prusianos al cristianismo. En el 997, el obispo de Praga (Bohemia) san Adalberto fue martirizado por su actividad misionera en Prusia. La religión cristiana no se implantó hasta mediados del siglo XIII, cuando la Orden Teutónica se hizo con el país y llevó pobladores alemanes y holandeses a los territorios conquistados; la región había sido completamente sojuzgada a finales de ese siglo, siendo gobernada por los miembros de esta orden como un feudo papal.

Durante la segunda mitad del siglo XIV surgió una fuerte oposición a los alemanes en el este de Europa. Polonia y Lituania se unieron en 1386 en un único reino bajo el reinado de Ladislao II Jagellón y su ejército derrotó a los caballeros teutónicos en 1410 en la batalla de Tannenberg (o de Grunwald). La guerra prosiguió durante cierto tiempo hasta que en 1466 se firmó el Tratado de Toruń, por medio del cual los caballeros teutónicos podían conservar la parte oriental de Prusia, que se mantuvo como un feudo de Polonia; la zona occidental fue cedida a Polonia, y Prusia Oriental se convirtió en un ducado secular gobernado por el último de los grandes maestres de la Orden Teutónica, Alberto de Brandeburgo, un luterano que se autoproclamó duque de Prusia en 1525.

En 1618 el ducado, que todavía era un Estado vasallo de Polonia, pasó a manos de Juan Segismundo, un miembro de la familia Hohenzollern y elector del Sacro Imperio Romano Germánico, con lo que el ducado quedó vinculado al margraviato (condado) de Brandeburgo. El nieto de Juan Segismundo, Federico Guillermo, el Gran Elector, consiguió la independencia del ducado de Prusia respecto del dominio polaco gracias a la Paz de Oliva de 1660. Centralizó la administración y asumió poderes ejecutivos que anteriormente eran ejercidos por la nobleza y la oligarquía urbanas.