| Fuerzas navales | Vista del artículo | ||||
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| 2. | Desarrollo histórico |
El poder marítimo ha influido en la marcha de la historia desde tiempos remotos. Las fuerzas armadas organizadas aparecieron por primera vez en el Mediterráneo, donde Egipto, Fenicia, Persia, Grecia y Cartago mantuvieron flotas a lo largo de los siglos. Aunque Roma fuera sobre todo una potencia terrestre, construyó una flota durante las Guerras Púnicas (264-146 a.C.) y fue la potencia marítima romana la que acarreó la destrucción definitiva de Cartago. Sus barcos de guerra más primitivos eran las galeras, navíos propulsados por bancos de remos y la ayuda de velas. El arma principal de su dotación era una punta aguzada o espolón, para taladrar el costado del navío enemigo. Al espolón se añadían arqueros y hombres armados con espadas que intentaban la captura del barco enemigo mediante el abordaje. En el siglo VII los bizantinos desarrollaron el fuego griego, una substancia inflamable que se catapultaba sobre los barcos enemigos con el fin de incendiarlos. Aunque la galera reducía sus movimientos a las aguas protegidas, los vikingos utilizaron barcos bastante largos, movidos a remo, para precipitarse sobre presas incautas a lo largo de las costas atlánticas europeas.
| 1. | Defensa de las rutas marítimas |
La era de la exploración y el nacionalismo, que comenzó en el siglo XV, coincidió con el desarrollo de barcos a vela más grandes y manejables, así como con la invención de la pólvora y de los instrumentos de navegación, que abrieron a los marinos la posibilidad de aventurarse hasta perder de vista la costa. El descubrimiento de las rutas marítimas que conducían a India, China y las Indias en los siglos XV y XVI, aumentó el volumen del comercio, y las rivalidades nacionales por el control de esas rutas crearon la necesidad de las armadas. Hasta el fin del siglo XVIII Portugal, España, Holanda, Francia y Gran Bretaña se vieron comprometidas de una manera casi permanente en guerras marítimas, por el dominio de los mares y el control de las rutas comerciales, vitales para el contacto de las colonias ultramarinas con la metrópoli. Gran Bretaña resultó victoriosa en esa lucha y, tras derrotar a la flota combinada hispano-francesa en la batalla de Trafalgar en 1805, durante las Guerras Napoleónicas, mantuvo su hegemonía durante más de un siglo.
Durante las grandes contiendas marítimas y entrada ya la segunda mitad del siglo XIX, los barcos de guerra de madera se hicieron más grandes y mucho mejor armados, llegando a contar algunos de ellos con 120 cañones. Entonces se creó una jerarquía regular de oficiales navales profesionales, desde guardiamarina a almirante. También se crearon agencias gubernamentales como almirantazgos y departamentos de Marina, para la cada vez más compleja administración de esas armadas.
| 2. | De la vela al vapor |
La Revolución Industrial del siglo XIX transformó por completo el navío de combate. El vapor reemplazó a la vela como medio de propulsión, el hierro y después el acero sustituyeron al casco de madera, y el cañón rayado de retrocarga y largo alcance desplazó al cañón de avancarga (carga por la boca) de ánima lisa. La invención de la mina y el torpedo, así como el submarino, revolucionaron poco después la guerra en el mar.
La decisión alemana de desafiar el control británico de los mares fue una de las principales causas de la I Guerra Mundial (1914-1918). Se libraron varias batallas navales, y Alemania utilizó muy a menudo el submarino para atacar el comercio británico. En la II Guerra Mundial (1939-1945) los portaaviones y otros tipos de armas aéreas se convirtieron en los recursos dominantes en la guerra marítima. Se libraron batallas sin que las flotas contendientes llegaran a estar a la vista, mientras los bombarderos y los aviones torpedo causaban fuertes perdidas a los barcos de superficie. Como había sucedido durante la I Guerra Mundial, los submarinos alemanes se convirtieron en una amenaza para las líneas aliadas vitales a través del Atlántico. En el Pacífico los submarinos de la Marina de Estados Unidos causaron fuertes pérdidas en barcos a Japón, y le aislaron de las fuentes de las materias primas que necesitaba. El radar, así como otros avances en vigilancia electrónica y comunicaciones, también puestos en práctica durante la guerra, hicieron avanzar desde entonces la guerra en el mar.