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| 1. | Introducción |
Banda sonora, música incorporada a la banda de sonido de una cinta, o ejecutada como acompañamiento de películas mudas. Normalmente, subraya el título principal y los créditos de una película, mientras que la música incidental se usa a lo largo del filme con propósitos dramáticos. Las bandas sonoras también contienen música en directo, justificada en la imagen por la presencia de aparatos de radio, tocadiscos o músicos en vivo. Se suele componer después de haber hecho el montaje final de la película con la finalidad de lograr una sincronización perfecta entre la acción y la música. El compositor visiona la cinta ya montada en compañía del director, con quien discute la ubicación y estilo de cada fragmento musical. Después se le proporciona una cinta de vídeo de este montaje, con el código de tiempos incorporado u hojas con los tiempos marcados, a partir de las cuales trabajar. El resultado final se graba en un estudio pasando al mismo tiempo la película; se obtienen de este modo grabaciones que son luego montadas, mezcladas y transferidas a soporte magnético, u óptico (hoy en desuso). El proceso de mezclas de la música con los demás elementos que componen la banda sonora (diálogos, ruidos, efectos sonoros) se realiza en un estudio de sonido. En el caso de las películas musicales o de óperas filmadas, los números musicales se graban primero y después se filman en playback, con los actores simulando cantar lo previamente grabado. En las películas de animación (dibujos animados), por lo general se graba primero la música y luego se monta la imagen sobre ésta. Muchos compositores emplean en la actualidad ordenadores para controlar los tiempos de la imagen y a menudo tienen sus propios estudios.
| 2. | Historia de la música de cine |
Las primeras proyecciones públicas de películas se realizaron ya con acompañamiento musical, y en 1908 el compositor francés Camille Saint-Saëns escribió la que probablemente sea la primera partitura musical para el cine (para la película de Charles le Bargy The Assassination of the Duke de Guise). Durante el periodo mudo todas las salas tenían algún tipo de acompañamiento musical, desde un simple piano a una orquesta completa y la música que se interpretaba eran melodías clásicas conocidas por el público. Con la llegada del sonoro desapareció este acompañamiento en vivo.
A partir de la década de 1930, los grandes estudios tenían departamentos musicales completos, con una plantilla de compositores, adaptadores-arreglistas y directores de orquesta. Al principio, la música se ajustaba a la acción de modo bastante burdo, y se tomaban de los archivos musicales. Esto cambiaría en 1933, cuando el compositor Max Steiner demostró lo que se podía llegar a hacer con una partitura original totalmente sincronizada, en la película King Kong (1933).
Entre las décadas de 1930 y 1940, los compositores que empezaron a hacer música para películas procedían de distintas áreas de la composición musical. De la comedia musical de Broadway, por ejemplo, procedían Alfred Newman, Herbert Stothart y Roy Webb. De las salas de conciertos y de la ópera, Erich Wolfgang Korngold, Dimitri Tiomkin, Nino Rota, Miklos Rozsa o Franz Waxman; y Bernard Herrmann o Victor Young procedían de la radio. Diversos compositores de música clásica, como William Alwyn, Malcolm Arnold, Arthur Bliss, Arnold Bax, Aaron Copland, Benjamin Frankel, Jacques Ibert, Serguéi Prokófiev, Alan Rawsthorne, Dmitri Shostakóvich, Virgil Thomson, Ralph Vaughan Williams y William Walton, harían también importantes contribuciones en este campo.
Aunque hasta la II Guerra Mundial las películas eran de temas muy variados, la música compuesta para la mayoría de ellas estaba profundamente enraizada en el mundo de los clásicos románticos de finales del siglo XIX, y requería grandes orquestas. Alguna vez se compuso un concierto de cámara, una ópera o un ballet para el cine, como es el caso de Richard Addinsell con el Concierto de Varsovia para Aquella noche en Varsovia (1941), de Brian Desmond Hurst, Korngold con su Concierto para violonchelo en do para Deception (1946), de Irving Rapper, Brian Easdale con su ballet Las zapatillas rojas (1948), y Nino Rota con la ópera Glass Mountain (1949).
Durante la posguerra, la música de cine se distanció de las pesadas partituras sinfónicas, dando paso a una nueva generación de compositores, algunos de ellos procedentes de la llamada música ligera y del jazz. Entre éstos cabe mencionar a Elmer Bernstein, Georges Delerue, Ernest Gold, Maurice Jarre, Henry Mancini, Mario Nascimbene, Alex North, Leonard Rosenmann, Lawrence Rosenthal y Lalo Schifrin; entretanto otros compositores, como John Barry, Richard Rodney Bennett, Jerry Goldsmith y John Williams esperaban una oportunidad, algunos de ellos haciendo música para la television, considerada por entonces una amenaza a la industria del cine.
A mediados de la década de 1950, el gran público comenzó a tomar más en cuenta la música de las películas, cambio de actitud que los estudios rentabilizaron animando a sus compositores a escribir temas vendibles, melodías y canciones que pudieran editarse en disco. Por ejemplo, la canción 'Moon River', de Johnny Mercer y Henry Mancini para Desayuno con diamantes (1961), de Blake Edwards, vendió más de un millón de copias. Los estudios también se apresuraron a utilizar el poder creciente de la música pop y cantantes como Elvis Presley, Cliff Richard o The Beatles hicieron una serie de películas. También por aquellos años se mejoraron técnicamente los sistemas de grabación sonora, lo que se haría evidente en los grandes filmes épicos de las décadas de 1950 y 1960, como La túnica sagrada (1953, Henry Koster), Ben Hur (1959, William Wyler) o Barrabás (1962, Richard Fleischer). En la década de 1960 la aparición de las películas de James Bond, con tema de Monty Norman, la efectiva composición musical de John Barry subrayando las escenas de acción, así como los spaghetti western de Sergio Leone, con su características bandas sonoras de Ennio Morricone, y que silbaba el español Kurt Savoy, al que se conocía como el rey del silbido darían nuevo impulso a la música de cine y a su apreciación por parte del público. También en aquellos años, Stanley Kubrick causó un gran impacto con su película 2001: una odisea del espacio (1968), en cuya banda sonora figuraba el tema Así habló Zaratustra de Richard Strauss, el Réquiem y Lux Aeterna de György Ligeti, y el vals Danubio azul de Johann Strauss.
A lo largo de los años, las películas han demostrado ser vehículos de difusión muy eficaces para la música, y han convertido en clásicos algunos temas, como los incluidos en las películas: Cantando bajo la lluvia (1952, Staley Donen), Carmen Jones (1954, Otto Preminger), El rey y yo (1956, Walter Lang), West Side Story (1961, Jerome Robbins y Robert Wise), My Fair Lady (1964, George Cukor), Mary Poppins (1964, Robert Stevenson), Sonrisas y lágrimas (1965, Robert Wise), Oliver (1968, Carol Reed), El violinista en el tejado (1971), Jesucristo Superstar (1972), ambas de Norman Jewison, El padrino (1972, Francis Ford Coppola), Romeo y Julieta (1966, Paul Czinner) o Amarcord (1974, Federico Fellini), las tres últimas del genial Nino Rota. Todas ellas ayudaron a atraer a los espectadores nuevamente a las salas de cine.
Entre las óperas que han sido filmadas están Carmen de Bizet, Romeo y Julieta de Delius, Payasos de Leoncavallo, El Medium de Menotti, Don Giovanni y La flauta mágica de Mozart, Los cuentos de Hoffmann de Offenbach, Eugenio Onegin de Chaikovski, La Traviata y Otello de Verdi y Parsifal de Wagner.
Las décadas de 1970 y 1980 estuvieron dominadas por las películas fantásticas de Steven Spielberg y George Lucas. El éxito arrollador que tuvieron sus películas dieron a conocer en todo el mundo al compositor de sus temas musicales John Williams. En este periodo también apareció el sintetizador y un número creciente de cineastas se inclinó por las partituras electrónicas (debido quizá más a razones presupuestarias que artísticas); compositores como Vangelis, Wendy Carlos o Hans Zimmer consiguieron grandes éxitos. Sin embargo, la composición orquestal no está definitivamente muerta y compositores como Michael Kamen y Alan Silvestri han logrado combinar de manera efectiva la música electrónica con la música instrumental.
El comienzo de la década de 1990 ha visto surgir toda una generación de películas de efectos especiales que han dado como resultado composiciones muy imaginativas de jóvenes autores como Danny Elfman, Brad Fiedel o Elliott Goldenthal. En esta década también se está produciendo la tímida incorporación de la mujer a la composición musical para películas, un área hasta ahora exclusivamente masculina; entre las compositoras más conocidas se encuentran Anne Dudley o Rachel Portman.