| Judíos | Vista del artículo | ||||
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| 3. | La monarquía |
Con la ascensión al trono de Saúl, el primer rey israelita, en c. 1030 a.C. se logró crear una verdadera entidad política. Luego, con David, sucesor de Saúl, el reino se engrandeció.
| 1. | El reinado de David |
Tanto en la religión como en la historia judía, David ocupa el segundo lugar en importancia, sólo después de Moisés. Es considerado como el verdadero fundador de Israel, el auténtico forjador del sistema religioso y político que se había anunciado en el monte Sinaí. David logró dominar Jerusalén, la fortaleza mejor defendida de toda Palestina, y la convirtió en la capital de su reino. Bajo su mando, el ejército israelita doblegó el poder de los filisteos y conquistó Edom, Amón y Moab. El rey David estableció los servicios religiosos y la misión del clero. Con él, la religión de Israel pasó a ocupar un papel de primer orden en Palestina. A su muerte, todos los territorios que rodeaban el reino de Israel estaban sometidos o sujetos a tratados de amistad.
| 2. | El reinado de Salomón |
Salomón, hijo y sucesor de David, es conocido, entre otras muchas cosas, por haber mandado construir el Templo de Jerusalén, símbolo de la gloria y del esplendor israelita. Salomón fue un dirigente muy poderoso; trajo la prosperidad a su pueblo gracias al correcto manejo que hizo de los tesoros que le dejara su padre como herencia, al logro de una administración unificada de su reino y al impulso que dio al comercio y a la industria mediante la apertura de rutas comerciales que comunicaban con África, Arabia y Asia Menor. Salomón también trató de asegurar la posición política de su reino contrayendo matrimonio con mujeres que tuvieran influencia en los reinos vecinos. Sin embargo, su comportamiento como rey, así como su elaborado plan de construcción (algunas de cuyas muestras se han descubierto en investigaciones arqueológicas en Meguido, Israel, realizadas entre 1925 y 1939 y después de la II Guerra Mundial) han demostrado que los costes que tuvo que pagar en términos económicos y humanos fueron muy altos. Los trabajos forzados y los elevados impuestos provocaron insatisfacción y resentimiento entre la población, y generaron una fuerte inestabilidad política. En el sureste, Edom organizó una revuelta que tuvo éxito; Damasco, en el noroeste, se independizó de la influencia israelita. El sentimiento de opresión por la sujeción a las leyes de Salomón, y su estilo de vida tan refinado, entraban en contradicción con las austeras tradiciones nómadas de la religión israelita y su ideal democrático. Como resultado de esto, después de la muerte de Salomón, alrededor del año 931 a.C., el reino se dividió.
| 3. | El reino dividido |
Muerto Salomón, volvió al país un antiguo funcionario suyo, Jeroboam, quien había vivido exiliado en Egipto después de una fallida conspiración para asesinar al rey. Jeroboam encabezó una comisión petitoria de reformas a Roboam, hijo y sucesor de Salomón. Durante las luchas que siguieron al rechazo de las mismas, Jeroboam recibió el apoyo del faraón egipcio Sheshonk I, que en la Biblia recibe el nombre de Sisak (que reinó entre 946-913 a.C.). Sisak invadió y saqueó el reino de Reoboam y despojó el Templo de sus tesoros. El reino se dividió y el líder rebelde se transformó en rey, bajo el nombre de Jeroboam I. Su reino comprendía la zona norte del antiguo reino, lo que más tarde se conocería como el reino de Israel. De acuerdo con la tradición bíblica, sus habitantes formaban parte de diez de las doce tribus, dejando fuera a Judá y a Benjamín. Reoboam gobernó sobre la zona meridional del reino, conocido más tarde como reino de Judá; con aproximadamente 775 km2 de extensión, su importancia se redujo a un papel secundario. Se establecieron santuarios separados en Dan y en Betel, en Israel. A pesar de que ambos estados mantenían un sentimiento de parentesco, quedaron políticamente divididos.
Durante los dos siglos siguientes, la historia judía se reduce a una serie de luchas entre pequeños estados, como Israel, Judá, Moab, Edom y Damasco, que constantemente peleaban entre sí. En los primeros años del siglo IX a.C., y bajo el reinado del rey Omrí, Israel se transformó durante un tiempo en una potencia (Omrí reinó entre c. 885-874 a.C.). Este monarca estableció la capitalidad de Israel en la ciudad de Samaria aproximadamente en el 877 a.C.; bajo su reinado se vivió un periodo de paz. Cuando ascendió al poder Ajab, su hijo y sucesor, Israel se vio sacudido por luchas internas, producto de una cuestión tan vital como era la religión. La mujer de Ajab, Jezabel, princesa de Tiro, trató de incorporar el dios fenicio Melkart a la religión de Israel. Mucho tiempo antes se habían estado introduciendo distintas influencias idólatras en los dos reinos hebreos, pero la osadía de Jezabel causó fuertes protestas entre el pueblo. El descontento tenía carácter político y religioso a la vez, pues en el sistema ético de la ley mosaica, gobierno y culto tenían peso similar, y ello podía dar lugar a que la autocracia fuera considerada como un grave pecado. Una serie de profetas se encargaron de agitar las conciencias de los israelitas. En el reino del norte, Elías, Eliseo, Amós y Oseas hicieron un llamamiento en favor de la vuelta a los severos principios democráticos del desierto. En Judá, Isaías y Miqueas condenaban enérgicamente la idolatría y la ostentación de las riquezas. A los conflictos religiosos se añadieron los militares. En el siglo VIII a.C., el poder de los asirios creció hasta llegar a dominar Oriente Próximo, avanzando hasta las fronteras de los estados en conflicto, para quienes la invasión y el desastre resultaron inevitables.
Los asirios habían intentado conquistar la antigua Palestina durante más de un siglo. En el 853 a.C. la primera gran invasión asiria, liderada por el rey Salmanasar III (que reinó entre c. 859-824 a.C.), fue derrotada en la batalla de Karkar por una coalición de pequeños estados, entre los que se incluía Israel, dirigidos por el rey de Damasco, Ben-Hadad I (fallecido c. 841 a.C.). Asiria se retiró momentáneamente, pero sus fuerzas no cesaron de hostilizar las fronteras palestinas. En el 734 a.C., cuando las luchas interminables entre los ya muy debilitados estados palestinos imposibilitaron su unión para formar una coalición, el rey asirio Teglatfalasar III (que reinó entre 745-727 a.C.) se puso al frente de un ejército que invadió y conquistó Israel. Sólo una fortaleza en Samaria pudo soportar el asedio hasta 722-721 a.C., año en que las tropas asirias finalmente lograron tomar la ciudad. El reino de Israel quedó destruido y muchos de sus habitantes partieron hacia el destierro; desde ese momento se los conocería como las tribus perdidas. Samaria fue repoblada con inmigrantes procedentes de Mesopotamia, que rápidamente adoptaron la religión israelita y se convertirían en la secta conocida como samaritanos. A pesar de que el reino de Judá pasó a ser tributario de Asiria, mantuvo su independencia nominal durante otros 135 años.
| 4. | La caída de Jerusalén a manos de Nabucodonosor |
Durante el siglo siguiente, Judá logró mantener su identidad, mientras que la hegemonía en el Oriente Próximo oscilaba entre los asirios y los egipcios hasta la aparición del imperio neobabilónico. Sin embargo, el reino de Judá se negó a someterse a los caldeos, a diferencia de lo que había sucedido con los asirios. En el 598 a.C. Nabucodonosor II, soberano de Babilonia, declaró la guerra al reino de Judá y conquistó Jerusalén. La mayoría de los nobles, guerreros y artesanos de Judea fueron hechos prisioneros y llevados a Babilonia. El rey Nabucodonosor nombró al príncipe de la casa de David, Sedecías, rey de Judá, quien se rebeló contra los neobabilonios. En el 587-586 a.C el ejército de Nabucodonosor destruyó Judá y arrasó su capital, Jerusalén. Todos los habitantes considerados potenciales líderes de revueltas fueron deportados a Babilonia. Otro grupo huyó a Egipto, llevándose al profeta Jeremías, a pesar de sus protestas. Sólo permanecieron en Judá los campesinos más pobres bajo la gobernación de Godolías. La cautividad de Babilonia marcó el fin de la independencia política del antiguo Israel.