Virgen María
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Virgen María
3. La edad media

Una de las principales razones del espectacular crecimiento experimentado por la devoción a la Virgen a finales de la edad media (siglos XIII-XV) se encuentra en la imagen de Cristo que se desarrolla desde comienzos de la época medieval. El arrianismo, doctrina que negaba la divinidad de Jesucristo, ejerció una influencia profunda entre los godos y otros pueblos de Europa central y septentrional hasta que se produjo su conversión al cristianismo, por lo que durante esta época la Iglesia realzó la divinidad de Cristo, que en las pinturas bizantinas aparece como pantokrator (gobernador universal y omnipotente) y en las imágenes occidentales como juez supremo y universal. Al asumir Jesucristo este papel, la Virgen María empezó a ser considerada como una figura capaz de interceder por los pecadores. El miedo a la muerte, y al Juicio Final provocado por la epidemia de peste negra del siglo XIV, convirtió a la Virgen en mediadora de la misericordia de Jesucristo y surgieron devociones populares como el rosario, que en un principio consistió en 150 Avemarías (imitando los 150 salmos del Salterio) a las que más tarde se incorporaron 15 Padrenuestros intercalados como penitencia por los pecados diarios; el Ángelus, recitado al amanecer, a mediodía y al atardecer, y las invocaciones a la Virgen María en la letanía empleando expresiones bíblicas como Rosa mística, Torre de David y Refugio de los pecadores. También se crearon oficios a la Santísima Virgen con himnos, salmos y oraciones imitando los oficios divinos recitados o cantados por monjes y sacerdotes.