Martín Lutero
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Martín Lutero
4. Las Guerras Campesinas

Lutero continuó enseñando y escribiendo en Wittenberg, pero pronto se vio envuelto en las disputas que rodearon a las denominadas Guerras Campesinas (1524-1526). Los líderes de dicha revuelta, sobre todo Thomas Münzer (fundador de la secta de los anabaptistas), justificaron sus demandas basándose, de forma errónea, en los escritos de Lutero y aunque éste apoyó muchas de sus aspiraciones políticas, consideró erróneos sus argumentos teológicos. Cuando los campesinos recurrieron a la violencia, los denunció y apoyó los esfuerzos de los príncipes por restablecer el orden. Más tarde repudió la dureza y la política vengativa adoptada por los nobles y su actitud hacia la guerra le hizo perder muchos amigos y seguidores. En 1525, en medio de esta controversia, contrajo matrimonio con Catalina de Bora, una antigua monja. El matrimonio fue feliz y su mujer se convirtió en una colaboradora importante durante el resto de su vida. Después de articular su teología básica en sus primeros escritos —De la libertad del cristiano (1519), Manifiesto a la nobleza cristiana de la nación alemana (1520), La cautividad de Babilonia (1520), De la esclavitud del arbitrio (1525)— publicó su libro más famoso, Pequeño catecismo (1529). Entre 1955 y 1976 se ha publicado la edición moderna de las obras de Lutero, que ocupa 54 volúmenes. Su Pequeño catecismo explica en un lenguaje sencillo y rico la teología de la Reforma evangélica comentando brevemente, en forma de preguntas y respuestas, temas tales como los Diez Mandamientos, el credo apostólico, el Padrenuestro, el bautismo y la eucaristía. Al prohibírsele asistir a la Dieta de Augsburgo por estar excomulgado, Lutero delegó la defensa de los reformadores, formulada en la Confesión de Augsburgo (1530), en su colega y amigo, el humanista Philip Melanchthon. En 1532 terminó su traducción del Antiguo Testamento. Mientras tanto, su influencia se extendió por el norte y el este de Europa, y su prestigio contribuyó a que Wittenberg se convirtiera en un centro intelectual. Su defensa de la independencia de los gobernantes respecto a la supervisión eclesiástica le ganó el apoyo de muchos príncipes, aunque después se interpretó de manera contraria a su intención original.