Asiria
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Asiria
5. Surgimiento de un imperio en guerra

Hacia el 1200 a.C., una nueva ola de migraciones cambió profundamente la composición de Asia occidental. Desde la península Balcánica, con toda probabilidad, llegó un conglomerado de pueblos, conocidos como pueblos del mar, que acabaron con el Imperio hitita en Anatolia y se introdujeron en Siria y Palestina. Un pueblo indoeuropeo denominado mushki, que se asentó al este de Anatolia, se convirtió en una amenaza constante para Asiria en el noroeste. Al oeste de Asiria, un grupo semítico nómada, los arameos, también estaba en movimiento. Asiria resistió ferozmente, y en su mayor parte con éxito, a las presiones y ataques de sus nuevos vecinos. Durante su amarga lucha por la existencia, desarrolló una máquina militar proverbial por su crueldad y que se convirtió en el azote y terror de todo Oriente Próximo.

Al principio, las campañas adoptaron la forma de escaramuzas a la búsqueda de botín y tributo. Teglatfalasar I (que reinó en 1115-1076 a.C.), por ejemplo, defendió las fronteras asirias contra arameos y mushkis, y realizó incursiones por el norte, hasta el lago Van, en Urartu (actualmente al noreste de Turquía), y por el oeste, hasta Palmira (en la actual Siria). En la mayoría de los casos, los pueblos amenazados huían al conocer que se aproximaban sus ejércitos, y aquéllos que se quedaban eran masacrados o llevados a Asiria. Los pueblos y ciudades eran saqueados y arrasados, pero no se hizo ningún intento de anexionar estos territorios.

Gradualmente, este modelo de conquista varió, los gobernantes asirios comenzaron a convertir Asiria en el centro de un nuevo imperio, incorporando las tierras conquistadas a sus dominios, aunque probablemente sin seguir un plan consciente. Hacia finales del siglo X a.C., por ejemplo, Adat-Nirari II anexionó el estado arameo cuyo centro era Nisibis, al este del río Jabur. Su hijo, Tukulti-Ninurta II, anexionó varios estados arameos alrededor de la ciudad de Harran y el valle central del Éufrates, así como la región entre los dos ríos conocidos respectivamente como el Gran Zab y el Pequeño Zab.