Arqueología
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Arqueología
4. La nueva arqueología

La obra Estudio de la Arqueología (escrita en la década de 1940) del arqueólogo estadounidense Walter Taylor originó otra revolución, pero en este caso de diferente carácter; su autor expresaba el descontento que los antropólogos mostraban por la forma en que se desarrollaba la arqueología estadounidense, y proponía que la arqueología debería ir más allá de la mera clasificación y análisis de los objetos encontrados, para intentar conocer a la gente que los hizo; esta opinión arraigó en muchos jóvenes arqueólogos que intentaron investigar cómo y por qué se produjeron los cambios culturales, en vez de limitarse a describirlos y datarlos; éstos consideraban que la finalidad de la arqueología debía ser la formulación de las leyes del cambio cultural, lo que la convertiría además en una disciplina científica. En su opinión, la comprensión de los procesos de cambio cultural en una zona objeto de estudio arqueológico, proporcionaría unos principios básicos que podrían hacerse extensivos a otras áreas. El líder de este nuevo movimiento, Lewis R. Binford, trató este tema hacia 1960, dando inicio a la llamada ‘nueva arqueología’.

Sus características básicas son el uso explícito de la teoría evolucionista, la utilización de sofisticados conceptos culturales y ecológicos que en ocasiones requieren una aproximación interdisciplinar en el trabajo de campo y precisan de la informática para el análisis de los datos, y el uso de la teoría de sistemas. A pesar de que en las décadas de 1970 y 1980 ya se hizo evidente que la nueva arqueología había fracasado en su pretensión de convertir la arqueología en una ciencia generadora de leyes, no deben minimizarse las aportaciones que la década de 1960 hizo a esta disciplina, facilitando, en gran parte, la estructura de la arqueología actual.

En la década de 1970, arqueólogos europeos reconocieron que la cronología de la prehistoria establecida a partir del carbono 14 era incorrecta, debido a las imperfecciones del método. Se han propuesto otros sistemas cronológicos que han dado como resultado no sólo la datación de monumentos concretos sino además (según palabras del arqueólogo británico Colin Renfrew), “un nuevo enfoque del desarrollo cultural a lo largo de la prehistoria”. Anteriormente se consideraba que ciertos logros culturales, como el inicio de la metalurgia, habían sido irradiados desde un único punto de origen localizado en Oriente Próximo; en la actualidad se defiende la existencia de numerosos focos de irradiación cultural, dando lugar a la idea de que el hombre es mucho más innovador de lo que se creía en un principio.

Durante la década de 1980 y comienzos de la de 1990, los arqueólogos estadounidenses, australianos y neozelandeses han sido requeridos, de forma incesante, para que adapten sus estrategias de investigación a los deseos e intereses de los pueblos indígenas, que no sólo exigen la devolución de ciertos objetos y de restos humanos para volver a ser inhumados, sino también el respeto de sus valores culturales en las excavaciones que realizan. La adecuación de las estrategias científicas de investigación a la sensibilidad de las culturas tradicionales señala una nueva dirección en la actividad arqueológica y supone un desarrollo que apenas se contemplaba hace unas décadas, cuando se consideraba que la rígida objetividad científica dominaría en breve plazo la arqueología.