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Santísima Trinidad

Santísima Trinidad, en la teología cristiana, doctrina que afirma la existencia de Dios como tres personas —Padre, Hijo y Espíritu Santo— unidas en una misma substancia o ser único. La doctrina no aparece con claridad en el Nuevo Testamento, donde la palabra Dios se refiere sin variación al Padre; aunque ya Jesucristo, el Hijo, es considerado en una relación única con el Padre, mientras el Espíritu Santo aparece además como una divinidad distinta.

El término trinitas fue utilizado por primera vez en el siglo II por el teólogo latino Tertuliano, aunque el concepto se perfiló en el curso de los debates sobre la naturaleza de Cristo. En el siglo IV la doctrina quedó formulada por completo; utilizando la terminología todavía usual entre los teólogos cristianos, afirmaba la igualdad de las personas de la Divinidad entre sí. En Occidente De Trinitate (400-416), la influyente obra del teólogo san Agustín de Hipona (siglo IV), comparaba el Dios uno y trino con estructuras análogas de la mente humana y sugería que el Espíritu Santo puede ser asimilado como el amor mutuo que media entre el Padre y el Hijo (aunque este segundo aspecto parece difícil de reconciliar con la creencia de que el Espíritu Santo es un integrante de la Trinidad, igual y distinto a la vez). La insistencia en la igualdad, sin embargo, nunca se ha considerado perjudicial respecto a una cierta primacía del Padre, de quien proceden las otras dos personas. Para una adecuada comprensión de la concepción trinitaria de Dios, las distinciones entre las personas de la Trinidad no deben estar tan definidas como para que llegue a parecer o sugerir una pluralidad de dioses, ni permitir que esas distinciones desaparezcan en un monismo abstracto e indiferenciado.

La doctrina de la trinidad puede comprenderse desde distintos planos o perspectivas. En uno ellos, constituye un medio para interpretar la palabra Dios en el discurso cristiano. Dios no es sólo una palabra dotada de sentido en el cristianismo y necesita una definición específica en la teología cristiana. Esta necesidad de una definición específica para los cristianos ya aparece en el Nuevo Testamento cuando Pablo dice: 'así se cuenten muchos dioses y muchos señores, sin embargo, para nosotros, no hay más que un sólo Dios, que es el Padre..., y un sólo Señor, Jesucristo' (1 Cor. 8, 5-6). Estas palabras constituyen el comienzo de un proceso de clarificación y definición, cuyo momento culminante es la doctrina de la Trinidad. En otro plano, esta doctrina puede ser considerada como una transcripción de la experiencia cristiana: el dios de la tradición hebrea se ha dado a conocer de una forma nueva, primero en la persona de Cristo, y después en el Espíritu que inspiró a la Iglesia. En un tercer plano, más especulativo, de comprensión, la doctrina revela el dinamismo de la concepción cristiana de Dios, implicando las nociones de un origen, una venida y un regreso (ser primordial, expresivo, y unitario). En este sentido la doctrina cristiana tiene paralelismos en la filosofía (el Absoluto del filósofo alemán del siglo XIX George Wilhelm Friedrich Hegel) y en otras religiones (el Trimurti del hinduismo).