Imperio Británico
En el menú Archivo, haz clic en Imprimir para imprimir la información.
Imperio Británico
2. Inicio de la expansión colonial inglesa

El Imperio Británico no se había constituido aún cuando la reina Isabel I ascendió al trono en 1558. Las bases de este Imperio se sentaron durante su reinado, gracias al desarrollo de la Marina inglesa (Francis Drake dio la vuelta al mundo entre 1577 y 1580), el inicio de una ofensiva comercial en ultramar (la Compañía de las Indias Orientales se fundó en 1600) y la rivalidad con la Monarquía Hispánica. La colonización inglesa no se había extendido hasta el reinado de Isabel I más allá de la colonia irlandesa del Ulster: el primer asentamiento inglés en la costa norteamericana, realizado por Walter Raleigh, en 1585, en la isla de Roanoke (en el actual estado de Carolina del Norte), fue la primera experiencia colonial ultracontinental. Sólo después de que se firmara la paz con España (1604), fue posible acometer nuevas empresas.

El foco del crecimiento colonial se encontraba en el este del Caribe, alejado de la zona central del dominio español en América: San Cristóbal (Saint Christopher, más tarde Saint Kitts) fue la primera plaza inglesa de las Indias Occidentales (denominación dada por los ingleses al archipiélago de las Antillas), en 1624. La mano de obra estaba compuesta por trabajadores blancos contratados procedentes de Inglaterra. Una segunda forma de colonización fue la realizada a través de los asentamientos religiosos de Norteamérica. El primero y más famoso fue el de los padres peregrinos que embarcaron en el Mayflower en el puerto de Plymouth y desembarcaron en la bahía de Massachusetts en 1620. Rhode Island (1636) fue fundada bajo el principio de la tolerancia religiosa; en Connecticut (1639) predominaban los practicantes del congregacionalismo, mientras que Baltimore (1634) pasó a ser el reducto de los católicos. Los vínculos que mantenían con la metrópoli eran más fuertes que los que establecieron entre sí. En tales circunstancias, no era posible someterlas a una estrecha vigilancia, de manera que se permitió a los gobernadores crear asambleas formadas por los colonos que realizaban las funciones de una cámara legislativa y asesoraban al representante del poder ejecutivo.

Aunque pueda resultar sorprendente, la Guerra Civil inglesa, que tuvo lugar en la década de 1640, y el subsiguiente régimen del Protectorado, alentaron este proceso en lugar de refrenarlo. El Parlamento se benefició del apoyo de la Marina, cuyos recursos se habían mejorado y desarrollado. Oliver Cromwell llevó a cabo una política exterior antiespañola, y la isla antillana de Jamaica fue conquistada en 1655, convirtiéndose en la primera colonia inglesa arrebatada por la fuerza a otra potencia europea. El apogeo del comercio de tabaco de las Indias Occidentales estaba tocando a su fin y fue reemplazado por la producción de azúcar, que requería una mayor mano de obra, proporcionada por los esclavos de África. De este modo, las islas comenzaron a transformarse en colonias cuya economía se basaba en la mano de obra esclava. La República inglesa también aprobó el Acta de Navegación de 1651, en la que se establecía que las importaciones en puertos nacionales o colonias sólo podían transportarse en naves inglesas o de los países productores. El naciente Imperio inglés fue gobernado con más firmeza y coherencia a raíz de la restauración en 1660 de la dinastía Estuardo, en la persona del rey Carlos II.

La política colonial aplicada desde 1660 transcurrió por los mismos derroteros. Se produjeron nuevos asaltos en el Caribe, donde los corsarios ingleses atacaban los negocios y asentamientos españoles; esta situación llevó a la firma del Tratado de Madrid en 1670, por el que España accedió finalmente a reconocer las posesiones inglesas. Pese a este acuerdo, los siguientes 50 años fueron la edad dorada de la piratería en las Indias Occidentales inglesas. La economía del azúcar se fue expandiendo, y la Royal Africa Company (constituida en 1672) organizó el denominado “pasaje medio”, en el que numerosos africanos fueron transportados al Caribe para trabajar como esclavos. De este modo, los dueños de las plantaciones consiguieron mano de obra, aunque a costa de una gran preocupación por su propia seguridad (en la década de 1670, los esclavos eran la comunidad más numerosa de las colonias inglesas). La presencia inglesa en Norteamérica se extendió más allá de la zona costera. Nueva Amsterdam fue arrebatada a las Provincias Unidas (actuales Países Bajos) en 1664 y recibió el nombre de Nueva York. Los pobladores holandeses formaron la primera gran comunidad establecida fuera de las islas a la que se impuso por la fuerza el dominio inglés. William Penn fundó la colonia de Pennsylvania (1682); durante el reinado de Jacobo II (1685-1688), Inglaterra ejerció un estricto control sobre las posesiones y privilegios originales de las colonias norteamericanas.

La situación de los dominios ingleses en la India no era comparable todavía a la de Norteamérica. La Compañía de las Indias Orientales dirigía sus factorías en Surat y Madrás bajo la autoridad del emperador mogol. Sin embargo, en 1690 se fundó un nuevo puesto comercial donde más tarde se extendería la ciudad de Calcuta. Hacia 1700, la Compañía comenzó a realizar actividades comerciales en la región de Bengala y desempeñó un papel importante, aunque secundario aún, en la política india.

Así como las guerras contra España habían favorecido las primeras conquistas imperiales inglesas, los sucesivos enfrentamientos con Francia después de la Revolución Gloriosa de 1688 y 1689 facilitaron la adquisición de nuevos territorios. La expansión de Nueva Inglaterra y los nuevos asentamientos dedicados al comercio de pieles establecidos en la bahía de Hudson intensificaron los conflictos con Nueva Francia, situada en el valle del río San Lorenzo, a partir de la última década del siglo XVII. Las fuerzas inglesas tomaron Port Royal (península de Nueva Escocia) en 1710 y se anexionaron Terranova. Durante la guerra de Sucesión española, Inglaterra se apoderó de Gibraltar (1704) y de la isla de Menorca (1708), consiguiendo así sus primeras posesiones en el mar Mediterráneo. Después de afianzar sus conquistas y ampliar sus derechos para suministrar esclavos y otras mercancías a las colonias españolas de América, la categoría de Inglaterra como potencia colonial era prácticamente similar a la de sus principales competidoras europeas.

Una vez que la breve agitación que provocó la South Sea Bubble (nombre que recibió la especulación ocasionada por los nuevos privilegios comerciales con las colonias españolas de América) se hubo calmado en 1720, el interés público por los asuntos coloniales disminuyó por algún tiempo. Robert Walpole no alteró la situación ni en el exterior ni el interior durante su prolongado mandato como primer ministro (1721-1742). Georgia se convirtió en la decimotercera colonia norteamericana en 1732, mientras que los habitantes de la zona litoral de Nueva Inglaterra comenzaron a instalarse en el interior, donde podían surgir conflictos con la colonia francesa. El azúcar pasó a ser la importación principal de Gran Bretaña, favoreciendo así la economía de plantación de las Indias Occidentales y, con ello, el flujo anual de 70.000 esclavos a través del Atlántico. El Caribe inglés se reveló como el eje del sistema colonial, dado que mantenía más vínculos a través del comercio y las inversiones, y más contacto social con la metrópoli que las colonias de Norteamérica.

Durante este tiempo, el Imperio mogol de la India había entrado en un periodo de inestabilidad tras la muerte del emperador Aurangzeb (1707), y la Compañía de las Indias Orientales, aunque era principalmente una organización comercial, tuvo que actuar con astucia para conservar su posición, por lo que participó más directamente en la política.