Literatura australiana
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Literatura australiana
3. Narrativa

Las primeras narraciones cuya acción tiene lugar en Australia se publicaron a mediados del siglo XIX, como Geoffrey Hamlym (1859), de Henry Kingsley, que originó la novela de la vida de los pastores australianos. Por su parte, Marcus Andrew Hislop Clarke publicó, en 1874, una novela sobre la época de los presidiarios enviados a la colonia dentro del estilo realista de Charles Dickens.

Entre los autores que escribieron en las primeras décadas del siglo XX, Henry Lawson destaca como escritor de relatos muy breves en los que se identificaba con la clase trabajadora. Miles Franklin es conocida por su novela feminista Mi brillante carrera (1901). Katharine Susannah Prichard interpreta la vida en Australia en términos de lucha de clases.

Uno de los más distinguidos estilistas dentro de la narrativa australiana fue Frank Dalby Davison, conocido básicamente por sus relatos sobre animales, como Novilla blanca (1934). Eleanor Dark escribió excelentes novelas históricas, en especial La tierra sin tiempo (1941), que trata del descubrimiento de Australia.

El escritor australiano de esta época más conocido en el exterior fue Henry Handel Richardson, seudónimo de una mujer cuya novela más notable fue El invitado de Maurice (1908), aunque su trilogía La vida y fortuna de Richard Mahony (1917, 1925 y 1929) es su obra más apreciada.

Otra de las escritoras australianas del siglo XX que disfruta de fama fuera de su país es Kylie Tennant, cuya primera novela, Tiburón (1935), supuso un gran logro. La condenada feliz (1953), una novela que trata de las mujeres trabajadoras de los barrios bajos de Sydney, es la más conocida de sus obras posteriores.

La figura más importante entre los novelistas australianos fue Patrick White, el primer australiano que ganó el Premio Nobel de Literatura (1973). Su El árbol del hombre (1954), situada en la espesura australiana, es un intento ambicioso de describir el coraje, la dignidad y la soledad esencial de las personas que viven en las granjas aisladas. Tierra ignota, escrita en 1957, es una novela sobre un explorador alemán que trata inútilmente de alcanzar el remoto interior del continente. Novelas suyas, como Las esferas del Mandala (1966) y El foco de la tempestad (1973), otro de sus poderosos estudios de personajes, también alcanzaron el favor de los lectores fuera de Australia.

John Cleary, autor de Atardeceres (1952), obtuvo un éxito considerable. John O'Grady, con el seudónimo de Nino Culotta, escribió Son un grupo extraño (1957), una novela cómica que fue una de las más vendidas de toda la literatura australiana. Otra novela de gran éxito internacional fue El pájaro espino (1977), de Colleen McCullough, una saga familiar. Fama mundial obtuvieron Christine Stead y Morris West. La mejor novela de Stead fue una descripción amarga de un fracaso matrimonial, El hombre que quería a los niños (1940). West escribió varias obras de gran éxito internacional, entre ellas El abogado del diablo (1959) y Las sandalias del pescador (1963). Thomas Keneally, recibió gran atención por El canto de Jimmie Blacksmith (1972), la historia de una venganza aborigen, y El arca de Schindler (1982). Otros importantes novelistas recientes son Elizabeth Jolley, cuya La herencia de la señorita Peabody (1984) suscitó interés fuera de Australia; lo mismo que ocurrió con David Malouf autor, entre otras obras, de Una vida imaginaria (1978), considerada una de las diez mejores novelas australianas de todos los tiempos; y con Peter Carey, escritor muy traducido entre cuyas novelas destacan especialmente Bendito Harry (1981) y Oscar y Lucinda (1988).