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Jean Baptiste Racine
1. Introducción

Jean Baptiste Racine (1639-1699), dramaturgo francés, considerado el mejor escritor de teatro clásico francés.

Nació en La Ferté-Milon, el 22 de diciembre de 1639, hijo de un recaudador de impuestos. Estudió en Beauvais, uno de los conventos jansenistas de Port-Royal y en el Collège d’Harcourt de París. Racine consagró su vida la ética y al estudio de las obras de los clásicos griegos y romanos (véase Literatura latina; Literatura griega). Leía y anotaba con fluidez a sus autores favoritos, Eurípides y Sófocles, en su versión griega original.

Durante sus años de estudiante en París, en 1658, Racine compuso poesía convencional y entabló amistad con importantes figuras literarias, como el poeta francés Jean de la Fontaine. Debido a presiones familiares, abandonó París en 1661 y comenzó a estudiar para sacerdote en la ciudad de Uzès. Regresó a París en 1662 o 1663, dispuesto a seguir su carrera literaria, y pronto logró hacerse un lugar entre los escritores más famosos de la época, como Molière, Pierre Corneille y Nicolas Boileau-Despréaux, el último de los cuales ejerció una especial influencia en su obra. La primera obra de Racine, La Tebaida, fue interpretada en el Palacio Real por miembros de la compañía de Molière en 1664, y su segunda obra, Alejandro, se estrenó al año siguiente. Convencido de que el montaje de esta segunda obra no había sido el adecuado, Racine la representó nuevamente con la compañía rival en el Hôtel de Bourgogne, compañía con la que en lo sucesivo produjo todas sus obras.

2. Las tragedias

Durante los diez años siguientes, escribió siete grandes tragedias consideradas obras maestras, todas ellas adaptaciones de obras griegas y romanas. Éstas fueron las tragedias Andrómaca (1667), Británico (1669), Berenice (1672), Mitrídates (1673), Ifigenia en Áulide (1674) y Fedra (1677). El éxito de Fedra se vio obstaculizado por los enemigos de Racine, que encargaron a un poeta menor francés, Nicolas Padron, escribir una Fedra rival que obtuvo mayor éxito que la versión del primero. A excepción de su única comedia, Los pleiteantes (1668), una sátira sobre los abogados ambientada en el París de la época; todas las obras de Racine se basan en héroes y heroínas de la antigüedad, adaptando su lenguaje y emociones a la Francia del siglo XVII. Sus últimas obras dramáticas fueron las tragedias bíblicas Esther (1689) y Atalía (1691).

En 1672, Racine fue elegido miembro de la Academia Francesa (véase Instituto de Francia), cuando se encontraba en la cima de su éxito. Cinco años más tarde dejó de escribir teatro y se dedicó a la historia oficial, convirtiéndose en cronista de las campañas militares de Luis XIV. Racine murió el 21 de abril de 1699 en París.

Se le considera el principal exponente de la poesía clásica francesa escrita en versos alejandrinos. Sus siete tragedias más famosas figuran aún en el repertorio de la Comédie-Française, y la interpretación de sus principales personajes se ha convertido en la máxima prueba para un actor en Francia. Aunque sus dramas incluyen numerosas situaciones en las que afloran intensas pasiones humanas, su estricto formalismo neoclásico, desprovisto de toda emoción espontánea, ha llevado a algunos críticos a calificar su obra de fría y artificial.