Templo
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Templo
2. Formas de templos

Su forma varía desde un sencillo montículo artificial hasta los grandes conjuntos compuestos por innumerables construcciones. Sin embargo, incluso en los sistemas más complejos, siempre destaca una construcción que alberga el templo propiamente dicho. Algunos consisten en una plataforma desde la que se observan fenómenos naturales o fuegos rituales, pero la mayoría contiene un santuario reservado en exclusiva a la divinidad, cuya presencia invisible se simboliza con una imagen esculpida, un icono o un relicario. Para investir este espacio de respeto sagrado, se aísla del resto por medio de puertas, cancelas o columnatas, encerrado en el interior de la estructura del templo. Otra de las disposiciones habituales consiste en un altar, hecho de madera o de un bloque de piedra, donde se ofrecen sacrificios a la divinidad y a cuyo foco se dirigen las plegarias de los fieles. Los altares de los templos clásicos griegos y romanos estaban situados frente al edificio, en el exterior del templo propiamente dicho, a cuyo santuario (cella) no podían acceder los laicos.

Los templos suelen erigirse en el interior de un recinto, en ocasiones sagrado, que extiende su influjo más allá del propio edificio. Los pórticos del cercado, elaborados cuidadosamente, ayudan a controlar el flujo de fieles y peregrinos. Los grandes templos suelen incluir habitaciones para los clérigos, sanatorios, monasterios, tiendas y hospederías, y en ocasiones incluyen graneros, que cierran el vínculo entre los cultos religiosos y la agricultura, convirtiendo al clero en depositario de las cosechas de cereales. En muchas sociedades coexisten grandes complejos religiosos con pequeños templos o ermitas, aislados y dedicados a cultos marginales.

Los templos se pueden dividir en dos tipos: el macizo, como las pirámides o los túmulos escalonados, y el habitable, que contiene el santuario en su interior y presenta al exterior fachadas arquitectónicas. El primero es un hito cargado de simbolismo que se eleva hacia el cielo, mientras que el segundo es la morada digna para un dios. Ambos se destacan sobre el resto de las construcciones, en una expresión rotunda de la cultura religiosa de cada pueblo.