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Catacumbas

Catacumbas, cámaras y galerías subterráneas utilizadas como enterramientos por algunas civilizaciones mediterráneas antiguas. Las más conocidas son las que utilizaron los primeros cristianos de Roma. El grupo más importante estaba situado a las afueras de esa ciudad. En un principio los romanos enterraban a los difuntos en catacumbas familiares, extramuros de la ciudad, que estaban protegidas por la ley. Más tarde optaron por la cremación, aunque los cristianos siguieron utilizando el antiguo procedimiento. Las llamaban koimetaria ('dormitorios'), ya que para ellos la muerte era un sueño hasta el momento de la resurrección. A partir del siglo III las catacumbas fueron administradas por la Iglesia.

En su expresión más simple, se componían de varios pasadizos y cámaras organizadas en cuadrícula. Las oquedades (loculi) se horadaban en los muros, unas encima de otras, para recibir los cuerpos de uno, dos, tres y hasta cuatro miembros de una misma familia. Si la persona era relevante, se colocaba en un ataúd de piedra, o sarcófago tallado, que se depositaba en un nicho. Además, las paredes se pintaban con símbolos cristianos, como el pez, el cordero o el ancla, o con ilustraciones de la Biblia. Las tumbas de los mártires se situaban en cámaras separadas que servían como altares. Al aumentar el número de cristianos, las tumbas se multiplicaron y acabaron convirtiéndose en auténticas colmenas. Cuando se agotaba un nivel se excavaba otro, y así se llegó a alcanzar en algún lugar hasta cinco sótanos superpuestos.

Durante las épocas de persecución, las catacumbas se convirtieron en refugios al estar protegidas por la ley, y allí se construyeron capillas subterráneas donde se reunían los fieles cuando las basílicas e iglesias eran destruidas. A mediados del siglo III, tras una persecución sumamente cruel que incluyó la entrada de soldados en las catacumbas y su saqueo, los creyentes destruyeron las entradas conocidas y abrieron otras secretas.

Las persecuciones terminaron cuando el emperador romano Constantino el Grande otorgó un rango legar al culto cristiano a comienzos del siglo IV. Poco después, el papa Dámaso I comenzó una profunda reconstrucción de los pasadizos. En el siglo V las sepulturas fueron trasladadas a los cementerios al aire libre próximas a las iglesias. Las catacumbas, y en especial las tumbas de los mártires, se convirtieron en lugar de peregrinación. Cuando Roma sufrió invasiones bárbaras, las catacumbas fueron ocupadas de nuevo para evitar profanaciones, las entradas se sellaron y las reliquias de los mártires se llevaron a lugares más seguros. A partir del siglo XVI las catacumbas, que estaban abandonadas, fueron restauradas poco a poco por la Iglesia católica.