| Conejos y liebres | Vista del artículo | ||||
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| 3. | Características comunes |
Los conejos y las liebres se distribuyen por todo el mundo y comparten algunas características comunes. Suelen ser de color castaño, gris o blanco; algunas formas norteñas tienen una capa blanca en invierno y recuperan la capa oscura en verano. Presentan una hendidura en la mitad del labio superior. Las orejas son más largas que anchas en todas las especies. Poseen cinco dedos con garras. Las extremidades posteriores son mucho más largas que las anteriores y están adaptadas para la carrera. Aunque inermes, poseen un oído y un olfato bien desarrollados que les protegen frente a los depredadores, a la vez que sistemas de alarma como el tamborileo. Algunos realizan carreras cortas y enseguida buscan una madriguera para refugiarse; otros conejos y liebres son grandes corredores que se lanzan a espacios abiertos donde pueden alcanzar 70 km/h de velocidad.
Ambos grupos son muy prolíficos, paren una camada numerosa, entre tres y ocho crías, y se reproducen entre cuatro y ocho veces al año; el periodo de gestación dura cerca de un mes, las crías alcanzan la madurez sexual a los seis meses de edad y su longevidad es de unos diez años. Estos animales, que pesan entre uno y cinco kilogramos, y miden entre 30 y 60 cm de longitud, se alimentan de materia vegetal, incluida la corteza de los árboles. Su hábitat preferido son zonas de suelo suelto y seco que les permita excavar sus madrigueras, y con matorral suficiente que les ofrezca refugio. Los conejos y las liebres son especies cinegéticas importantes, muy apreciadas por su piel y su carne; sin embargo, también constituyen plagas para la agricultura en algunos lugares y pueden destrozar plantaciones de árboles y cultivos enteros.