| Azulejo | Vista del artículo | ||||
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| 3. | Paredes |
Las paredes de azulejos o recubrimientos similares más espectaculares de la antigüedad fueron los murales de ladrillo y azulejo vidriado de brillante colorido de Mesopotamia y Asiria. Los azulejos vidriados chinos se caracterizaban por su decoración en bajorrelieve. Persia se convirtió durante la edad media en el centro de los azulejos islámicos vidriados, con decoración floral y caligráfica. España se hizo famosa por sus azulejos de loza dorada y mayólica. En el siglo XIV en Alemania se fabricaron grandes estufas con azulejos vidriados en verde, pardo y amarillo, que fueron reemplazadas después del 1600 por las estufas con azulejos blancos y azules de Delft. Originarios de los Países Bajos, los azulejos de Delft en azul-y-blanco (de porcelana blanca pintada en azul cobalto bajo cubierta), que se habían puesto de moda a raíz del descubrimiento de la porcelana china, fueron muy apreciados desde mediados del siglo XVII. Más adelante el intenso color cobalto se sustituyó por el púrpura de manganeso.
El azulejo, al que podría considerarse una modalidad de la cerámica, debió en España su impulso a los árabes. Fue en Sevilla donde se inició la producción española de azulejos con los llamados de ‘cuerda seca’, a los que seguirían los de ‘cuenca’ y ‘arista’. En la Alhambra de Granada se conservan azulejerías de esta primera época. Otros centros de floreciente producción fueron Valencia y Cataluña, donde se produjeron los azulejos de dibujos geométricos, de múltiples combinaciones, policromados con infinitas tintas y reflejos metálicos. En Aragón y Toledo, aunque también se notó el influjo árabe, se desarrolló el azulejo con un estilo más propio y peculiar. Las diferencias se notan sobre todo en Talavera de la Reina, ciudad que al estar situada en el centro de la península Ibérica, se vio obligada a modificar su producción. A partir del siglo XVI comienza a proliferar en esta localidad castellana la producción de frisos de azulejos inspirados en temas mitológicos y cotidianos con fines decorativos. Algunos ejemplos de ello son el palacio del Infantado en Guadalajara, el palacio de Sessa en Torrijos, el de Frías en Oropesa y las catedrales de Salamanca, Toledo, Plasencia y Ávila. De España el gusto por los azulejos pasó a Portugal, donde desde el siglo XVII ha tenido un gran desarrollo y se han producido algunas de las azulejerías más notables, tanto por sus dimensiones como por la extraordinaria finura de sus dibujos. En América también se utilizaron los azulejos como elementos decorativos de primer orden, aplicados sobre todo al exterior de los templos en México y Perú.
Los azulejos sin vitrificar se han usado también en la decoración mural desde tiempos antiguos. Los arquitectos actuales pueden elegir entre un amplio abanico de azulejos vidriados y sin vidriar, lisos y con relieve, y es frecuente que encarguen a ceramistas afamados la realización de azulejos hechos a mano para murales. Éste es el caso del español Josep Llorens Artigas, que colaboró con pintores de la talla de Raoul Dufy, Georges Braque y, sobre todo, Joan Miró, en la realización de monumentales murales cerámicos como el del palacio de la Organización de las Naciones Unidas (UNESCO) en París.