Escatología
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Escatología
3. Creencias judías y cristianas

En el primitivo Israel, el Día de Yahvé se concebía como algo venidero, en el que se establecía una batalla que decidiría el destino de la gente. A pesar de que la gente lo esperaba como un día de victoria, profetas como Amos, Oseas, Isaías, Miqueas, Sofonías y Jeremías temieron que pudiera traer la completa o casi completa destrucción, asociándolo a la creciente amenaza militar de Asiria. Para Jeremías, el pronóstico del juicio era el criterio de la verdadera profecía. Más tarde, en los libros que contenían sus declaraciones se intercalaron profecías de prosperidad, que constituían signos significativos de esperanzas escatológicas. El libro de Daniel expresaba la esperanza de que el reino del mundo sería dado a los santos del Más Alto, el pueblo judío. Después de la destrucción de la bestia representada por los reinos helénicos del Próximo Oriente, se promete que un representante del cielo, acaso el arcángel Miguel, descenderá de las nubes y recibirá el imperio del mundo. No aparece ningún Mesías en esta profecía. La primera aparición clara de este libertador se encuentra en la Canción de Salomón.

Después de la conquista de Palestina por el general romano Pompeyo el Grande en el 63 a.C., los judíos anhelaron un descendiente de la línea de David, rey de Israel y Judea, que rompería el yugo romano, establecería el imperio de los judíos y gobernaría como un rey justo sobre las naciones sometidas. Este deseo llevó finalmente a la rebelión que se produjo en los años 66-70 d.C. y que supuso la destrucción de Jerusalén. Cuando Cristo proclamó la llegada del reino del cielo, resultó natural, por lo tanto, que a pesar de su negación, algunos consideraran que reclamaba ser rey de los judíos. Sus discípulos estuvieron convencidos de que regresaría como el Mesías de las nubes del cielo. Sin embargo, es poco probable que el juicio final y la llegada de la muerte fueran concebidos como potestades o atributos del Mesías por un adepto de la fe judía.

En la doctrina cristiana la escatología engloba la segunda venida de Cristo o parusía, la resurrección de la muerte, el juicio final, la inmortalidad del alma, la idea del cielo y del infierno, y la culminación del reino de Dios. En la Iglesia católica apostólica romana, la escatología comprende, además, la visión beatífica, el purgatorio y el limbo de los justos.

Aunque los grandes credos de la cristiandad afirman la fe en un regreso del Hijo de Dios para juzgar a los vivos y a los muertos, y en una resurrección de lo justo y de lo injusto, el cristianismo ha mostrado a lo largo de los siglos grandes variaciones en su interpretación de la escatología. La creencia conservadora ha insistido en resaltar el destino de una persona después de la muerte y el modo en que la creencia en una vida futura afecta a la actitud ante la vida terrenal. Algunas sectas han vaticinado el fin del milenio, el inminente fin del mundo.

El islam adoptó del judaísmo y del cristianismo la doctrina de un juicio venidero, la resurrección de la muerte, y los castigos y premios eternos. Más tarde, el conocimiento del pensamiento persa enriqueció mucho la escatología islámica. De especial importancia era la creencia en la reencarnación de algún gran profeta del pasado. Una y otra vez el mundo islámico se ha visto agitado por la esperanza de la llegada del Mahdí, el Mesías musulmán, que revelara la verdad y llevara a los fieles a mejores condiciones sociales en la vida terrenal. En Irán y África proliferaron numerosos movimientos con estas características.