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| 4. | Desarrollos del siglo XX |
El siglo XX asistió al control de la prensa en el Reino Unido por cuenta de una nueva casta de propietarios. El primero y más importante de todos ellos fue Alfred Harmsworth, más tarde lord Northcliffe, que llegó a controlar el Daily Mail, el Daily Mirror, The Times y The Observer. Lanzó el Daily Mail en 1896 como primer periódico cuya rentabilidad se basaba principalmente en los ingresos por publicidad y que en el plazo de tres años alcanzó unas ventas de medio millón de ejemplares. En 1903 lanzó el Daily Mirror como primer periódico dirigido al público femenino. A comienzos de la I Guerra Mundial sus ventas eran de 1,2 millones de ejemplares y siguieron aumentando tras convertirse en 1934 en el primer periódico inglés con formato tabloide. Éste se diferencia del periódico normal en su tamaño, la profundidad de cobertura de las noticias y el número de ilustraciones; normalmente, el tabloide es la mitad de un periódico normal, informa de modo más condensado y contiene muchas más ilustraciones.
El hermano de Northcliffe, lord Rothermere, el empresario canadiense Max Aitken, posteriormente lord Beaverbrook, y los hermanos Berry, los vizcondes Kemsley y Camrose, llegaron a dominar la prensa nacional y regional en el Reino Unido al experimentar un crecimiento turbulento después de la I Guerra Mundial y del subsiguiente recorte drástico de noticias. La tirada global de los diarios nacionales pasó de los cinco millones en 1920 a 10,6 millones en 1939, y estos cinco prohombres controlaban la mitad de ella. Todos los editores utilizaron sus periódicos para fortalecer sus objetivos e ideas políticas, obligando al primer ministro Stanley Baldwin a increparles por ejercer “un poder sin asumir ninguna responsabilidad: la prerrogativa de las prostitutas a lo largo de los siglos” en un discurso de 1931, un reproche que había tomado prestado de su primo Rudyard Kipling.
Las tiradas se potenciaban mediante las primeras ofertas de promoción. En 1933 el Daily Herald ofreció a sus lectores una colección de Dickens en 16 volúmenes a un precio de 11 chelines más unos cupones del Herald. El Daily Mail, el Daily Express y el News Chronicle respondieron inmediatamente ofreciendo colecciones parecidas a 10 chelines. En total se vendieron 11 millones de colecciones.
El periodo desde finales de la II Guerra Mundial ha resultado muy difícil para los periódicos en muchos países. En el Reino Unido, el número de periódicos nacionales se ha reducido a la mitad. Las razones principales de la desaparición de muchos diarios parecen ser la disminución de los ingresos por publicidad que se ha desviado a otras publicaciones, a la televisión y a otros medios, los problemas laborales y el creciente coste de los equipos, mano de obra y demás materiales. Aparecieron tres nuevas agencias de noticias, United Press, International News Service y Universal News, que en 1958 se fusionaron para formar United Press International (UPI).
A lo largo del siglo XX se han fundando en España diarios como ABC (1904) que sigue publicándose, El Sol, La Voz, El Debate..., en los que colaboraban las mejores plumas del país. Se ha llegado a decir que la generación del 98 se hizo en los periódicos. Al término de la Guerra Civil fueron apareciendo distintos diarios de alcance nacional, como Ya, de inspiración católica, Arriba, vinculado a Falange Española, Pueblo, afín a los sindicatos verticales, y Solidaridad Nacional, defensor del nacionalismo español en Cataluña. Tanto durante los últimos años del franquismo como con la democracia, aparecieron grandes empresas periodísticas que editan los diarios más importantes de los últimos años, como El País, El Periódico, El Independiente, ya desaparecido, y El Mundo. Parte de estos medios, incorporados de lleno al uso de las nuevas tecnologías, publican ya colecciones de suplementos o de periódicos completos en CD-ROM, como por ejemplo ABC o El Mundo respectivamente. En América Latina, donde continúa la gran tradición periodística iniciada siglos antes, en la actualidad se siguen publicando diarios de gran tirada e influencia en las opiniones públicas de sus países respectivos, como por ejemplo: Clarín y La Nación, en Buenos Aires; El Tiempo y La República, en Montevideo; El Mercurio, en Santiago de Chile; El Tiempo y El Comercio, en Lima; y Excelsior y El Universal, en Ciudad de México, entre otros.