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Templos de Egipto y Mesopotamia |
En el antiguo Egipto los templos fueron siempre estructuras grandiosas, construidas con grandes bloques y columnas pétreas. En ocasiones los gobernantes iban ampliándolos sucesivamente hasta formar conjuntos fragmentarios, como en el caso del gigantesco templo de Amón en Karnak, iniciado durante el reinado de Sesostris I y terminado con Ramsés II. Los acantilados del Nilo se usaron como lugar de emplazamiento para otras edificaciones, una de cuyas muestras más impresionantes es el templo funerario de Hatshepsut en Tebas, excavado en la roca a una escala sobrehumana. La profusión de bajorrelieves (alrededor de las construcciones) y de pinturas narraba la mitología divina y sus conexiones con los faraones o los reyes egipcios. En la antigua Mesopotamia se impuso un templo en forma de colina llamado zigurat, una elevada torre piramidal decreciente a la que se podía ascender a través de rampas exteriores. El ejemplo mejor conservado es el del dios de la luna Nanna en Ur (actual Irak, c. 2100 a.C.). En los últimos siglos antes de nuestra era hicieron su aparición en esta zona los templos hipóstilos con cellas interiores, propios de la cultura griega.
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