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Literatura australiana
1. Introducción

Literatura australiana, literatura escrita por los habitantes angloparlantes de Australia.

La literatura australiana ha desarrollado ciertas cualidades bien definidas: el amor por un país enorme y vacío, por su flora y fauna únicas, el sentido del valor de la gente normal y corriente, y la libertad ante las limitaciones de las tradiciones europeas. Aunque la lengua inglesa no ha sufrido transformaciones radicales en Australia, ha quedado sometida a cambios de estilo con préstamos léxicos llenos de color; cambios sobre los que los australianos se avergonzaron hace tiempo pero que ahora consideran algo dinámico y valioso. De hecho, han aparecido varios estudios sobre las transformaciones del inglés en Australia.

2. Poesía

Entre los primeros poemas publicados en Australia figura Primeros frutos de la poesía australiana (1819), de Barron Field, un inglés emigrado. Cuatro años después el fundador del autogobierno colonial australiano William Charles Wentworth, nativo de Australia, publicó Australasia, una oda, que se cita invariablemente como la primera expresión poética del espíritu nacional. Sin embargo, hasta la época de Henry Clarence Kendall, nacido en Australia, y Alan Lindsay Gordon, un inmigrante inglés, la poesía australiana no tuvo un significado auténtico. Kendall, llamado a menudo el poeta nacional, desarrolló un lenguaje personal que pretendía ocuparse de los asuntos australianos, como demuestra en Canciones de las montañas (1880).

Posteriormente destacaron Bernard O'Dowd, cuyos poemas son didácticos y retóricos. Junto a él estaba Christopher Brennan con una obra dentro de la tradición simbolista, y Shaw Nelson, considerado por algunos críticos como el mejor poeta de esta época de principios de siglo. El periodista y abogado Andrew Barton Paterson dio impulso a baladas muy populares recogidas en El hombre del río de la nieve (1917). La obra de Kenneth Slessor, escrita entre 1919 y 1939, incluye poemas esteticistas junto a divertidas escenas realistas. Otros distinguidos poetas modernos son Judith Wright, que consiguió reputación internacional, y David Malouf, que también escribió narrativa.

3. Narrativa

Las primeras narraciones cuya acción tiene lugar en Australia se publicaron a mediados del siglo XIX, como Geoffrey Hamlym (1859), de Henry Kingsley, que originó la novela de la vida de los pastores australianos. Por su parte, Marcus Andrew Hislop Clarke publicó, en 1874, una novela sobre la época de los presidiarios enviados a la colonia dentro del estilo realista de Charles Dickens.

Entre los autores que escribieron en las primeras décadas del siglo XX, Henry Lawson destaca como escritor de relatos muy breves en los que se identificaba con la clase trabajadora. Miles Franklin es conocida por su novela feminista Mi brillante carrera (1901). Katharine Susannah Prichard interpreta la vida en Australia en términos de lucha de clases.

Uno de los más distinguidos estilistas dentro de la narrativa australiana fue Frank Dalby Davison, conocido básicamente por sus relatos sobre animales, como Novilla blanca (1934). Eleanor Dark escribió excelentes novelas históricas, en especial La tierra sin tiempo (1941), que trata del descubrimiento de Australia.

El escritor australiano de esta época más conocido en el exterior fue Henry Handel Richardson, seudónimo de una mujer cuya novela más notable fue El invitado de Maurice (1908), aunque su trilogía La vida y fortuna de Richard Mahony (1917, 1925 y 1929) es su obra más apreciada.

Otra de las escritoras australianas del siglo XX que disfruta de fama fuera de su país es Kylie Tennant, cuya primera novela, Tiburón (1935), supuso un gran logro. La condenada feliz (1953), una novela que trata de las mujeres trabajadoras de los barrios bajos de Sydney, es la más conocida de sus obras posteriores.

La figura más importante entre los novelistas australianos fue Patrick White, el primer australiano que ganó el Premio Nobel de Literatura (1973). Su El árbol del hombre (1954), situada en la espesura australiana, es un intento ambicioso de describir el coraje, la dignidad y la soledad esencial de las personas que viven en las granjas aisladas. Tierra ignota, escrita en 1957, es una novela sobre un explorador alemán que trata inútilmente de alcanzar el remoto interior del continente. Novelas suyas, como Las esferas del Mandala (1966) y El foco de la tempestad (1973), otro de sus poderosos estudios de personajes, también alcanzaron el favor de los lectores fuera de Australia.

John Cleary, autor de Atardeceres (1952), obtuvo un éxito considerable. John O'Grady, con el seudónimo de Nino Culotta, escribió Son un grupo extraño (1957), una novela cómica que fue una de las más vendidas de toda la literatura australiana. Otra novela de gran éxito internacional fue El pájaro espino (1977), de Colleen McCullough, una saga familiar. Fama mundial obtuvieron Christine Stead y Morris West. La mejor novela de Stead fue una descripción amarga de un fracaso matrimonial, El hombre que quería a los niños (1940). West escribió varias obras de gran éxito internacional, entre ellas El abogado del diablo (1959) y Las sandalias del pescador (1963). Thomas Keneally, recibió gran atención por El canto de Jimmie Blacksmith (1972), la historia de una venganza aborigen, y El arca de Schindler (1982). Otros importantes novelistas recientes son Elizabeth Jolley, cuya La herencia de la señorita Peabody (1984) suscitó interés fuera de Australia; lo mismo que ocurrió con David Malouf autor, entre otras obras, de Una vida imaginaria (1978), considerada una de las diez mejores novelas australianas de todos los tiempos; y con Peter Carey, escritor muy traducido entre cuyas novelas destacan especialmente Bendito Harry (1981) y Oscar y Lucinda (1988).

4. Otros géneros

Aunque el teatro floreció en Australia desde los primeros tiempos y los actores australianos tuvieron carreras brillantes en los escenarios de su país, en los de Nueva York y en los de Londres, los dramaturgos que se puedan comparar en alcance y dominio a los narradores y poetas han sido escasos. Louis Esson se cita habitualmente como el escritor australiano que se dedicó de modo más consistente al teatro, pero muchos otros, antes y después de él, han contribuido también a crear una tradición teatral. En 1954, El verano del diecisiete, de Ray Lawler, un drama sobre los trabajadores en una plantación de caña de azúcar, con auténticos diálogos de carácter local, consiguió un éxito notable. A partir de la II Guerra Mundial, se han representado obras de autores nativos en los escenarios australianos; este creciente interés por el teatro va en paralelo con la importancia de las producciones cinematográficas australianas que se iniciaron en la década de 1970. Un joven dramaturgo prometedor es Alexander Buzo; su obra Con raíces tuvo mucho éxito en 1972.

El escritor A. G. Stephens tuvo fama como crítico literario, y el educador y antólogo de origen escocés, Walter Murdoch, se dio a conocer en el mundo entero como ensayista. La opinión literaria actual cuenta con importantes publicaciones y la literatura australiana hoy es reconocida como objeto de estudio en las instituciones académicas.