Resurrección
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Resurrección
3. Doctrinas cristianas

La fe de los cristianos en la resurrección de los muertos se basa en el acontecimiento de la resurrección de Cristo que los apóstoles entendían como testimonio y como garantía de la resurrección de cada individuo. Los Evangelios contienen el relato de la resurrección de Cristo.

La doctrina cristiana relativa a la resurrección se basa en varios pasajes ampliados del Nuevo Testamento. En ellos, la resurrección de los muertos se atribuye al mismo Cristo, que completará así su obra de redención de la especie humana. Todos los muertos resucitarán para ser juzgados, 'aquellos que han hecho el bien' llegaran 'a la resurrección de la vida; y aquellos que han hecho el mal, a la resurrección del juicio' (Jn. 5, 29). La resurrección tendrá lugar en el último día, anunciado por el sonido de una trompeta. En cuanto al carácter del cuerpo resucitado, nada se enseña de forma explícita en la Biblia, salvo que será a imagen y semejanza de Cristo. La posibilidad de una resurrección física era, de forma evidente, tema de discusión entre los primitivos cristianos y san Pablo argumentó con fuerza a favor de la resurrección basándose en hechos del mundo natural que parecen menos misteriosos. Los pasajes relacionados con esta doctrina son Jn. 5, 21-29, 6, 39-40, 11, 25-26; 1 Cor. 15; 1 Tes. 4, 14-16; y Ap. 20,12.

Los gnósticos y los maniqueos, que fueron condenados por la Iglesia antigua por herejes, negaron la resurrección del cuerpo, manteniendo el carácter puro y espiritual de la vida posterior. La doctrina católica de la resurrección fue desarrollada por los teólogos san Agustín de Hipona, san Jerónimo y Tertuliano, quienes exaltaron la resurrección de la carne. Un tercer punto de vista, representado en épocas antiguas por el teólogo cristiano del siglo III Orígenes y en el siglo XIX por el teólogo alemán protestante Richard Rothe, afirma que no se entiende la personalidad perfecta en el cielo sin la asunción de un cuerpo, y que éste es, sin embargo, espiritual.