| Baptismo | Vista del artículo | ||||
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| 2. | Sus creencias distintivas |
Los baptistas creían en una Iglesia compuesta sólo por personas convertidas o regeneradas, esto es, personas que hayan tenido una experiencia personal en la religión cristiana. El término teológico es “una Iglesia reunida”. Cada persona se afilia de forma voluntaria, aceptando el arrepentimiento por sus pecados y confirmando la fe en Jesucristo como señor y salvador. Esto va totalmente en contra de la Iglesia estatal, en la que todos los que hayan nacido dentro de un cierto territorio geográfico y reciben los sacramentos, son automáticamente considerados miembros; o una Iglesia en la que todos los niños bautizados son considerados miembros. La práctica baptista de hacer miembros a personas regeneradas los llevó a ser víctimas de más persecuciones que su costumbre de bautizar creyentes por inmersión.
El especial énfasis que ponen los baptistas en el bautismo por inmersión, más que en aquél en el que se derrama el agua sobre la cabeza de la persona, es porque inmersión significa el tener una madurez suficiente como para tomar una decisión de orden religioso. Además implica un total rechazo al bautizo de niños. Los baptistas consideran que los niños no tienen ninguna conciencia de lo que significa el arrepentimiento y la fe. Por tanto, retrasan este sacramento hasta el momento en que la persona pueda tener conciencia real de lo que hace (generalmente durante la adolescencia), y el formar parte de una Iglesia sea una decisión personal y verdaderamente significativa. Además los baptistas afirman que en ninguna parte de la Biblia se habla del bautizo de niños. Utilizan el método por inmersión porque es el que más se asemeja al bautismo de Jesús por Juan Bautista en el río Jordán, y porque representa simbólicamente la muerte, el entierro y la resurrección de Jesús, y se relaciona también con el simbolismo paulista de la “muerte” de lo antiguo o viejo (la naturaleza egoísta) y la “resurrección” de lo nuevo (la persona desinteresada y altruista). Sin embargo, los baptistas no consideran el bautismo como un sacramento a través del cual se reciba alguna gracia especial, sino que más bien constituye la confesión pública de haber recibido una fe. Además del bautismo, los baptistas también celebran la Cena del Señor o comunión; muchas congregaciones lo hacen el primer domingo de cada mes. Interpretan este acto como una experiencia de conmemoración. Ver Eucaristía.
La Biblia, que es interpretada en forma individual por cada persona, es considerada como la autoridad religiosa última en asuntos de fe y de prácticas religiosas, en contra de otras posibles autoridades tales como la tradición, la razón y la experiencia humana. En ocasiones, aunque no con mucha frecuencia, los baptistas han adoptado credos para dar expresión a su fe y ayudar a clarificar sus creencias, aunque jamás han elevado estos escritos a un lugar de igualdad o de superioridad con respecto a las Escrituras. Las interpretaciones personales de la Biblia, en términos teológicos, han dado como resultado el nacimiento de distintos grupos dentro de los baptistas.
Los baptistas siguen la doctrina que separa la Iglesia del Estado, enfatizando así la importancia de la libertad religiosa. Tanto en Inglaterra como en Estados Unidos, los baptistas estaban entre los precursores de las protestas en contra del establecimiento de una Iglesia central o de una unión entre Iglesia y Estado. Esta negativa tenía como base su convicción de que la religión constituye una relación personal entre el alma humana y Dios, relación en la que nadie debía interferir. En los primeros años del siglo XVII, y en la defensa de esta libertad religiosa, los baptistas lideraron la fundación (en lo que es actualmente Rhode Island) del primer gobierno civil en el mundo basado en la separación entre Iglesia y Estado (véase Iglesia y Estado). A pesar de que los baptistas siempre han estado en contra de ataduras oficiales entre el Estado y cualquier organización religiosa, sienten como su responsabilidad ejercer una influencia moral y espiritual en él.
La clave dentro de las políticas baptistas es su convencimiento de la importancia de la autonomía de las iglesias locales. Cada iglesia elige y ordena a sus propios clérigos, y teóricamente puede también destituirlos. No existe poder eclesiástico ni laico que pueda ejercer mandato alguno sobre congregaciones baptistas. Sin embargo, la mayoría de las iglesias baptistas se han unido de forma voluntaria con otras iglesias baptistas, en asuntos tales como asociaciones, convenciones estatales, sectas nacionales y la Alianza Baptista Mundial, con el propósito de fomentar el compañerismo, la asistencia mutua y la defensa de sus objetivos educativos, evangelistas y sus misiones. Los baptistas sostienen que la autonomía de sus iglesias locales ayuda a preservar el espíritu de la democracia, incentiva la participación de los laicos en la Iglesia, y permite ampliar el rango de las expresiones teológicas.
Los baptistas jamás han adoptado un credo universal, aunque a veces sí han adoptado profesiones de fe (Filadelfia, 1742; New Hampshire, 1832). Se han adherido con mayor frecuencia a alianzas con iglesias que no tienen una orientación doctrinal definida, pero que sí establecen normas éticas generales por las que se guían los baptistas.