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Población |
Los actuales japoneses son esencialmente mongoloides, al igual que los chinos y coreanos, aunque algo más bajos. Los ainus, individuos de un pueblo caucásico que en la actualidad reside en Hokkaidō, suponen el único grupo foráneo significativo, pero en la actualidad sus miembros están mezclados con japoneses. Japón es una sociedad urbana industrializada y más de las tres cuartas partes de la población viven en áreas metropolitanas. El japonés es el idioma oficial, pero además muchos japoneses utilizan el inglés.
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Características de la población |
Japón tiene una población de 127.288.420 habitantes (según estimaciones para 2008). Tiene 340 hab/km² de densidad de población.
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Divisiones administrativas |
Japón está dividido en 47 prefecturas, entre las que se encuentra Okinawa, ocupada por Estados Unidos después de la II Guerra Mundial y devuelta en 1972 a Japón.
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Ciudades principales |
Tokio, el centro comercial y financiero del país, tenía una población (según estimaciones para 2007) de 8.339.695 habitantes. Otras ciudades importantes son Yokohama (3.562.983 habitantes), destacado puerto marítimo y centro industrial; Osaka (2.510.459 habitantes), importante puerto marítimo, terminal aérea y uno de los mayores centros financieros de Japón; Nagoya (2.154.287 habitantes), destacado centro industrial; Kioto (1.389.595 habitantes), la capital histórica, famosa por su artesanía y por ser centro industrial; y Kōbe (1.502.772 habitantes), destacado puerto marítimo y núcleo de transportes. Otras 75 ciudades tienen poblaciones superiores a los 250.000 habitantes.
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Religión |
Las principales religiones de Japón son el sintoísmo, una religión basada en la veneración a los antepasados y a la naturaleza, con unas 200 sectas y denominaciones, y el budismo, con unas 207 tendencias y escuelas. Algo menos del 4% de la población profesa el cristianismo, representado en Japón por el protestantismo, el catolicismo y la Iglesia ortodoxa griega. En la segunda mitad del siglo XIX se declaró el sintoísmo como religión del Estado, haciendo hincapié en la divinidad del emperador, al que estaban obligados a reverenciar todos los japoneses, con independencia de su afiliación religiosa. En 1946, las autoridades aliadas de ocupación acabaron con la oficialidad del sintoísmo. El 1 de enero de 1946, el emperador Hiro-Hito renunció a todas las pretensiones a la divinidad. La Constitución promulgada en 1947 restableció la absoluta libertad de culto.
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