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Arte y arquitectura de Estados Unidos
1. Introducción

Arte y arquitectura de Estados Unidos, conjunto de manifestaciones artísticas y arquitectónicas herederas de la tradición cultural europea desarrolladas en Estados Unidos por los primeros colonos y sus sucesores desde principios del siglo XVII hasta la actualidad.

Como nueva nación, Estados Unidos experimentó una profunda influencia de los estilos artísticos y arquitectónicos que habían florecido en Europa. En el transcurso del siglo XIX, no obstante, el país desarrolló unos rasgos distintivos alejados de los modelos europeos. Más tarde, a finales del siglo XIX en arquitectura y a mediados del siglo XX en pintura y escultura, los maestros y escuelas artísticas estadounidenses iban a ejercer una decisiva influencia sobre el arte y la arquitectura mundiales. Este periodo coincide con la creciente supremacía económica y política en el ámbito internacional y pone de manifiesto la prosperidad del país.

Debido a la gran extensión geográfica del país, dentro de una línea básica de evolución artística se generaron diferencias estilísticas. Las regiones colonizadas por los diferentes países europeos reflejan una temprana herencia colonial en sus formas artísticas, sobre todo en arquitectura, aunque en menor medida desde mediados del siglo XIX. Las variaciones climatológicas también determinan distinciones regionales en las tradiciones arquitectónicas. Además, existen diferencias entre el arte urbano y el rural dentro de las distintas regiones: debido a su aislamiento, los artistas rurales se mantuvieron apartados de la influencia de las principales corrientes artísticas y desarrollaron modos de expresión individuales, imaginativos y directos, al margen de las convenciones formales establecidas. Este tipo de arte se engloba en la tradición del arte popular o arte naïf.

Las artes decorativas, en especial la metalistería y el mobiliario, también son una importante forma de expresión artística durante el periodo colonial. La orfebrería, en el siglo XVII, y el mobiliario, en el siglo XVIII, fueron quizá las formas artísticas estadounidenses más significativas y encarnaron las tradiciones más vivas y sofisticadas.

2. La época colonial

El arte y la arquitectura de las colonias angloamericanas revelan las diversas tradiciones nacionales de los colonizadores europeos, aunque adaptadas a los peligros y duras condiciones de un vasto territorio indómito. Las influencias españolas prevalecen en el oeste, mientras que los estilos ingleses, mezclados con los franceses y alemanes, predominan en el este.

En los siglos XVII y XVIII, los colonizadores españoles del actual suroeste estadounidense se encontraron con una tradición constructiva autóctona, en la que el principal material era el adobe, utilizado en combinación con otros materiales adecuados al clima de la región. Las iglesias coloniales españolas en Arizona y Nuevo México, y la cadena de misiones desde San Diego a San Francisco, en California, muestran una fusión en el campo de la arquitectura y el diseño entre las tradiciones indígenas americanas y las tradiciones cristianas. En Nuevo México, los indios pueblo aplicaron su tradición del adobe al estilo colonial para crear de este modo la más notable y genuina forma de la primera arquitectura de una región que se convertiría en parte de Estados Unidos. En otras áreas, los estilos autóctonos no iban a ejercer una influencia duradera en el arte y la arquitectura coloniales.

La historia de la arquitectura en el resto de Estados Unidos corre paralela al desarrollo de la europea, particularmente de la inglesa, cuyos estilos fueron adoptados en Estados Unidos después de cierto tiempo.

Del mismo modo que la arquitectura, la pintura colonial del siglo XVII recuerda los estilos ingleses que se habían implantado en las áreas rurales ocupadas por los colonos al menos un siglo antes. Las primeras pinturas, todas retratos, se realizaron en Nueva Inglaterra y datan de la década de 1660, una generación posterior a la fundación de la colonia. La pintura y la decoración religiosas se desarrollaron en el suroeste durante este siglo.

En la costa este, las únicas manifestaciones escultóricas que se conservan de este periodo surgieron subordinadas a las artes decorativas, como la ebanistería y la metalistería en hierro y plata.

3. El siglo XVIII

A comienzos del siglo XVIII, las colonias empezaron a adquirir un carácter más definido; a medida que se iban superando las dificultades y se incrementaban el comercio y la producción, comenzaron a surgir prósperas ciudades. Algunas recién fundadas, como Williamsburg, en Virginia, Annapolis, en Maryland, y especialmente Filadelfia, en Pennsylvania, se planificaron siguiendo proyectos regulares y geométricos, trazados a cordel, con calles que se cruzan en ángulo recto y plazas públicas. En contraste, las ciudades fundadas en el siglo XVII, como es el caso de Boston, no siguieron un planeamiento preconcebido y racional, legando a nuestros días ese trazado caótico.

Los arquitectos empezaron a imitar los estilos en boga en Europa, siguiendo las corrientes inglesas contemporáneas en los edificios más ambiciosos. Las casas de campo construidas hacia mediados de siglo adoptaron un estilo inspirado en el arquitecto italiano del renacimiento Andrea Palladio que gozaba de gran éxito en Gran Bretaña; suelen ser edificios de dos o tres plantas dominadas por un pórtico central, con las principales dependencias en el segundo piso. A su vez, los edificios públicos también se hicieron eco del palladianismo inglés, como es el caso del hospital de Pennsylvania (comenzado en 1754) en Filadelfia.

La escuela de pintura más activa fue la del valle del río Hudson, donde los terratenientes o patronos demandaban retratos para sus casas señoriales de estilo germánico. En esta zona, artistas de segundo orden produjeron obras relativamente convencionales, con poco dominio del modelado. Las composiciones, y los fondos estaban basados en los grabados ingleses.

Conforme el siglo avanzaba, llegaban a las colonias artistas con un mayor bagaje técnico, como John Smibert o el famoso retratista Godfrey Kneller, entre otros.

En torno a 1750, el ritmo de la actividad artística había mejorado considerablemente, con un mayor número de artistas que en épocas anteriores. El principal sucesor de Smibert en Nueva Inglaterra llegó de la mano del talento retratístico del nativo Robert Feke, cuyo elevado sentido de la línea y de la composición se distanciaba de las voluminosas maneras de Smibert.

Benjamin West y John Singleton Copley, los dos principales artistas de renombre internacional, alcanzaron la fama poco después de mediados del siglo. Formado en Filadelfia, West marchó a Italia a fines de 1759, y, más tarde, a Inglaterra, donde llegó a convertirse en uno de los máximos exponentes del neoclasicismo inglés y en presidente de la Royal Academy of Arts de Londres. A su estudio en esta ciudad acudió toda una generación de estudiantes estadounidenses de arte, entre ellos el retratista Gilbert Stuart. Copley condujo el retratismo colonial a nuevos niveles de realismo y profundidad psicológica; sus obras maestras, realizadas en las colonias, reflejan una gran maestría en la reproducción de la luz y las texturas. Su trabajo durante la década anterior a su marcha a Inglaterra en 1774 representa la cumbre del periodo colonial.

4. La nueva nación: 1776-1865

Los conflictos sociales y económicos que trajo consigo la guerra de la Independencia supusieron una interrupción en la actividad constructora. La pintura también languideció. Los encargos del Congreso Continental recayeron en Charles Willson Peale, creador de los primeros retratos monumentales de George Washington.

Entre 1785 y 1810 se produjo un resurgimiento en el arte y la arquitectura y nació un nuevo estilo nacional. En la década de 1790 la prosperidad de ciudades como Boston y Salem, en Massachusetts, Nueva York, Baltimore, en Maryland, y Savannah, en Georgia, desencadenó una importante actividad constructora en un distintivo estilo federal, que expresaba la aceptación del neoclasicismo del arquitecto británico Robert Adam. Las amplias superficies lisas, las sencillas columnas, los refinados detalles clásicos característicos del estilo federal tienen su máxima representación en las viviendas decoradas con estuco de Savannah, así como en la casa Richardson-Owens-Thomas (1817-1819).

Los dirigentes de la nación asociaban a la joven república con las grandes repúblicas del mundo antiguo. Thomas Jefferson defendió la introducción del estilo neoclásico más avanzado en las colonias, como puede observarse en el diseño de su residencia, Monticello (1770-1775). También determinó que el Capitolio del nuevo Estado en Richmond, Virginia, se inspirara en las formas de la Maison Carré de Nimes. El neoclasicismo, basado en primer lugar en los prototipos romanos y en segundo lugar en el estilo formulado por Adam y el arquitecto inglés John Soane, se convirtió en el estilo oficial de la reciente nación, e inundó la nueva ciudad de Washington. Benjamin Latrobe, nacido y formado en Inglaterra, realizó los edificios neoclásicos más brillantes de Estados Unidos, como por ejemplo la catedral de Baltimore (1806-1818).

El neogriego sucedió al neoclásico, reflejo del gusto por las formas más pesadas del último estilo regencia en Gran Bretaña. Entre los años 1820 y 1850, el neogriego se convirtió en lo que podríamos denominar el estilo nacional. La forma del templo griego, con su escalinata o podio y columnas, fue utilizada en la arquitectura pública y doméstica, como se refleja en las casas de las plantaciones del sur. En torno a 1850, una amplia gama de revivals románticos estaba también en boga, como es el caso del neogótico. La crisis financiera de 1857 y los disturbios de la Guerra Civil estadounidense supusieron el final de esta fase de la arquitectura.

La prosperidad que siguió a la guerra de la Independencia supuso un florecimiento del género del retrato por parte de artistas populares y de otros de segunda fila en Nueva Inglaterra, encabezados por Ralph Earl. Figuras destacadas que regresaron de Inglaterra tras la guerra, se habían formado con Benjamin West en la escuela neoclásica de pintura. Gilbert Stuart fue el más brillante retratista de la generación de posguerra. Entre sus obras más célebres está la imagen del presidente George Washington (1796, Museo de Bellas Artes, Boston). John Trumbull se convirtió en el primer pintor de la historia de la nación; inmortalizó los grandes momentos de la guerra en una serie de pinturas entre las que destacan Declaración de Independencia (1794) y La batalla de Bunker Hill (1789, Galería de Arte de la Universidad de Yale, New Haven, Connecticut).

Un destacado pintor romántico estadounidense fue Washington Allston, quien regresó de Inglaterra en 1808 y realizó pinturas de tema histórico y paisajes de gran fuerza imaginativa.

Hasta 1840 al menos, la pintura continuó dominada por el retratismo romántico. Thomas Sully creó imágenes idealizadas con un rico colorido, de fuertes contrastes, al modo del retratista inglés Thomas Lawrence. Otro prominente retratista romántico fue Samuel Finley Breese Morse, quizá el artista de mayor talento de su generación hasta que decidió dedicarse al desarrollo de la telegrafía eléctrica que lleva su nombre.

En la pintura de género destacan los nombres de William Sidney Mount, quien plasmó la vida cotidiana de los granjeros de Long Island en pinturas como Negociando la venta de un caballo (1835, Historical Society, Nueva York) y George Caleb Bingham, que pintó escenas de la vida de los traficantes de pieles y de los balseros del río Mississippi.

La pintura de paisajes emergió en torno a 1835 como el género más fuerte y original del arte estadounidense y permaneció durante gran parte del siglo XIX. El fundador de la denominada Escuela del río Hudson fue Thomas Cole, que hacia 1823 comenzó a pintar dramáticos paisajes románticos, alejándose del estilo clásico dominante basado en la tradición del siglo XVII del paisajista francés Claudio de Lorena. Su contribución se distingue por la visión personal que ofreció de la reverencial majestad del desierto estadounidense.

Los pintores de la segunda generación de la Escuela del río Hudson trabajaron entre 1850 y 1870 y proporcionaron a sus paisajes el tono del realismo de mediados de siglo. La figura que encabeza esta generación es Frederick Edwin Church, con obras como Las cataratas del Niágara (1857, Galería Corcoran, Washington) y El corazón de los Andes (1859, Museo Metropolitano de Arte, Nueva York). Sus inmensos lienzos gozaron de la aclamación del público y la crítica. El pintor formado en Alemania Albert Bierstadt tuvo un éxito similar con enormes pinturas teatrales de las montañas Rocosas.

La pintura de tema histórico fue también importante entre 1845 y 1860; utilizaba temas inspirados en la guerra de la Independencia, como ejemplifica el colosal Washington cruzando el Delaware (1848, Museo Metropolitano de Arte, Nueva York), de Emanuel Leutze.

La escultura estadounidense en un sentido estricto surgió con la obra de William Rush, quien, en la segunda mitad del siglo XVIII, dejó de tallar mascarones de proa de barcos para crear la primera escultura monumental estadounidense, Comedia y tragedia (1808, casa de Edwin Forrest, Filadelfia). Aunque Rush tallaba sus figuras neoclásicas en madera, el medio preferido hasta 1865 fue el mármol blanco, a su vez favorecido por la idealizada arquitectura neogriega de la joven república. Hiram Powers se forjó una buena reputación con La esclava griega (1843, Galería Corcoran), que se convirtió en la escultura estadounidense en mármol más admirada. Esta primera generación de escultores realizó severas esculturas de figuras griegas idealizadas con el mismo espíritu neoclásico del italiano Antonio Canova y del danés Bertel Thorvaldsen.

5. De la Guerra Civil al Armory Show (1865-1913)

Las dos principales corrientes arquitectónicas posteriores a la Guerra Civil fueron el polícromo y victoriano neogótico y el segundo imperio, una de cuyas características fueron los tejados con mansardas (buhardillas). La popularidad de estos estilos señala un cambio fundamental hacia la influencia francesa, apartándose de los estilos ingleses que habían dominado la arquitectura, pintura y escultura del país hasta entonces. Realizar los estudios en el extranjero era común en esta época, de modo que muchos artistas estadounidenses tomaron rumbo a París atraídos por la calidad superior de su instrucción artística.

Una mejor formación y una creciente sofisticación caracterizaban a los arquitectos estadounidenses que regresaban de la Escuela de Bellas Artes de París, con un dominio de las técnicas de proyección y un profundo conocimiento de los más variados repertorios estilísticos. El primero en regresar fue Richard Morris Hunt, conocido por las mansiones que construyó en Nueva York para la familia Vanderbilt en el estilo de los châteaux franceses del siglo XVI. Los miembros de la firma McKim, Mead y White prefirieron el estilo del renacimiento italiano para sus encargos más importantes, como es el caso de la Biblioteca Pública de Boston (1887-1895). Sin embargo, el mayor talento de esta generación quizá sea Henry Hobson Richardson, cuyo audaz sentido del volumen y control del detalle se hacen evidentes en su iglesia de la Santísima Trinidad (1872-1877), en Boston, un revival del estilo románico que durante la década de 1880 se hizo inmensamente popular en Estados Unidos.

A finales del siglo XIX los arquitectos estadounidenses desarrollaron dos tipologías propias: la casa de campo y el rascacielos. El estilo shingle estadounidense, denominación por la que se conoce a la recuperación de los estilos populares, evolucionó a partir del estilo reina Ana bajo la supervisión de los arquitectos ingleses Norman Shaw y William Burges. Las casas, organizadas de manera informal en torno a una amplia sala de estar, muestran la aplicación de la planta libre y de cierta interpenetración entre exterior e interior que se convertirán en rasgos de la mejor arquitectura contemporánea a principios del siglo XX. El desarrollo vertical de los edificios de oficinas se hizo posible por la aparición de nuevos materiales (hormigón armado, hierro) y nuevas técnicas de construcción, y se vio favorecido por la invención del ascensor, que ya funcionaba en Nueva York en la década de 1850. Con la introducción de la estructura interna de metal en el Home Insurance Company Building de Chicago (1885, demolido en 1931) diseñado por William Le Baron Jenney, se sentó un precedente para las innovaciones en el diseño de rascacielos de la Escuela de Chicago, encabezada por Louis Sullivan; su Guaranty Building (1895, Buffalo, estado de Nueva York) refleja en su aspecto exterior su estructura interna ofreciendo una sensación de gran ligereza gracias a su pronunciada verticalidad.

Esta corriente arquitectónica heredera de la tradición francesa trascendió la década de 1890 y se prolongó hasta el siglo XX. Incluso los rascacielos se decoraron con elementos historicistas, generalmente góticos, como en el edificio Woolworth (1909-1913, Nueva York), proyectado por Cass Gilbert.

El desarrollo de la pintura tras la Guerra Civil se hizo mucho más complejo, al aumentar considerablemente el número de artistas, a la vez que crecieron sus contactos con Europa, su conocimiento de un mayor número de estilos y un mayor interés por abarcar nuevos temas y nuevas técnicas o medios de expresión.

6. Últimos pintores del siglo XIX

El género de la pintura de paisajes culminó en la obra de George Inness. Siguiendo la línea de la Escuela de Barbizon, Inness añadió a su naturalismo el gusto por los cambios de la naturaleza desarrollados de una manera poética.

La fascinación por la técnica fue una característica de los artistas de finales del siglo XIX que habían recibido una formación académica. Durante la década de 1870 un grupo de pintores estadounidenses, entre ellos Frank Duveneck, estudiaron en la Academia de Munich, donde aprendieron a pintar alla prima, técnica que consiste en aplicar el color en una sola sesión, con gran rapidez, sin retoques posteriores. Otro artista que sobresale por las mismas fechas es John Sargent, el retratista angloestadounidense más popular de su tiempo.

Los dos pintores más destacados del siglo XIX en Estados Unidos fueron Winslow Homer y Thomas Eakins. Las primeras obras de Homer se centran en temas de la vida rural del país, particularmente en el mundo de la infancia, como en Chasquido del látigo (1872, Butler Institute, Youngstown, Ohio); posteriormente se interesó por la peligrosa vida de los pescadores de altura, lo que le brindó la oportunidad de ofrecer en su obra una visión más fatalista de la realidad, como en La corriente del Golfo (1899, Museo Metropolitano de Arte, Nueva York). El realismo de Eakins comenzó por un naturalismo científico; en las décadas de 1880 y 1890 llevó su visión realista al campo del retrato, como se refleja en La clínica Gross (1875, Escuela de Medicina Jefferson, Filadelfia), obra que recoge con crudeza una intervención quirúrgica.

Al mismo tiempo, la corriente romántica en el arte estadounidense, de gran peso desde Washington Allston, encontró su expresión en la nueva escuela paisajística de la mano de las poéticas obras de William Morris Hunt y John La Farge, en las creaciones expresionistas de Ralph Blakelock, famoso por sus nocturnos bajo la luz de Luna, así como en las pinturas de Albert Pinkham Ryder.

En el cambio de siglo, quizá el artista más admirado e influyente del arte estadounidense sea James Abbott McNeill Whistler. Desarrolló en el extranjero gran parte de su carrera, donde experimentó con un lenguaje pictórico basado en la representación de grandes superficies planas semiabstractas y con la utilización de una gama cromática de tonos oscuros. Otra artista que realizó lo más importante de su obra fuera de Estados Unidos fue Mary Cassatt, asociada con los impresionistas franceses, en particular con Edgar Degas. Su admiración por los grabados japoneses se refleja en la mayoría de sus obras ejecutadas después de 1890 con su tema preferido, la madre y el hijo. En parte gracias a la influencia ejercida por Cassatt en los coleccionistas estadounidenses, los pintores nacionales que seguían un estilo semejante encontraron en ellos un importante apoyo para formar la escuela impresionista más activa fuera de Francia.

1. Pintores de principios del siglo XX

Los dos estilos imperantes al comienzo del siglo —el estilo académico, con su temática idealizada, y el impresionismo, centrado en la vida de la burguesía rural— ignoraron el escenario urbano. En los primeros años del siglo, Robert Henri inculcó el gusto por temas más contemporáneos en sus alumnos; aparecieron artistas (como George Luks, William James Glackens y John Sloan) que se dedicaron en sus primeros pasos como ilustradores de periódicos a captar la vitalidad, variedad y colorido de la vida urbana. La apariencia de boceto y el franco realismo de sus obras provocó el rechazo en círculos oficiales. En 1908 estos artistas realizaron una exposición colectiva como parte del denominado grupo de los Ocho. George Wesley Bellows, aunque no formó parte de esta exposición, también se interesó por la actividad del escenario urbano. Como movimiento de vanguardia, los Ocho (también conocido como la Ash-can School) tuvo una vida relativamente corta, y fue sustituido por la ola de modernidad que siguió al Armory Show, la exposición de arte europeo celebrada en Nueva York en 1913.

2. La escultura en el cambio de siglo

La influencia francesa dominó la escultura de Estados Unidos durante el periodo siguiente a la Guerra Civil, cuando prácticamente todo escultor de primera fila estudiaba en París. El bronce, como medio más romántico y realista, sustituyó al mármol blanco al comienzo del periodo. La propia escultura en mármol se hizo más pictórica a medida que los compactos y sencillos volúmenes de la escuela neoclásica daban paso a formas más minuciosas en las que la luz desempeñaba un papel primordial para definir las líneas de la composición en el espacio. Los principales representantes de esta escuela fueron Augustus Saint-Gaudens y Daniel Chester French.

7. Arte y arquitectura contemporáneas

En 1919, tras la I Guerra Mundial, el arte estadounidense inició un periodo de expansión internacional; por ello, su área de influencia alcanzó a artistas de todo el mundo a medida que los arquitectos, escultores y pintores experimentaban con nuevas formas, estilos y medios de expresión artística.

1. La arquitectura desde la I Guerra Mundial

El estilo ecléctico del siglo anterior se mantuvo hasta la crisis económica de 1929 que paralizó el auge de la construcción de los años precedentes. Tanto en los edificios públicos como en los privados predominaron los estilos georgiano y neoclásico, adaptados hasta en sus más mínimos detalles a las necesidades del siglo XX.

1.1. Frank Lloyd Wright

Al mismo tiempo, algunos pioneros con propuestas individuales abrieron el camino hacia el diseño moderno. El más notable fue Frank Lloyd Wright, que comenzó su carrera en la oficina de Chicago de Louis Sullivan. En los años anteriores a la I Guerra Mundial, Wright sentó las bases de un nuevo estilo con sus proyectos de casas de campo, donde aplicaba los principios de planta libre, simplicidad espacial y fluidez de circulación entre el interior y el exterior; las largas líneas horizontales de las cornisas proporcionan unidad estilística al diseño. La publicación de estos proyectos en Alemania en 1910 iba a ejercer una influencia decisiva en el desarrollo de la arquitectura contemporánea europea en la década de 1920. La última fase de la trayectoria de Wright está marcada por el uso del hormigón en la construcción de nuevos sistemas estructurales de formas geométricas audaces, cuyo ejemplo más famoso es la espiral del Museo Guggenheim (1956-1959), en Nueva York.

1.2. International Style y últimas tendencias

Un importante cambio de dirección en la arquitectura de Estados Unidos se produjo con la llegada a este país hacia 1930 de cierto número de arquitectos alemanes y austriacos que abandonaron Europa a raíz de la ascensión al poder del partido nacionalsocialista. Rudolph Schindler y Richard Neutra en Los Ángeles, Walter Gropius y Marcel Breuer en Cambridge (Massachusetts), y Ludwig Mies van der Rohe en Chicago, llevaron a Estados Unidos la expresión de las ideas de funcionalidad y de ruptura con las normas compositivas tradicionales asociadas en principio con la escuela alemana de la Bauhaus, y posteriormente englobadas bajo el término de International Style.

Mies van der Rohe iba a ser la figura más influyente a través del desarrollo de sus estructuras de acero y cristal, fundamentalmente en su aplicación al rascacielos.

Philip Johnson, alumno de Gropius, desempeñó un papel determinante en el establecimiento del International Style en Estados Unidos. En colaboración con Mies van der Rohe, diseñó uno de los ejemplos paradigmáticos del estilo, el edificio Seagram (1958), en Nueva York. Posteriormente daría un giro a su estilo, al abandonar la ortodoxia del movimiento moderno y dar cabida a elementos históricos clasicistas, sometidos a un proceso más o menos intenso de abstracción, por lo que se le engloba dentro de la arquitectura posmoderna (véase Posmodernismo). En su edificio AT&T (1984) en Nueva York incorpora elementos renacentistas y barrocos.

La reacción frente a los estereotipos del movimiento moderno, o International Style, considerado cada vez más frío y monótono, originó una corriente en la década de 1950 hacia un estilo formalmente más expresivo; como se aprecia en las obras de Eero Saarinen, Paul Marvin Rudolph (buen exponente del brutalismo), Louis Kahn, quien combina forma expresiva y monumental con funcionalidad, y Ieoh Ming Pei, autor de la ampliación del Museo del Louvre (1989), en París, entre otros.

En las décadas de 1970 y 1980 la arquitectura posmoderna supuso una reacción a la austeridad del movimiento moderno dominante en Estados Unidos desde la II Guerra Mundial. Esta corriente se caracteriza por la complejidad formal y el eclecticismo debido al uso de elementos compositivos de diversa procedencia dentro de la historia de la arquitectura (en especial de la antigüedad egipcia o grecorromana) a veces con cierta ironía, provocando paradoja o confusión (pero sin olvidar el contexto en el cual se inserta el edificio). Entre los arquitectos adscritos a esta tendencia cabe destacar a Robert Venturi (su pionero y teórico), Michael Graves, Robert A. M. Stern y Richard Meier. Los ejemplos más sobresalientes son edificios públicos, como el edificio Portland (1982) de Graves.

Una de las figuras más internacionales de la moderna arquitectura estadounidense es Frank Gehry. Sus edificios, concebidos como enormes esculturas, son un ejemplo de la corriente deconstructivista que surgió a finales de la década de 1980. Uno de sus edificios más emblemáticos es el Museo Guggenheim de Bilbao, en España.

2. La pintura en el periodo de entreguerras

Los estudiantes estadounidenses en París en las primeras décadas del siglo entraron en contacto con la obra de Paul Cézanne, los fauvistas y Pablo Picasso, así como con las primeras manifestaciones del arte abstracto. A comienzos de 1908, el fotógrafo Alfred Stieglitz comenzó a mostrar en su galería de Nueva York la obra de John Marin, Arthur Garfield Dove, Max Weber y otros artistas estadounidenses de vanguardia.

Durante un breve periodo tras la I Guerra Mundial, los artistas estadounidenses tomaron partido por el cubismo. Joseph Stella adoptó el futurismo italiano celebrando las formas industriales y el movimiento en su monumental El puente (1920-1922, Newark Museum, Nueva Jersey).

2.1. Regionalismo

La influencia de los pintores promocionados por Stieglitz disminuyó en el curso de la década de 1920, mientras las formas tradicionales se establecían nuevamente. El movimiento más extendido dentro de la pintura figurativa fue el regionalismo, que rechaza el internacionalismo del arte abstracto y adopta en su temática la vida cotidiana estadounidense del campo o de la pequeña ciudad. Thomas Hart Benton, la figura principal del movimiento, desarrolló un estilo monumental y muy plástico, algunos de cuyos elementos se inspiran en el arte barroco. Otro representante de esta tendencia es Grant Wood, que destaca por su técnica minuciosa, en la que combina la precisión de la pintura flamenca y alemana del siglo XVI con las formas de representación sencillas e ingenuas de la pintura popular estadounidense, como en su Gótico americano (1930, Instituto de Arte de Chicago). Ambos artistas tratan los temas rústicos y anecdóticos con una cierta ironía y jocosidad.

2.2. Realismo

El pintor realista estadounidense del siglo XX más conocido es Edward Hopper, un independiente que se mantuvo al margen de los movimientos contemporáneos. En su obra convergen la soledad de la ciudad y la de sus habitantes y está considerado como uno de los exponentes más puros del realismo estadounidense, junto a Andrew Wyeth, otro realista independiente que cultiva una temática rural.

Otro tipo de realismo se desarrolló a partir de la Gran Depresión y caracterizó la obra de muchos artistas implicados en los programas de la Work Progress Administration (Agencia para la Mejora del Trabajo). Los realistas sociales —denominados de este modo a causa de su compromiso con las consecuencias de la pobreza y la injusticia en Estados Unidos— están representados por autores como Ben Shahn y Jacob Lawrence.

3. La pintura desde la II Guerra Mundial

Durante la II Guerra Mundial, Estados Unidos se convirtió en el país más poderoso del mundo desde los puntos de vista militar y económico. Esta prosperidad estuvo acompañada de un naciente liderazgo artístico, mientras que Nueva York, la cuna de las corrientes artísticas abstractas más significativas desde el cubismo, relevaba a París como capital del mundo artístico.

3.1. Expresionismo abstracto

Con el expresionismo abstracto, los artistas buscaron reinterpretar la pintura abstracta mediante una técnica de pinceladas vigorosas a la manera del expresionismo. Siguiendo la teoría surrealista, el artista podía pintar liberando las fuerzas ocultas del subconsciente en un proceso automático y gestual sobre el lienzo.

Jackson Pollock desarrolló la técnica del dripping, es decir, el ‘chorreado’ de pintura sobre un gran lienzo colocado en el suelo mediante un movimiento semiautomático. Otros artistas, aunque comparten la pincelada libre y enérgica así como el enorme tamaño de las telas característico del movimiento, presentan estilos y cualidades expresivas bastante diferentes. Willem de Kooning, que nunca fue un verdadero pintor abstracto, es famoso por sus representaciones de mujeres con una intensidad violenta. Un sentimiento más sereno se halla en la pintura contemplativa de Robert Motherwell y en los desnudos lienzos de Franz Kline, cuyos audaces brochazos negros sugieren líneas caligráficas. Relacionada con este movimiento hay que destacar la tendencia conocida como Colour-Field Painting, que se caracteriza por la aplicación de extensos campos de colores puros y alcanza su máxima expresión en las obras de Ellsworth Kelly, Ad Reinhardt, Mark Rothko, Barnett Newman y Clyfford Still.

3.2. Pop y minimalismo

En torno a 1960, habían emergido dos reacciones diferentes contra el expresionismo abstracto. Jasper Johns, con sus frías e inexpresivas representaciones de banderas y otros objetos cotidianos, y Robert Rauschenberg, con la incorporación de materiales propios de los medios de comunicación de masas a sus collages, marcaron la pauta del Pop Art. Andy Warhol y Roy Lichtenstein, entre otros, reprodujeron imágenes extraídas de los anuncios publicitarios, cómics y otros productos de la cultura popular. Al mismo tiempo, los artistas minimalistas buscaban la objetividad absoluta a partir de la representación de las formas geométricas elementales (véase Minimalismo).

3.3. Últimas corrientes pictóricas del siglo XX

Durante las décadas de 1970 y 1980 no existió una tendencia dominante dentro del panorama pictórico estadounidense; es un periodo ecléctico, plural, con multitud de métodos y estilos. Sin embargo, durante ese periodo, emergieron algunas corrientes distintivas, como el arte conceptual, interesado principalmente en la idea o concepto más que en el producto artístico acabado, o las instalaciones, que mezclan distintos procedimientos, soportes y materiales.

A finales del siglo XX, gran parte de las tendencias que triunfaron en las décadas anteriores seguían vigentes. No obstante, mientras algunos artistas ahondaban en antiguas formas de expresión, otros buscaron nuevos medios, con especial interés por las nuevas tecnologías e Internet.

La pintura figurativa se mantuvo viva en el periodo de posguerra gracias a artistas como Milton Avery, Fairfield Porter y otros artistas más jóvenes; todos ellos incorporan a sus obras algunos elementos asimilados de la estética de la abstracción, como se observa en la obra de Alex Katz.

A comienzos de la década de 1980 se experimentó una vuelta a la figuración en detrimento del arte conceptual y el minimalismo. Los pintores de la neofiguración, como Jennifer Barlett o Susan Rothenberg, desempeñaron un papel decisivo en el proceso de transición desde la abstracción. Ellos fueron los predecesores del movimiento neoexpresionista, una tendencia originada en Europa a finales de la década de 1970 y que triunfó en Estados Unidos en la de 1980. La figura humana adquirió nuevas dimensiones con el triunfo de esta corriente, caracterizada por un uso muy particular del color, una imaginería ambigua y, a menudo, visiones personales de gran crudeza. Entre estos artistas se encuentran Julian Schnabel, David Salle, Eric Fischl y Robert Longo. Otros pintores adscritos a la nueva corriente figurativa optaron por un estilo más cercano a la estética del cómic, como Philip Guston y Keith Haring. También próximos a estas tendencias se sitúan los hiperrealistas, entre los que destacan Chuck Close y Richard Estes, con sus irreales imágenes de la ciudad de Nueva York.

4. La escultura estadounidense en el siglo XX

En la primera década del siglo, los estilos académicos, aunque modificados por el escultor francés Auguste Rodin, dominaron la escultura en Estados Unidos, y algunos artistas como Paul Manship y Gaston Lachaise introdujeron un cierto grado de simplificación y estilización. En 1916, el escultor polaco Elie Nadelman emigró a Estados Unidos desde París llevando consigo un estilo cubista muy personal que más tarde abandonaría por la representación de figuras inspiradas en la escultura popular. Jacques Lipchitz, Chaim Gross y William Zorach fueron otros pioneros de la escultura cubista.

La obra de Isamu Noguchi, escultor que se había formado en el estudio parisino de Constantin Brancusi, se mostró por primera vez en la década de 1920. Alexander Calder, influido por la abstracción biomórfica del español Joan Miró, inventó una nueva forma de escultura: el móvil, que aportó a este género el sentido del movimiento y el cambio espontáneo.

El constructivismo, movimiento que reivindicaba la elaboración de esculturas a partir de elementos industriales, se introdujo en Estados Unidos a través de artistas emigrados de Rusia en la década de 1930, principalmente por el brillante talento de Naum Gabo. Se convirtió en la base de la escultura estadounidense en las décadas de 1940 y 1950. David Smith suelda láminas de metal y objetos encontrados en la calle (incluso partes de un tractor) dando lugar a composiciones que irradian una gran fuerza. Otros estilos escultóricos abstractos oscilan entre las delicadas y, sin embargo, complejas construcciones en alambre de Richard Lippold hasta las alegres y gigantescas formas al aire libre de Mark Di Suvero.

Después de 1970, la escultura estadounidense, al igual que la pintura, entró en un periodo de pluralismo. El Pop Art está representado por formas como las figuras vaciadas en yeso a tamaño natural de George Segal y las figuras de plástico polícromo que rayan en la caricatura de Duane Hanson, así como las esculturas basadas en la comida rápida y otros objetos cotidianos de Claes Oldenburg. Por otro lado, están las enormes estructuras de metal de Richard Serra, que tratan de articular los espacios al aire libre, en contraste con los environments de muros de madera a una escala más íntima de Louise Nevelson. Otras obras importantes de la década de 1970 engloban desde los earthworks (intervenciones sobre la naturaleza) que cubren inmensos espacios de terreno, hasta la precisa y simétrica escultura minimalista de Donald Judd o Sol LeWitt.

Los avances más interesantes en el campo de la escultura a finales del siglo XX proceden del uso de nuevo medios. Los artistas conceptuales y minimalistas incorporaron materiales industriales a sus obras y el Land Art amplió aún más sus horizontes. Las obras del artista estadounidense de origen búlgaro Christo alteran el paisaje y cambian nuestra percepción del entorno al envolver edificios, árboles y otros objetos de grandes dimensiones. En 1995 recubrió el Reichstag de Berlín con 100.000 m2 de tela plateada. Este tipo de intervenciones, como las de Robert Smithson, aunque son perecederas suelen estar acompañadas de abundante documentación gráfica (fotografías, dibujos) y maquetas.

Una de las formas artísticas más populares a finales del siglo XX fueron las instalaciones. Sus autores se valían de diversos materiales para crear ambientes en los cuales podía introducirse el observador y participar de ellos. Entre los artistas adscritos a esta tendencia destacan Judy Chicago, Ann Hamilton y Judy Pfaff, autora de Moxibustion (1994, Exit Art, Nueva York), un jardín creado con cristal, tuberías de colores, alambre y otros materiales. Nam June Paik es autor de esculturales instalaciones construidas a partir de aparatos de televisión en continuo cambio. Bruce Nauman incorporó a sus obras tubos de neón e imágenes de vídeo.

5. Un arte comprometido

Gran parte del arte producido durante la década de 1990 en Estados Unidos obedece a algún tipo de compromiso social, de crítica o de denuncia, y surge vinculado a minorías étnicas o grupos sociales históricamente marginados. En esta línea tenemos a la fotógrafa feminista Cindy Shermano, al escultor de origen afroamericano Melvin Edwards o al artista Robert Mapplethorpe.

Otra de las corrientes emergentes a finales del siglo XX es el Body Art, una tendencia que explora las posibilidades expresivas del cuerpo humano en busca, en sus formas más extremas, de reacciones catárticas o de escandalizar. Algunos artistas han explorado las posibilidades expresivas del lenguaje, como Jenny Holzer con sus Inflammatory Essays, una serie de textos de contenido subversivo que tratan de expresar diferentes formas de desafío a la autoridad.

A comienzos del siglo XXI ninguna corriente parece predominar en el arte de Estados Unidos, aunque la tendencia actual apunta hacia un pluralismo que engloba gran variedad de estilos y técnicas. No obstante, algunos críticos auguraron para comienzos del nuevo siglo la vuelta a un arte en el que la forma prevalecería sobre el contenido.