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| 1. | Introducción |
Basílica, edificio romano de grandes dimensiones, generalmente construido sobre una planta rectangular, que se transmitió a la arquitectura cristiana. Ésta transformó su planta para convertirla en una cruz latina, y la adoptó como forma habitual para sus templos. La tradición la ha consolidado como arquetipo para la construcción de las iglesias cristianas más destacadas, como la basílica de San Pedro en Roma.
| 2. | Basílicas imperiales |
En la antigua Roma la basílica era un espacio que se empleaba para la administración de justicia o como edificio comercial. Su estructura consistía en un gran espacio cubierto al que se entraba por un pórtico situado en el lateral o en uno de los extremos. Este espacio se organizaba en torno a una nave central más ancha, flanqueada por dos naves laterales separadas mediante filas de columnas. La altura de la nave central sobrepasaba a la de las naves laterales, permitiendo así la colocación en la parte alta del muro de una serie de claraboyas que iluminaran el interior. En el extremo opuesto al pórtico solía aparecer un estrado sobre el que se colocaba el altar, y más atrás una exedra semicircular donde se sentaban los oficiantes.
La planta de la basílica sufrió numerosas modificaciones. Algunas basílicas tienen cinco naves (es decir, cuatro laterales), como la basílica Ulpia construida por Trajano (98-112), que además contaba con galerías sobre las naves laterales y ábsides en cada extremo. Otras no presentaban galería, o su planta era casi cuadrada. La mayoría se cubrían con estructuras planas o a dos aguas de madera, excepto la basílica de Constantino (o de Majencio, 310-313), que estaba cubierta mediante bóvedas de arista (véase Arco y bóveda: bóveda).
| 3. | Basílicas paleocristianas |
En el siglo IV la religión cristiana se convierte en la religión oficial del Imperio. A partir de este momento se comienzan a construir templos siguiendo la tipología basilical, como el de Santa María la Mayor en Roma (432). Muchas de estas iglesias incorporan a la entrada un atrio o patio rodeado de columnas, similar al de la domus (vivienda unifamiliar) romana. La iglesia basilical consiste, como su antecesora romana, en un espacio rectangular dividido en naves, normalmente con galerías o matronium sobre las naves laterales. La entrada se produce a través de un pórtico llamado nártex, que no deben traspasar los fieles que no hayan recibido la confirmación. Al fondo de la nave central se sitúa un crucero o transepto que separa las naves destinadas a los fieles del presbyterium, reservado al clero. A continuación se dispone el altar, que contiene la custodia y en ocasiones se enmarca bajo un palio; la silla del obispo, enfrentado a los fieles, acompañado por sus sacerdotes y diáconos; y por último el ábside, que enmarca el conjunto ceremonial y suele estar cubierto por una bóveda de horno. En ocasiones también aparece un coro reservado al clero regular, situado en la zona del presbiterio, entre las naves y el altar.