| Vista de búsqueda | África | Vista del artículo |
| 1. | Introducción |
África, tercer continente más grande de la Tierra, con islas adyacentes, que ocupa una superficie de unos 30.243.910 km², alrededor del 20% del total de la masa terrestre. Bañado por las aguas del océano Atlántico al oeste y del Índico al este, está separado de Europa y Asia por el estrecho de Gibraltar y el mar Mediterráneo, al norte, y por el canal de Suez y el mar Rojo, al noreste. La población del continente en 2008 es de 955.006.740 habitantes. A finales del siglo XIX se produjo el reparto de África, hecho determinante en la evolución económica y social del continente a lo largo de la pasada centuria.
| 2. | Geografía física: territorio y recursos |
Atravesado por el ecuador, África es un continente compacto que se extiende unos 8.000 km desde su punto más septentrional, cabo Blanco (Túnez), a su extremo más meridional, cabo de las Agujas (Sudáfrica); su anchura máxima, medida desde la punta de cabo Verde (Senegal), al oeste, hasta Ras Xaafuun (Somalia), al este, es de unos 7.500 km. La cumbre más elevada del continente es el monte Kilimanjaro (Tanzania), que casi alcanza los 6.000 m y presenta nieves perpetuas, y el punto más bajo se encuentra en el lago Asal (Yibuti), a 153 m por debajo del nivel del mar.
| 1. | Relieve y regiones fisiográficas |
El relieve africano se caracteriza por su horizontalidad debido a la presencia de vastas y onduladas mesetas, desfiguradas por varias grandes cuencas fluviales y aisladas sierras. A pesar de esta característica morfología, se diferencian diferentes unidades del relieve en África.
Una primera unidad del relieve son las amplias mesetas que se extienden por todo el continente, aunque son más elevadas en la región meridional; explican su aspecto uniforme y su elevada altitud media (750 m), y algunas albergan zonas áridas, como los desiertos Sahara, Kalahari y Karroo. Entre las mayores altiplanicies se pueden destacar las de regiones como Futa Yallon (muy escalonada) y Adamaua.
Una segunda unidad del relieve son los sistemas montañosos, que salpican las mesetas: algunos se alzan en los extremos del continente, como las cordilleras del Atlas, Ruwenzori y Drakensberg; unos pocos macizos aislados de origen volcánico despuntan por el centro del continente, como los de Ahaggar y Tibesti; en la parte oriental, la más elevada, se encuentra el Gran Rift Valley y se localizan numerosos volcanes, como el Kilimanjaro, el Kenia y el Elgon. El monte Camerún sobresale en la parte occidental.
La tercera unidad del relieve son las depresiones geomorfológicas, que rompen la uniformidad de las mesetas centrales; cabe mencionar las cuencas surcadas por los ríos Congo y Níger, y las depresiones de Qattara y Danakil.
África presenta una línea de costa regular, con pocos entrantes y salientes (destacan el cabo de Buena Esperanza, el golfo de Guinea y la península de Somalia, entre otros); la longitud total de su litoral, unos 30.500 km, en proporción con su área, es menor que en cualquier otro continente. Las principales islas de África, con una superficie conjunta de 621.600 km2, son Madagascar (la más grande del continente), Zanzíbar, Pemba, Mauricio, Reunión, Seychelles y Comores en el océano Índico; Santo Tomé y Príncipe y Bioko en el golfo de Guinea; Santa Elena, Ascensión y las islas Bissagos en el Atlántico sur; y las islas de Cabo Verde, Canarias y Madeira en el Atlántico norte.
| 2. | Historia geológica |
Un inmenso escudo continental de rocas precámbricas, emparentado por su edad e historia con las cordilleras brasileñas de Sudamérica, se extiende al sur del Atlas hasta el cabo de Buena Esperanza (Sudáfrica). Al este, el escudo abarca dos masas continentales, la península Arábiga y Madagascar, que se separaron de África durante el periodo terciario (véase Tectónica de placas). Entre estas antiguas rocas se han encontrado algunos de los primeros rastros de vida en la Tierra (microorganismos fósiles de 3.200 millones de años). Geológicamente, los montes Atlas del norte de África son parte de Europa, ya que fueron originados por las mismas fuerzas que crearon las cordilleras alpinas de Europa central y meridional.
Las fuerzas tectónicas que separaron África y Sudamérica durante la división del continente de Gondwana, hace 150 millones de años (véase Jurásico), han seguido activas durante épocas más cercanas, al formarse el Gran Rift Valley en África oriental durante el terciario y desencadenar las erupciones de los montes volcánicos Kenia y Kilimanjaro.
| 3. | Suelos |
Debido a que el continente africano no estuvo cubierto por el mar durante millones de años, los suelos se han desarrollado independientemente, sobre todo a causa de alteraciones meteorológicas. Pocos suelos se han beneficiado de la tierra transportada por ríos o corrientes oceánicas. En su mayor parte, los suelos africanos sufren un drenaje irregular y no presentan mantos acuíferos definidos. La mayoría son casi áridos debido a la lixiviación mineral que producen las fuertes lluvias y a las altas temperaturas. Los terrenos desérticos (aridisoles y entisoles), que contienen poca materia orgánica, también comprenden grandes extensiones. Algunos de los suelos más fértiles son los molisoles, también conocidos como chernozems o tierras negras, en África oriental, y los alfisoles y los podsoles en las zonas del sur y del oeste de África.
| 4. | Hidrografía |
Los ríos de África se pueden agrupar en función de la vertiente hidrográfica y cuenca a la que pertenecen. En la vertiente mediterránea, los ríos suelen ser cortos y estrechos, a excepción del Nilo, que es el más largo del planeta; en la franja desértica abundan los uadis, cursos de agua intermitentes que raramente llegan al mar. Los ríos de la vertiente atlántica son más largos y caudalosos, y llegan a ser navegables en gran parte de su curso; destacan el Níger, el Congo (el más caudaloso del continente), el Orange, con su afluente el Vaal, y el Senegal. Los ríos de la vertiente índica son más cortos que los de la atlántica; entre los más importantes se consideran el Limpopo y el Zambeze (en cuyo curso fluvial se encuentran las cataratas Victoria). Con la excepción de la cuenca del lago Chad, todas las demás tienen salida al mar y están cortadas por abruptas cataratas o rápidos que impiden la navegación.
Las profundas fosas tectónicas de las montañas orientales (zona ecuatorial del Gran Rift Valley) contienen gran número de lagos; es la región de los Grandes Lagos africanos, que incluye los lagos Turkana (también llamado Rodolfo), Alberto, Eduardo, Tanganica, Malawi y Tana. El lago Victoria, el más grande de África y el tercero del mundo, no es, sin embargo, parte de ese sistema lacustre; abarca una depresión poco profunda en las montañas orientales. El lago Chad ha reducido su superficie durante las últimas décadas en parte debido a las desviaciones de sus aguas para la irrigación.
Conseguir un control efectivo de suministro de agua es un problema importante en África. Junto a enormes áreas que cuentan con escasas e irregulares precipitaciones en forma de lluvia, existen otras áreas que sufren inundaciones periódicas y requieren medidas de control para evitarlas. Se han construido numerosas presas y embalses con el fin de regular el caudal de los ríos y encauzar el agua para crear regadíos y centrales hidroeléctricas; destacan el Nasser, resultado de la construcción de la presa de Asuán, y el Volta, formado por la presa de Akosombo. Los numerosos ríos y cataratas (Kabalega, Tugela, Victoria…) sugieren que África ofrece el 40% del total de la potencia hidroeléctrica mundial.
| 5. | Clima |
En general, el clima de África es uniforme y predominan los tipos cálidos debido a la posición del continente en la zona tropical, el impacto de ciertas corrientes oceánicas y la ausencia de cadenas montañosas que sirvan de barrera climática.
Los climas se repiten de forma simétrica al norte y al sur del ecuador, que atraviesa el continente por la mitad. En África intertropical predominan los climas cálidos, que presentan altas temperaturas a lo largo de todo el año y cuyas precipitaciones disminuyen desde el ecuador hacia los trópicos, dando lugar a la sucesión de climas ecuatorial, tropical y desértico. El clima templado de tipo mediterráneo aparece solo en las zonas extremas meridional y septentrional del continente y se caracteriza por una sequía estival y una vegetación adaptada a la alternancia de inviernos húmedos y fríos con veranos calurosos y secos. El clima de alta montaña se da en las tierras de mayor altitud del continente, donde las cimas están cubiertas por las nieves perpetuas.
Así pues, el centro del continente y la costa oriental de Madagascar presentan un clima ecuatorial, de lluvias abundantes (1.800 mm anuales) y temperaturas elevadas (26,7 ºC). En la costa del golfo de Guinea las precipitaciones se concentran en una estación, aunque en ningún mes faltan lluvias. El clima tropical abarca una quinta parte de África y se caracteriza por una estación húmeda durante los meses de verano y una estación seca en los meses de invierno; el total de precipitaciones de lluvia varía desde los 500 mm a más de 1.550 mm anuales. Lejos del ecuador, al norte y al sur de la región tropical, la media de precipitaciones oscila entre los 250 y los 500 mm anuales.
África tiene un área de clima árido o desértico más grande que cualquier otro continente, con la excepción de la mayor isla de Oceanía, Australia. Cada una de estas zonas (el Sahara al norte, el Cuerno de África al este y los desiertos Kalahari y Namibia al suroeste) recibe unas precipitaciones anuales inferiores a los 250 mm. En el Sahara, la oscilación térmica diaria y estacional es grande; la temperatura media en julio supera los 32,2 °C y durante la estación fría la temperatura nocturna a menudo desciende por debajo de los cero grados.
| 6. | Vegetación |
La vegetación varía en función del clima. En la zona tropical se suceden la selva o pluvisilva, la sabana y el desierto. La zona tropical, donde la media de precipitaciones anuales supera los 1.270 mm, está cubierta por una densa capa de arbustos, helechos y musgo, sobre la cual se alzan numerosos árboles, tanto perennifolios como caducifolios, destacando las palmeras de aceite. La zona de bosque de montaña, con unas precipitaciones ligeramente inferiores a las de la selva ecuatorial, se extiende por las montañas de Camerún, Angola y regiones de África oriental; aquí, los arbustos que cubren el suelo dan paso a palmeras de aceite, árboles caducifolios y coníferas. La zona de bosque de sabana, con precipitaciones anuales que oscilan entre los 890 y los 1.400 mm, cubre grandes áreas con un manto de hierba y arbustos ignífugos, sobre la que se alzan árboles caducifolios y leguminosos, también ignífugos. La superficie ocupada por la pradera de sabana, donde se registran unas precipitaciones anuales entre 500 y 890 mm, está cubierta por hierba baja y arbustos, además de pequeños y aislados árboles de hoja caduca. La sabana da paso a otra región biogeográfica que solo permite el desarrollo de una vegetación de estepa seca; en la zona de vegetación esteparia de espino, con precipitaciones anuales de 300 a 510 mm, predomina un manto herbáceo aún más fino junto con árboles carnosos y semicarnosos dispersos. En el espacio dominado por la maleza subdesértica, que registra unas precipitaciones anuales que oscilan entre los 130 y 300 mm, prevalece una formación herbácea con arbustos pequeños y dispersos. La zona de vegetación desértica, en áreas con precipitaciones anuales inferiores a los 130 mm, cuenta con una vegetación muy escasa y dispersa o ninguna en absoluto. En diferentes costas del continente crece un tipo de vegetación, el manglar, formación arbórea siempre verde adaptada a la acción de las mareas y con raíces aéreas. En las regiones de clima templado, la vegetación más extendida es el bosque mediterráneo (matorrales, encinas y pinos carrascos).
| 7. | Fauna |
África presenta dos zonas diferenciadas de fauna: la zona del norte y noroeste, que incluye el Sahara; y la zona etíope, que incluye toda el África subsahariana. La zona norte y noroeste se caracteriza por una fauna parecida a la de Eurasia; abundan ovejas, cabras, caballos y camellos. El arruí, el ciervo rojo africano, y dos tipos de íbice son originarios de la costa septentrional africana. Los zorros del desierto habitan en el Sahara junto a liebres, gacelas y los jerbos, un pequeño roedor saltador. La zona etíope es famosa por su gran variedad de animales y aves típicas. Bosques y praderas están pobladas por numerosas especies de antílopes y ciervos, cebras, jirafas, búfalos, elefantes africanos, rinocerontes, además del babuino y otros monos. Entre los animales carnívoros se encuentran el león, el leopardo, el guepardo, la hiena, el chacal y la mangosta. El gorila, el simio más grande del mundo, habita en los bosques húmedos del África ecuatorial, así como monos, ardillas voladoras, murciélagos y lémures.
La mayoría de las aves pertenece a los grupos del Viejo Mundo. La gallina de Guinea es la principal ave de caza. Las aves acuáticas, en especial los pelícanos, garzas gigantes, flamencos, cigüeñas y garcetas, se reúnen en gran número. El ibis es frecuente en la región del Nilo, y el avestruz en África meridional y septentrional. Los reptiles son de origen europeo en su mayoría e incluyen a lagartos, cocodrilos y tortugas. En toda la zona etíope se puede encontrar gran variedad de serpientes venenosas, como la mamba. Entre las serpientes constrictoras destacan las pitones, principalmente en África occidental; la boa constrictor solo habita en Madagascar. Abundan los peces de agua dulce, con más de 2.000 especies conocidas, así como insectos destructivos, en especial mosquitos, hormigas guerreras, termitas, langostas y moscas tsetsé, estas últimas transmiten la enfermedad del sueño a humanos y animales (cuando afecta a estos últimos la enfermedad se llama ‘nagana’).
| 8. | Recursos minerales |
África es muy rica en recursos minerales; cuenta con la mayoría de los minerales conocidos, muchos de los cuales se encuentran en cantidades importantes, aunque su distribución geográfica es irregular. Hay grandes yacimientos de combustibles fósiles como el carbón, petróleo y gas natural. África tiene algunas de las más grandes reservas mundiales de oro, diamantes, cobre, bauxita, manganeso, níquel, platino, cobalto, radio, germanio, litio, titanio y fosfatos. Otros importantes recursos naturales son el mineral de hierro, el cromo, el estaño, el cinc, el plomo, el torio, el circonio, el vanadio, el antimonio y el berilio. También hay cantidades explotables de arcillas, mica, azufre, sal, natrón, grafito, piedra, caliza y yeso.
| 3. | Población |
La población total de África asciende a 955.006.740 habitantes (2008); a mediados de la década de 1980 la población total del continente se estimaba en 550 millones (11% de la población mundial); para 2025 se proyecta que alcance los 1.338 millones de habitantes. Aunque África ocupa una cuarta parte del total de la superficie terrestre, solo tiene el 15% de su población (datos estimados para 2008).
| 1. | Características demográficas |
La distribución de la población es muy irregular. La densidad demográfica media, 32 hab/km², es muy inferior a la media mundial (51 hab/km²). Esta cifra incluye grandes áreas, como los desiertos del Sahara y Kalahari, que están prácticamente deshabitados, las selvas ecuatoriales y algunas regiones del interior muy mal comunicadas. Las áreas más densamente pobladas son las litorales (sobre todo, Magreb y golfo de Guinea), los valles agrícolas de los grandes ríos (como el Níger, el Congo y el Nilo, donde, en este último se llegan a densidades rurales de 600 hab/km², que no dejan de aumentar) y la región de los Grandes Lagos africanos. Nigeria, con una población (2008) de 138.283.240 habitantes, es el país más poblado de África.
La tasa de natalidad es de 35,30 nacimientos por cada 1.000 habitantes, bastante alta en contraste con la europea (10,20‰). La tasa de mortalidad es de 14,20‰. La población africana se incrementa anualmente un 2,1%; es un crecimiento natural elevado, que supera la media mundial (1,1%), aunque se debe tener en cuenta que el índice de fecundidad ha descendido en las últimas décadas: hoy es de 4,75 hijos por mujer. Los jóvenes son el grupo más numeroso en cuanto a la distribución por edad: 61% del total de la población; la población de 65 o más años es escasa: 3,3 por ciento. La esperanza de vida al nacer es una de las más bajas del mundo: 50,4 años. No obstante, se debe tener en cuenta que estas estadísticas varían bastante según los países y las regiones.
La población rural es todavía cuantiosa en el continente africano: 273 millones de habitantes (el 64% de la población); por ejemplo, en Europa es del 26 por ciento. Sin embargo, en la actualidad, la población urbana crece más rápido que la población total del continente: por ejemplo, entre 1950 y 2000, la población total de la zona subsahariana se multiplicó por 3, mientras que la población urbana lo hizo por 9. El crecimiento urbano ha sido particularmente rápido desde la década de 1950: entre 1980 y 1995 creció más de un 5% anual. El grado de urbanización es creciente en África, aunque varía en función de los países: Burundi está poco urbanizado (el 11% en 2005) mientras que otros países, como Libia y Yibuti, están mucho más urbanizados: el 87 y el 85%, respectivamente. La región del Sahel y la zona oriental están poco urbanizadas, con escasas y pequeñas ciudades.
El norte es la zona más urbanizada de África, pero en todo el continente se pueden localizar ciudades importantes. Algunas de las más de tres decenas de ciudades africanas con más de un millón de habitantes son Alejandría, Gizeh y El Cairo en Egipto (esta última, la primera aglomeración urbana del continente, una megalópolis con más de diez millones de habitantes); Argel, en Argelia; Casablanca, en Marruecos; Lagos, en Nigeria; Addis Abeba, en Etiopía; Abiyán, en Costa de Marfil; Kinshasa, en República Democrática del Congo, y Johannesburgo y Ciudad de El Cabo, en Sudáfrica. Los centros urbanos actúan como polos de atracción de gran cantidad de inmigrantes, ya sea como habitantes permanentes (éxodo rural) o como trabajadores temporales.
Desde hace unas décadas se viene observando una intensa corriente migratoria de trabajadores, por ejemplo, de centroafricanos a las minas y factorías de Zambia, Zimbabue y Sudáfrica; de norteafricanos a Francia y, más recientemente, a los países pertenecientes a la Unión Europea (sus lugares de entrada son España, Italia y otros países del sur del continente europeo, a los que, en numerosas ocasiones, arriban en barco de forma irregular). Los conflictos civiles en ciertos países (Ruanda, Sudán, Sierra Leona, Somalia…) han provocado desplazamientos masivos de refugiados (alrededor de un tercio del total mundial), al igual que las sequías y las hambrunas.
| 2. | Etnografía |
El Sahara forma una gran barrera entre los pueblos de África del Norte y los del África subsahariana. Aunque los grupos étnicos del continente han sido sometidos a numerosos sistemas de clasificación, la división geográfica parece ser la más apropiada.
En la parte norte del continente, incluido el Sahara, predominan los pueblos caucasoides, principalmente bereberes y árabes. Constituyen cerca de una cuarta parte de la población del continente. Al sur del Sahara predominan los pueblos negroides, aproximadamente el 70% de la población de África. Existen pueblos khoisans, sans (bosquimanos) y khoikhoi (hotentotes), en África meridional. Los pigmeos se concentran en la cuenca del río Congo y en Tanzania. Dispersos por África, pero agrupados principalmente en África meridional, hay unos cinco millones de blancos de origen europeo. La población india, que se acerca al millón de habitantes, se concentra a lo largo de la costa oriental africana y en África del Sur.
Se han clasificado más de 3.000 grupos étnicos distintos en África. La familia extensa es la unidad social básica para la mayoría de estos pueblos. En gran parte de África la familia se une a una sociedad más amplia mediante grupos de parentesco como los linajes y los clanes. En general, los grupos de parentesco tienden a excluir el matrimonio entre sus miembros y se casan fuera del grupo. La aldea está constituida frecuentemente por un único grupo de parientes que se unen por descendencia masculina o femenina.
| 3. | Lenguas |
Se hablan más de mil lenguas africanas. Aunque más de 50 superan los 500.000 parlantes cada una, relativamente pocas personas hablan la mayoría de estas lenguas. Además del árabe, las más habladas son el swahili y el hausa. Las principales familias o grupos lingüísticos son: el congo-kordofaniano y el nilo-sahariano, los dos grupos más amplios con más de 160 millones de hablantes cada uno; el camito-semítico, o afro-asiático, que se concentra en el norte y noroeste de África; y el de las leguas khoisán, que hablan los sans y khoikhoi de África del Sur. Muchos africanos, en especial aquellos del África subsahariana, son bilingües: hablan su idioma nativo al igual que el que llevaron los primeros gobiernos coloniales europeos.
| 4. | Religión |
El cristianismo, la religión más difundida, fue introducido en África del Norte en el siglo I y se extendió al Sudán y las regiones etíopes en el siglo IV. El cristianismo sobrevivió en Etiopía gracias a la Iglesia copta, pero en otras zonas fue sustituido por el islam. Fue reintroducido y se extendió por el África tropical con el desarrollo de la expansión europea en ultramar a partir del siglo XV. Hoy, los grupos protestantes y católicos están representados por igual en todo el continente.
El islam, la segunda religión más difundida de África, fue introducido en todo el norte de África en el siglo VII y durante los siglos siguientes se extendió por la costa oriental y las praderas del África occidental. A lo largo del siglo XX, el islam se introdujo en las restantes zonas del continente. La más antigua escuela jurídica musulmana, denominada maliki, prevalece en la mayor parte del África musulmana, excepto en Egipto, el Cuerno de África y la costa este africana.
Están muy extendidas las religiones primitivas (véase Religión: Religiones primitivas). Cerca del 15% de los pueblos africanos practican religiones animistas o locales. Aunque existe una gran variedad, tienden a tener un único dios o creador y varios espíritus subordinados -espíritus de la naturaleza que habitan en los árboles, el agua, los animales y cualquier otro elemento o fenómeno natural- y espíritus ancestrales, como los fundadores de la familia, el linaje o el clan -que influyen en la vida diaria. Ciertos movimientos religiosos animistas mezclan ritos ortodoxos cristianos con creencias religiosas tribales. Guiados por sus propios profetas, estos grupos se han extendido por toda África, aunque parecen más difundidos y poderosos en África central y África del sur.
Existen pequeñas comunidades judías en el norte y en el sur de África, y los cultos hindúes, budistas y taoístas están extendidos por África oriental y meridional.
| 1. | Cultura |
Gran parte de la actividad cultural africana se centra en la familia y el grupo étnico. Arte, música y literatura oral sirven para reforzar las estructuras religiosas y sociales existentes. La minoría occidentalizada, bajo la influencia de la cultura europea y el cristianismo, rechazó en principio la cultura tradicional africana, pero con el auge del nacionalismo africano ha tenido lugar un resurgimiento cultural. Los gobiernos de la mayoría de las naciones africanas subvencionan compañías nacionales de danza y música, museos y, en menor grado, a artistas y escritores. Ver Literatura africana; Música africana y Danzas africanas.
| 5. | Economía |
La gran mayoría de los africanos han sido tradicionalmente agricultores y pastores, ya que cultivaban cosechas y criaban ganado para subsistir. Hasta hace unas décadas, existían pocos mercados, y normalmente los intercambios comerciales tenían lugar entre familiares y amigos. La manufactura y la artesanía eran consideradas actividades secundarias. Algunos estados crearon sistemas de comercio a larga distancia; estos países desarrollaron complejos servicios de intercambio así como una industria especializada y redes de comunicación y elaboraron estructuras gubernamentales que mantuvieran el flujo comercial.
La colonización europea aumentó la demanda exterior de ciertos productos agrícolas y minerales y la migración interior de trabajadores, se construyeron sistemas de comunicación, nuevos y seguros, se introdujeron cultivos y tecnología europea y se desarrolló un moderno sistema de economía de intercambio. La industria y artesanía local -tejidos y fabricación de acero, por ejemplo- era socavada frecuentemente por los productos europeos, mejores y más baratos. El desarrollo de las industrias de procesado, así como de los puertos y centros administrativos de industrias de consumo creció rápidamente para satisfacer las nuevas necesidades. Una característica de la economía africana es la coexistencia de la economía de subsistencia con la economía de intercambio moderna. El crecimiento futuro depende de la disponibilidad de fondos de inversión, la demanda mundial de materias primas, la disponibilidad de fuentes de energía y la magnitud del comercio local.
| 1. | Agricultura |
A pesar de la expansión del comercio y la industria, la mayoría de los africanos siguen siendo agricultores y pastores. La agricultura de subsistencia convive con la agricultura de mercado y las plantaciones. Al norte y noroeste de África se cultivan cereales como el maíz, la avena, el trigo y la cebada, además de dátiles, olivo y cítricos junto con una gran variedad de vegetales. Se cría fundamentalmente ganado caprino y ovino. En la región del Sahara, los pastores nómadas crían camellos, y algunos agricultores, en los oasis, cultivan dátiles y cereales. A sur del Sahara, la agricultura itinerante —un método que consiste en quemar, acondicionar y despejar para cultivar pequeñas áreas de terreno, en las que más tarde se permitirá que crezcan los arbustos de nuevo— ha dejado paso a la agricultura sedentaria en la mayoría de las zonas. Los cereales son el cultivo principal, aunque también se cultiva arroz, batata, mandioca, kimbombó y banana como productos de subsistencia. En más de un tercio del continente no se puede criar ganado debido a las plagas de moscas tsetsé. Fuera de estas áreas y de los bosques densos, se cría ganado en grandes cantidades, pero rara vez con propósitos comerciales; la industria lechera es escasa y se sitúa ante todo alrededor de los centros urbanos del África oriental y meridional.
Aunque cerca del 60% de toda la tierra cultivada está destinada a la agricultura de subsistencia, la agricultura comercial o el cultivo comercial se desarrolla en todo el continente. Los artículos alimentarios se destinan a los mercados locales, pero el café, el algodón, el cacao, el maní, el aceite de palma y el tabaco son exportados. África produce y exporta más de la mitad de la producción mundial de cacao, maní (cacahuete), clavo y pita. Las granjas y plantaciones propiedad de europeos, situadas sobre todo en África oriental y meridional, producen cítricos, tabaco y otros productos alimentarios destinados a la exportación.
| 2. | Explotación forestal y pesca |
Aunque una cuarta parte de África está cubierta de bosques, gran parte de la madera solo tiene valor como combustible local. Gabón es el mayor productor de ocumel, un derivado de la madera usado en la elaboración de contrachapado (madera en chapa o triplay); Costa de Marfil, Liberia, Ghana y Nigeria son los mayores exportadores de madera dura.
La pesca interior se concentra en los lagos del Gran Rift Valley y en el creciente número de piscifactorías. La pesca marítima es muy abundante y se destina al consumo local, si bien tiene importancia comercial en Marruecos, Namibia y Sudáfrica.
| 3. | Minería |
La minería proporciona el mayor volumen de ingresos por exportaciones de África; las industrias de extracción minera son el sector más desarrollado en buena parte de las economías africanas. Aproximadamente la mitad de dichos ingresos proceden de Sudáfrica; gran parte de éstos se derivan de la minería de oro y diamantes. Otros países productores de minerales son Libia (petróleo), Nigeria (petróleo, gas natural, carbón, estaño), Argelia (petróleo, gas natural, mineral de hierro) y Zambia (cobre, cobalto, carbón, plomo, cinc). También hay petróleo en la costa oeste africana, en la cuenca del Gabón, en la República del Congo, en República Democrática del Congo y en Angola. Cerca de un tercio de la producción de uranio mundial se extrae de África, sobre todo en Sudáfrica, Níger, República Democrática del Congo, la República Centroafricana y Gabón. La reserva de radio más grande del mundo se encuentra en República Democrática del Congo. El 20% de las reservas mundiales de cobre se concentra en Zambia, República Democrática del Congo, Sudáfrica y Zimbabue. República Democrática del Congo también produce alrededor del 90% del cobalto mundial y Sierra Leona tiene la mayor reserva conocida de titanio. África produce alrededor de las tres cuartas partes del oro mundial; Sudáfrica, seguida por Zimbabue, República Democrática del Congo y Ghana, son los mayores productores. Las minas de Sudáfrica y República Democrática del Congo producen prácticamente la totalidad de las gemas y diamantes industriales del mundo. En todo el continente hay mineral de hierro. La mayoría de la riqueza mineral africana ha sido o es explotada por grandes multinacionales. En años recientes, los gobiernos africanos se han convertido gradualmente en importantes accionistas de las operaciones realizadas en sus propios países.
| 4. | Manufacturas e industrias |
La extracción de minerales y petróleo está creando industrias de procesado, como refinerías y fundiciones, que están ubicadas en la mayoría de los países ricos en minería con recursos energéticos adecuados. Sudáfrica fue la primera en contar con la mayor parte de la industria manufacturera de África; la industria pesada, así como la producción de metal, la fabricación de maquinaria y transportes, se concentraban en Sudáfrica. Desde hace unos años se han desarrollado notables centros industriales en Zimbabue, Marruecos, Egipto y Argelia, entre otros países. Las industrias relacionadas con la minería están bien implantadas en República Democrática del Congo y Zambia; Kenia, Nigeria, y Costa de Marfil han desarrollado sobre todo industria ligera, textil y de materiales de construcción. En gran parte de África la manufactura se limita a la fabricación o ensamblado de bienes de consumo como zapatos, bicicletas, textiles, alimentos y bebidas. A menudo tales industrias están limitadas al mercado de consumo regional, relativamente pequeño.
| 5. | Energía |
Nigeria, Libia, Argelia y Angola son los mayores productores mundiales de petróleo. La exportación de gas natural se centra en Argelia. La producción de carbón se concentra en Zimbabue y Sudáfrica; el mayor volumen se destina al consumo interno de ambos países. El resto de África debe importar combustible. Aunque África ofrece cerca del 40% del potencial hidroeléctrico mundial, solo se ha desarrollado una cantidad proporcionalmente pequeña debido a los altos costos de producción y a que las localizaciones son inaccesibles y están a gran distancia de los mercados. Sin embargo, en 1960 se comenzaron a construir varias centrales hidroeléctricas importantes; por ejemplo, la gran presa de Asuán, en el río Nilo, la presa del Volta, en el río Volta, y las presas de Kariba y Cabora Bassa, en el río Zambeze.
| 6. | Transportes |
El desarrollo económico de casi todas los países africanos ha sido obstaculizado por unos sistemas de transporte inadecuados. Gran parte de los países cuentan con unas redes de carreteras que con frecuencia están en mal estado y son intransitables durante las estaciones de lluvia. Las redes de carreteras unen normalmente el interior del país con la costa; en muy pocos casos ponen en contacto países vecinos. Aunque la mayor parte de las naciones africanas mantienen líneas aéreas, el ferrocarril y los transportes marítimos están poco desarrollados fuera de Sudáfrica y los países económicamente más avanzados del norte del continente.
| 7. | Comercio |
Los sectores comerciales de buena parte de los países africanos dependen mucho de uno o unos pocos artículos de consumo. Gran parte de los países africanos comercia con otros más industrializados, que precisan materias primas y venden bienes de consumo o industriales. El comercio entre los estados africanos está limitado por la competitiva, más que complementaria, naturaleza de productos, las barreras comerciales y la diversidad de monedas. La mayoría de las antiguas colonias inglesas mantienen unas cómodas relaciones comerciales con Reino Unido y guardan sus reservas monetarias en Londres. Las antiguas colonias francesas mantienen lazos aún más estrechos con Francia y la mayoría son miembros de la Zona del franco. Además, casi todos los países africanos tienen relaciones económicas con la Unión Europea y se benefician de reducciones de aranceles (de aduanas). Pocos sistemas económicos han surgido entre los países africanos. Los más duraderos y prósperos son la Comunidad Económica de Estados Africanos del oeste y la Comunidad Económica de Estados Centroafricanos. La Organización para la Unidad Africana también promovió el comercio entre los países africanos y el desarrollo económico, hasta convertirse en la Unión Africana en 2002.
| 6. | Historia |
Hace unos cinco millones de años un tipo de homínido, antepasado cercano de los hombres de hoy en día, habitaba el sur y el este de África. Hace más de 1,5 millones de años, este homínido fabricante de herramientas evolucionó hacia formas más avanzadas: el Homo habilis y el Homo erectus. El primer humano que existió en África, el Homo sapiens, data de hace más de 200.000 años. Cazador y recolector, capaz de realizar toscas herramientas de piedra, el Homo sapiens se asociaba con otros de su especie para formar grupos nómadas; finalmente estos pueblos bosquimanos nómadas se extendieron por todo el continente africano. El proceso de diferenciación racial data del año 10.000 a.C. La creciente población negroide, que dominaba la domesticación de animales y la agricultura, expulsó a los grupos bosquimanos hacia las zonas más inhóspitas. En el siglo I, el pueblo bantú, uno de estos grupos dominantes, comenzó una migración que duró 2.000 años y pobló la mayor parte de África central y meridional. Las sociedades negroides dependían de la agricultura de subsistencia o, en las sabanas, del pastoreo. La organización política era, en general, local, aunque más tarde se desarrollarían reinos en África occidental y central.
La primera gran civilización africana comenzó en el valle del Nilo en el 5000 a.C. aproximadamente. Estos asentamientos, que dependían de la agricultura, se beneficiaron de las crecidas del Nilo como fuente de regadío y nuevos terrenos. La necesidad de controlar la corriente del Nilo produjo finalmente una compleja y bien estructurada nación, con elaborados sistemas políticos y religiosos. El reino de Egipto se desarrolló e influyó en las sociedades mediterráneas y africanas durante miles de años. La fabricación de utensilios de hierro se extendió hacia el sur, desde Egipto, alrededor del año 800 a.C. Las ideas de monarquía real y de organización estatal también fueron exportadas, en particular a zonas vecinas como Kush y Punt. El reino cusita del este, Meroe, fue reemplazado en el siglo IV por Aksum, que se transformó en Etiopía.
Durante un periodo que transcurrió entre finales del siglo III a.C. y principios del siglo I, Roma conquistó Egipto, Cartago y otras áreas del norte de África, que se convirtieron en los graneros del Imperio romano. El Imperio fue dividido en dos partes en el siglo IV. Todos los territorios al oeste de Libia siguieron perteneciendo al Imperio de Occidente, controlado por Roma, y los territorios al este, incluido Egipto, pasaron a formar parte del Imperio bizantino, gobernado desde Constantinopla. En esta época la mayoría de la población se había convertido al cristianismo. En el siglo V los vándalos, una tribu germánica, conquistaron gran parte del norte de África. Los reyes vándalos gobernaron hasta el siglo VI, cuando fueron derrotados por las fuerzas bizantinas y el área fue absorbida por el Imperio de Oriente.
| 1. | La era de los imperios y las ciudades-estado |
Los ejércitos islámicos invadieron África tras la muerte de Mahoma en el 632 y rápidamente vencieron la resistencia bizantina en Egipto.
| 1.1. | El norte de África |
Desde sus bases en Egipto, los árabes invadieron los reinos bereberes del oeste y en el siglo VIII conquistaron Marruecos. Mientras que los bereberes de la costa se convirtieron al islam, muchos otros se retiraron a los montes Atlas y al interior del Sahara. La minoría árabe estableció un reino autocrático en Argelia y Marruecos. Los reinos cristianos de Alwa y Makuria en Sudán fueron conquistados; solo el reino cristiano de Nobatia fue lo suficientemente fuerte como para resistir a los invasores, y forzar la firma de un tratado que mantuvo su independencia durante 600 años. Los árabes permanecieron como la minoría gobernante durante varios siglos.
El comercio a través del Sahara se hizo frecuente durante el siglo VIII. Los guías de caravanas y los maestros religiosos traspasaron sus valores políticos, religiosos y sociales a los pueblos de las rutas de comercio. Anteriormente, los invasores musulmanes del Yemen rechazaron a los pueblos de la costera Aksum hacia el interior y establecieron una serie de ciudades-estado como Adal y Harar. El mar Rojo pertenecía ahora a los comerciantes musulmanes.
Varias dinastías rivales surgieron en la costa norte africana. En el siglo VIII los musulmanes norteafricanos conquistaron la mayor parte de la península Ibérica, y durante siglos intentaron ataques y expediciones de conquista a la Europa cristiana. Ya antes de las Cruzadas algunos reinos islámicos muy civilizados dominaban el sur y el este del Mediterráneo. En el siglo XIV el Sudán cristiano sucumbió ante los ejércitos mamelucos de Egipto. Los turcos otomanos conquistaron Egipto en 1517 y durante los cincuenta años siguientes establecieron un control nominal sobre la costa norteafricana. El poder real, sin embargo, permaneció en manos de los mamelucos, que gobernaron Egipto hasta que fueron derrotados por Napoleón Bonaparte en 1798. Los etíopes fueron invadidos por los ejércitos del sultanato de Adal, pero derrotaron en 1542 a los musulmanes con la ayuda de Portugal.
| 1.2. | Reinos de África occidental |
En África occidental surgieron una serie de reinos de raza negra cuya base económica yacía en el control de las rutas comerciales transaharianas. Se enviaban al norte oro, nueces de kola y esclavos a cambio de ropas, utensilios y sal.
| 1.2.1. | Ghana |
El primero de estos reinos, Ghana, comenzó a existir el siglo V en lo que hoy es el sureste de Mauritania; su capital, Kumbi Saleh, ha sido excavada en tiempos modernos. Ya en el siglo XI, los ejércitos de Ghana, equipados con armas de hierro, se adueñaron de las rutas de comercio que se extienden desde el actual Marruecos a los bosques costeros de África occidental al sur. Los bereberes nómadas de la confederación sanhaja (la actual Mauritania central) formaban el nexo principal entre Ghana y el norte. Una vez que los árabes consiguieron controlar las costas del noroeste, comenzaron a explotar estas rutas comerciales. A principios del siglo XI había consejeros musulmanes en la corte de Ghana, y los mercaderes musulmanes vivían en grandes barrios de extranjeros desde los que dirigían un comercio a gran escala muy lucrativo. En el siglo XI, Ghana fue destruida por los almorávides, una belicosa facción musulmana fundada entre los bereberes sanhaja. A principios del siglo XI se alzaron en guerra santa (yihad) y controlaron las rutas de caravanas del Sahara. Entonces el movimiento se separó; un grupo avanzó hacia el norte para conquistar Marruecos y España, mientras que el otro se dirigió al sur para destruir (en el año 1076) la capital de Ghana. Durante el siglo siguiente, el pueblo Soso de Futa Yallon, anteriormente vasallo de Ghana, tomó el control del área, pero fueron conquistados a su vez por los pueblos de Malí en el año 1240 aproximadamente.
| 1.2.2. | Malí y Songay |
En el centro de las cuencas altas de los ríos Senegal y Níger, Malí evolucionó a principios del siglo XI a partir de un grupo de las tribus mande. A mediados del siglo XIII, el reino comenzó un periodo de expansión bajo el vigoroso monarca Sundiata. Se supone que poco después los gobernantes de Malí se convirtieron al islam. El imperio de Malí alcanzó su punto culminante bajo el mansa (rey) Musa, que condujo una peregrinación a La Meca en 1324-1325, inició relaciones diplomáticas con Túnez y Egipto, y llevó a varios eruditos y sabios musulmanes a su imperio; a partir de la época de Mansa Musa, Malí apareció en los mapas de Europa. Después de 1400, el imperio decayó y Songay se convirtió en el reino más importante del Sudán occidental. Aunque Songay data de antes del siglo IX, su gran periodo de expansión se produjo con el reinado de Sunni Alí y Askia Muhammad. Durante el reinado de este último el islam prosperó en la corte, y Tombuctú se convirtió en el mayor centro de la cultura musulmana, famoso por su universidad y su mercado de libros. Atraídos por su riqueza, los ejércitos de al-Mansur de Marruecos destruyeron la capital de Songay, Gao, en 1591. Tras la caída de Songay, varios reinos pequeños —Macina, Gonja, Ségou, Kaarta— intentaron dominar el oeste del Sudán, pero las luchas continuas y el declive económico fueron los únicos resultados.
| 1.2.3. | Los reinos de Hausa y Kanem-Bornu |
Al este de Songay, entre el río Níger y el lago Chad, surgieron las ciudades-estado de Hausa y el imperio de Kanem-Bornu. Los reinos hausa (Biram, Daura, Katsina, Zaria, Kano, Rano y Gobir) nacieron antes del siglo X. Después de la desaparición de Songay, el comercio transahariano se trasladó al este, donde cayó bajo el control de Katsina y Kano. Éstos se convirtieron en los centros de un floreciente comercio y vida urbana. Al parecer, el islam fue introducido en los reinos hausa en el siglo XIV desde Kanem-Bornu.
Este último imperio existía en el siglo VIII como un impreciso reino intermedio al norte y al este del lago Chad. En un principio fue gobernado por un pueblo nómada, los zaghawa, pero fueron reemplazados por una nueva dinastía, los saifawa, que reinó desde el año 800 hasta el año 1846 aproximadamente. Los nuevos soberanos se convirtieron al islam en el siglo XI. A finales del siglo XIV se trasladaron a la región de Bornu, y la zona anterior, Kanem, fue conquistada por el pueblo bulala procedente del sur. El soberano bornu más conocido fue Mai Idris Alooma (reinó entre 1580-1617 aproximadamente), que introdujo armas de fuego compradas a los turcos otomanos. En su momento de esplendor, Kanem-Bornu controló las rutas saharianas hacia Egipto, pero a mitad del siglo XVII ya había comenzado su decadencia.
| 1.2.4. | La expansión del islam |
Durante el periodo de los grandes imperios sudaneses la vida de los agricultores y pescadores prácticamente no cambió; solo las clases dirigentes disfrutaban de las importaciones y los artículos de lujo. Los agricultores vivían en economías de subsistencia, sujetos a los impuestos periódicos y a las ocasionales incursiones en sus aldeas en busca de esclavos. El islam se asociaba con los grandes centros urbanos y era la religión de la clase dirigente y de los residentes extranjeros. Sin embargo, antes del final del siglo XV, los árabes nómadas kunta empezaron a predicar, y durante la mitad del siglo XVI la hermandad qadiriyya, a la que pertenecían, comenzó a extender el islam por todo Sudán occidental. Aproximadamente en la misma época, los fulani, un pueblo nómada y pastor, se trasladaron lentamente hacia el este desde la región de Futa Toro, en Senegal, ganando adeptos para el islam. Durante este periodo, el islam se convirtió en una religión personal más que en una mera religión de estado. De hecho, el islam parece haber declinado entre las clases dirigentes y dinastías no musulmanas que gobernaron en antiguos centros musulmanes hasta el siglo XVIII. Los movimientos islámicos de reforma y renacimiento comenzaron entre los pueblos fulani, mandingo, soso y tukolor.
Las viejas dinastías fueron derrocadas y se crearon reinos teocráticos que extendieron el islam a nuevas áreas. En los reinos hausa, Shehu Usman dan Fodio, un maestro musulmán, encabezó la rebelión de los fulani, que entre los años 1804 y 1810 derrocó a los monarcas hausa y estableció nuevas dinastías. Sin embargo, un intento de conquistar Bornu fue resistido con éxito por el líder religioso al-Kanemi. El nuevo imperio fulani fue dividido en un principio entre el hermano de Shehu, Abdullahi, y su hijo, Muhammad Bello, pero, después de 1817, Muhammad y sus sucesores fueron sus únicos señores.
Seku Ahmadu, un musulmán fulani, creó otro reino teocrático en Macina, en 1818. Durante su reinado desarrolló un imperio que abarcaba toda la región del río Níger, desde Jenne hasta Tombuctú. Tras su muerte en 1844 su hijo tomó el poder, pero en 1862 Macina cayó ante otro reformador musulmán, al-Hajj Umar, que creó el vasto imperio tukolor, en la región de Senegambia, antes de su muerte en 1864.
| 1.3. | Reinos de África oriental |
Los primeros restos de la historia de África oriental aparecen en el periplo del mar de Eritrea (c. 100), que describía la vida comercial de la región, así como sus lazos con el mundo más allá de África. Inmigrantes indonesios llegaron a Madagascar durante el primer milenio con nuevos productos alimentarios, sobre todo bananas, que pronto se difundieron por todo el continente. Pueblos de habla bantú que se establecieron en el interior, formaron reinos basados en el clan y absorbieron a los pueblos bosquimanos y nilóticos que ocupaban las llamadas áreas interlacustres, o entre lagos, más al interior. Los colonos árabes ocuparon la costa y establecieron ciudades comerciales. Marfil, oro y esclavos eran las principales exportaciones. Ya en el siglo XIII se habían creado algunas notables ciudades-estado. Entre estos reinos zenj se puede citar a Mogadiscio, Malindi, Lamu, Mombasa, Kilwa, Pate y Sofala. La cultura urbana swahili se desarrolló gracias al intercambio mutuo de hablantes bantúes y árabes. Las clases gobernantes eran de ascendencia afro-árabe; las masas eran bantúes, muchos de ellos esclavos. Estas ciudades-estado mercantiles estaban orientadas hacia el mar, y su impacto político en los pueblos del interior fue mínimo hasta el siglo XIX.
Los avanzados y complejos reinos de los lagos empezaron su desarrollo en el siglo XIV. Poco se sabe de su historia primitiva. Una de las teorías afirma que los pueblos cusitas de las montañas etíopes llegaron a dominar a las tribus bantúes. Se cree que otros cusitas fueron los antepasados de los pueblos tutsi de la actual Tanzania, Ruanda y Burundi. Entre los lagos Victoria y Eduardo, los primeros reinos gobernados por los bachwezi florecieron antes del año 1500, época en la que fueron suplantados por la primera ola de pueblos luo, que emigraron del Sudán. Los nuevos inmigrantes adoptaron las lenguas bantúes en el país de Bunyoro, pero en Acholiland, Alurland y el país de Lango (toda la actual Uganda) conservaron su propio lenguaje. Más tarde se crearon nuevos reinos, entre ellos Bunyoro, Ankole, Buganda y Karagwe. De estos reinos, Bunyoro fue el más poderoso hasta la segunda mitad del siglo XVIII. Entonces Buganda comenzó a expandirse, y sus ejércitos hicieron incursiones por extensas zonas. El reino de Buganda creó una burocracia compleja y centralizada, en la que los jefes de distrito y subdistrito eran designados por el kabaka (‘rey’).
Más al sur, en Ruanda, los bachwezi (llamados alternativamente bututsi o bahima en esta zona) fundaron una aristocracia de pastores de ganado que gobernó a los pueblos bantúes a partir del siglo XVI.
| 1.4. | Reinos centroafricanos |
Los reinos centroafricanos son aún menos conocidos que los interlacustres. En la sabana del Congo, al sur de los bosques tropicales, pueblos de habla bantú establecieron comunidades agrícolas a comienzos del siglo IX. En algunos lugares se desarrolló el comercio a larga distancia con la costa oriental; el cobre y el marfil eran las principales exportaciones. Durante el siglo XIV se estableció el reino del Congo, que dominaba una zona de la actual Angola entre los ríos Congo y Loge y desde el río Kwango al Atlántico, con un elaborado sistema político, con gobernadores provinciales y un rey elegido de entre los descendientes del rey fundador, Wene. En la zona entre el Kasai superior y el lago Tanganica, se organizaron varios reinos en el año 1500 aproximadamente, y formaron el imperio luba. Su fundador, Kongolo, sometió a varios pueblos pequeños de la región y los usó como base para ulteriores conquistas. Sin embargo, el imperio no desarrolló mecanismos centralizadores, así que las luchas dinásticas y los reinos separatistas fueron un problema continuo. En el año 1600, aproximadamente, uno de los hijos más jóvenes de la dinastía abandonó el reino y fundó el imperio lunda. El reino lunda pronto se separó, y miembros de la dinastía real se fueron para fundar nuevos reinos como Bemba, Kasanje y Kazembe. Este último se convirtió en el reino más poderoso y grande de los luba-lunda, y entre 1750 y 1850 dominó el sur de Katanga y parte de la meseta de Rhodesia.
Se cree que los pueblos de habla bantú que se trasladaron al este desde la región del Congo, durante el primer milenio, asimilaron a los pueblos neolíticos nativos. Más tarde, los inmigrantes bantúes, llamados karanga, fueron los antepasados del actual pueblo shona. Los karanga comenzaron a construir el Gran Zimbabue, un impresionante edificio de piedra que albergaba a la corte real. También formaron el imperio Monomotapa, que obtuvo su riqueza gracias a la minería de oro a gran escala y alcanzó su máximo esplendor durante el siglo XV.
| 1.5. | Reinos surafricanos |
Antes del siglo XIX, los pueblos de habla bantú habían expulsado o admitido a sus predecesores de África del Sur y habían establecido varios reinos sedentarios. A principios del siglo XIX, la presión de la población y el hambre provocó una serie de guerras y migraciones a gran escala a través de África meridional y central. Comenzaron en 1816, cuando el rey zulú Shaka desarrolló nuevas técnicas militares y se embarcó en guerras de conquista contra los pueblos vecinos. Las tribus derrotadas por los zulúes emigraron del sureste de la actual Sudáfrica y, al reorganizar sus técnicas de combate tomando como modelo las de los zulúes, arrollaron a pueblos más distantes, que, en consecuencia, se vieron forzados a buscar nuevos hogares. Los ndwandwe, guiados por su jefe Sobhuza, se dirigieron al norte y establecieron el reino suazi a partir del año 1820. Los ngoni también fueron al norte y avanzaron a través del actual Mozambique y más allá del lago Malawi, donde, en 1848 aproximadamente, se dividieron en cinco reinos, que lucharon intensamente entre el lago Victoria y el Zambezi. Otro grupo, dirigido por Soshangane, emigró al sur de Mozambique, donde fundaron el reino de Gaza cerca del año 1830. Los kololo emigraron al norte hacia Barotseland y comenzaron una lucha por el poder con el pueblo local, los lozi. Los ndebele fueron al oeste (1824-34) y después al norte (1837), hasta lo que hoy es Zimbabue, y fundaron un reino en Matabeleland.
| 2. | Comienzo del imperialismo europeo |
El primer esfuerzo continuado de los europeos con respecto a África se desarrolló gracias al interés de Enrique el Navegante, príncipe de Portugal. Fueron enviadas numerosas expediciones después de 1434, cada una aumentando el conocimiento europeo sobre la costa sur, hasta que, en 1497-1498, Vasco da Gama rodeó el cabo de Buena Esperanza y llegó a la India.
Las expediciones portuguesas fueron impulsadas por varios motivos: el deseo de conocimiento y de llevar el cristianismo a los pueblos paganos, la búsqueda de aliados potenciales contra la amenaza musulmana y la esperanza de encontrar rutas de comercio lucrativas y fuentes de riqueza. Más tarde, dondequiera que portugueses, ingleses, franceses y holandeses pasaban, alteraban las estructuras vigentes de la vida comercial y política y cambiaban los sistemas económicos y religiosos.
| 2.1. | Rutas comerciales |
Los portugueses establecieron una cadena de colonias comerciales a lo largo de la costa africana occidental. El Mina, fundada en la Costa de Oro (actual Ghana) en 1482, fue la más importante; de hecho, fue la única en la Costa de Oro y las áreas de Congo y Luanda en donde el comercio fue realmente lucrativo. Oro, marfil, productos alimentarios y esclavos africanos se intercambiaron por armas de fuego, tejidos y alimentos. El comercio portugués atrajo a los rivales comerciales europeos, que en el siglo XVI crearon sus propios puestos e intentaron captar el comercio existente. En África occidental el nuevo comercio tuvo efectos profundos. Las antiguas rutas comerciales habían estado orientadas al norte a través del Sahara, sobre todo hacia el mundo musulmán. Ahora las rutas fueron reorganizadas hacia la costa y la importancia económica de los reinos de la sabana entró en decadencia, mientras que los reinos de la costa incrementaron su riqueza y poder. Pronto se entablaron luchas entre los pueblos costeros por el control de las rutas comerciales y para acceder a las nuevas armas de fuego traídas de Europa.
| 2.1.1. | El comercio de esclavos |
Con el auge del comercio de esclavos para las Américas, las guerras por el control del comercio africano se hicieron más intensas. Durante los cuatro siglos de trata de esclavos, un número incalculable de africanos fueron víctimas de este tráfico de vidas humanas. La mayoría fueron capturados por otros africanos e intercambiados por distintos artículos. El primer reino importante que se benefició del comercio de esclavos fue Benín, al oeste de la actual Nigeria, fundado en el siglo XV. Al final del siglo XVII había sido sustituido por los reinos de Dahomey y Oyo. A mediados del siglo XVIII, el pueblo ashanti comenzó su auge como el mayor poder del África occidental. Bajo el asantehene ‘rey’ Osei Kojo (que reinó entre 1764-77), los ejércitos ashanti comenzaron a presionar en dirección sur hacia las estaciones o puestos comerciales europeos de la Costa de Oro. Aunque no pudieron limpiar la ruta de intermediarios, se aseguraron un abastecimiento estable de armas de fuego, que usaron para expandirse hacia el norte y disputar sus fronteras orientales con Dahomey. Más al este, el reino yoruba de Oyo se debilitaba a finales del siglo XVIII, lo que provocó la guerra civil y la intervención de las fuerzas fulani desde el norte y un incremento en la cantidad de esclavos disponibles para el comercio. En el año 1835 aproximadamente, la capital imperial, Old Oyo, fue abandonada, pero en la batalla de Oshogbo (c. 1840) los fulani fueron expulsados. Las guerras civiles se extendieron hasta 1893, cuando el poder yoruba se dividió en varios reinos competidores.
Durante la última parte del siglo XVIII, la opinión pública en Gran Bretaña se volvió en contra del comercio de esclavos. Debido a la decisión de Mansfield de 1772, que liberaba a los esclavos en Gran Bretaña, se planteó la posibilidad de crear una colonia africana de antiguos esclavos. El primer intento (1787-90), en la bahía de San Jorge (actualmente Sierra Leona), fracasó; los abolicionistas lo intentaron una segunda vez y en 1792 fundaron Freetown en la misma zona. Cuando los británicos declararon ilegal el comercio de esclavos para los ciudadanos británicos en 1807, consideraron que Freetown era la base adecuada para las operaciones navales contra tal comercio y, en 1808, Sierra Leona fue convertida en una colonia de la Corona. El ejemplo de Sierra Leona atrajo a los estadounidenses, interesados en la colonización del África negra, y a principios de 1822 la Sociedad de Colonización Estadounidense logró establecer su colonia, Liberia, en las cercanías de cabo Mesurado.
| 2.1.2. | La expansión británica |
El deseo británico de acabar con el comercio de esclavos se basó en los intentos de reorganizar el comercio africano hacia otras exportaciones (como el aceite de palma), en aumentar la actividad misionera y en imponer la jurisdicción del gobierno británico sobre propiedades que habían pertenecido a comerciantes británicos. Tales acciones involucraron con frecuencia a Gran Bretaña, por descuido, en luchas con los reinos africanos y condujeron a que asumiera la soberanía de ciertos territorios africanos. En 1821, el gobierno británico tomó el control de una serie de fuertes en la Costa de Oro. Debido a una serie de malentendidos, la primera de varias guerras entre los ashanti y los británicos ocurrió entre 1823 y 1826; estos conflictos se sucederían intermitentemente hasta fin de siglo. Aunque el gobierno británico renunció al control de los fuertes en 1828, volvió a asumir la jurisdicción en 1843. En cambio, la autoridad británica sobre los ashanti no quedó firmemente establecida hasta 1900. En el delta del Níger, la abolición británica de la esclavitud obligó a sustituir la trata de esclavos por el comercio de aceite de palma; para ello, Gran Bretaña precisaba un puerto cercano. Además, los británicos estaban ansiosos por eliminar a los intermediarios de los reinos del delta, tales como Calabar, Bonny y Brass. En 1852 los británicos obligaron al gobernante de Lagos a aceptar su protección y así, en 1861, Lagos fue convertido en una colonia de la Corona.
| 2.2. | África oriental y central |
En el centro y el este de África el impacto europeo fue diferente. Cuando los portugueses llegaron a las costas del Congo y Angola, a partir de 1480, se aliaron rápidamente con los soberanos del Congo, que se convirtieron al cristianismo, e intentaron crear un estado occidentalizado. Este objetivo se frustró, sin embargo, por las guerras civiles y la introducción del comercio de esclavos. La región pronto quedó inmersa en luchas y durante el siglo XVI el reino se derrumbó. Más al sur, los portugueses fundaron Luanda en 1575 como base para penetrar en el interior de Angola; de aquí salieron casi la mitad de todos los esclavos enviados a las Américas. Cuando alcanzaron la costa este de África, los portugueses intentaron cortar las conexiones comerciales con el mundo musulmán. En el proceso, gran número de ciudades-estado fueron destruidas, otras ocupadas y toda la zona entró en decadencia económica. Después de que los portugueses fueran expulsados definitivamente de Mombasa en 1698, la costa volvió a tener un gobierno nativo, pero durante el siglo XVIII los gobernantes de Omán establecieron al menos un control nominal. A comienzos del siglo XIX, el sultán Sayyid Said, gobernante de Omán, transfirió su capital a Zanzíbar, que le sirvió de base para fortalecer su control sobre la costa y penetrar al interior para comerciar con los reinos interlacustres. Los esfuerzos británicos por regular el comercio de esclavos de África oriental condujeron, en 1822, a un tratado que prohibía la venta de esclavos a súbditos de reinos cristianos. Sin embargo, el comercio de esclavos continuó muy activo, debido al gran número de africanos secuestrados para hacer frente a la demanda de esclavos en las plantaciones de clavo de Zanzíbar y los mercados de esclavos del Medio este estadounidense.
La llegada de los portugueses a Etiopía había ayudado a evitar la conquista musulmana. En 1542 una fuerza combinada de etíopes y portugueses derrotó al ejército musulmán, y los etíopes reconquistaron gran parte de su territorio perdido. Sin embargo, tras las disputas doctrinales entre los eclesiásticos coptos y los jesuitas portugueses, los portugueses fueron expulsados en 1632. Etiopía pasó una época de aislamiento y, ya en el siglo XVIII, la monarquía se derrumbó. Desde 1769 a 1855, Etiopía soportó la ‘edad de los príncipes’, durante la cual los emperadores eran gobernantes títeres, controlados por los poderosos nobles provinciales. Dicha era acabó con la coronación del emperador Theodore II, un jefe menor que llegó al trono tras derrotar a sus rivales. Ver Etiopía.
| 2.3. | Sudáfrica |
Aunque los portugueses ignoraron Sudáfrica durante mucho tiempo, sus rivales, los holandeses, comenzaron en 1652 a desarrollar el área como una estación en la ruta a las Indias orientales. Durante un corto periodo, los colonos fueron animados a establecerse alrededor de Ciudad de El Cabo, al tiempo que empezaba a desarrollarse una nueva cultura y pueblo, los bóers o afrikáners. A pesar de la resistencia del gobierno iniciaron una inmigración hacia el interior en busca de mejores tierras y, después de 1815, para escapar del control del gobierno británico. Mientras avanzaban hacia el interior, se encontraron con los zulúes y otros pueblos bantúes en su expansión hacia el sur. El resultado fue una serie de guerras por la tierra. En el curso de sus migraciones, los bóers fueron los primeros blancos en explorar el interior de África.
A finales del siglo XVIII, el interés científico y la búsqueda de nuevos mercados comenzó a estimular una era de exploraciones. El explorador británico James Bruce alcanzó las fuentes del Nilo Azul en 1770; su compatriota Mungo Park exploró (en 1795 y 1805) el curso del río Níger; el explorador alemán Heinrich Barth viajó extensamente por el oeste del Sudán musulmán; el misionero escocés David Livingstone exploró el río Zambezi y en 1855 bautizó las cataratas Victoria; los exploradores británicos John Hanning Speke y James Augustus Grant, río abajo, y Samuel White Baker, río arriba, resolvieron el misterio de la fuente del Nilo en 1863. A los exploradores les siguieron (y en algún caso precedieron) los misioneros cristianos y, más tarde, los comerciantes europeos.
| 2.4. | La política europea |
A medida que crecía el interés europeo por África, las dificultades de sus gobiernos se incrementaban. Los franceses comenzaron la conquista de Argelia y Senegal a partir de 1830, pero la ocupación sistemática del África tropical no comenzó hasta la segunda mitad del siglo. Al penetrar al interior de África, ciudadanos y administradores europeos encontraron resistencia por parte de los pueblos dominantes y fueron bienvenidos por los pueblos subordinados que buscaban aliados o protectores. Desde 1880 a 1905, aproximadamente, buena parte de África fue dividida entre Bélgica, Francia, Alemania, Gran Bretaña, Italia y Portugal. En 1876 el rey Leopoldo II de Bélgica estableció la Asociación Internacional del Congo, una compañía privada, para explorar y colonizar la región. Su principal agente en esta tarea fue sir Henry M. Stanley. En 1884 la intensa rivalidad de las potencias europeas, deseosas de conseguir más territorios africanos, y las mal definidas fronteras de sus diversas posesiones amenazaron las relaciones internacionales. Entonces se convocó una conferencia a la que las naciones de Europa, junto con Estados Unidos, enviaron delegados.
En la Conferencia de Berlín (1884-85) las potencias definieron sus zonas de influencia y establecieron reglas con vistas a la futura ocupación de la costa de África y para ordenar la navegación en los ríos Congo y Níger. Entre las importantes disposiciones del Acta de Berlín había una que obligaba a las potencias que adquirieran un nuevo territorio en África, o asumieran un protectorado sobre cualquier parte del continente, a notificarlo al resto de las potencias signatarias. Durante los quince años siguientes se negociaron numerosos tratados entre las naciones europeas para ejecutar y modificar las disposiciones de la conferencia. Gran Bretaña firmó en 1890 dos tratados de este tipo. El primero, con Alemania, demarcaba las zonas de influencia de las dos potencias en África. El segundo tratado, con Francia, reconocía los intereses británicos en la región comprendida entre el lago Chad y el río Níger y admitía la influencia francesa en el Sahara. Otros acuerdos, en especial los que firmaron Gran Bretaña e Italia en 1891, Francia y Alemania en 1894 y Gran Bretaña y Francia en 1899, clarificaron aún más las fronteras entre las posesiones africanas de Europa.
| 2.5. | La resistencia africana |
Ningún reino africano había sido invitado a la Conferencia de Berlín y ninguno firmó estos acuerdos. Siempre que fue posible, los africanos se opusieron a las decisiones tomadas en Europa en el momento de ser aplicadas en suelo africano. Los franceses afrontaron una revuelta en Argelia en 1870 y la resistencia a sus esfuerzos por controlar el Sahara (1881-1905). En el Sudán occidental, el gobernante mandinka Samory Toure y Ahmadu, el hijo y sucesor de AlHajj Umar, del reino tukolor, intentaron mantener su independencia. Sin embargo, ambos fueron derrotados por los franceses (Ahmadu en 1893 y Samory cinco años más tarde). Dahomey fue ocupado por las fuerzas francesas en 1892, y la región de Wadai fue la última en caer bajo la dominación francesa, en 1900. Los administradores británicos encontraron una resistencia similar por parte de los bóers en Sudáfrica durante los periodos 1880-81 y 1899-1902. Los colonos británicos y bóers conquistaron el país de Matabele en 1893, y tres años más tarde los matabele (ndebele) y sus subordinados, los shona, se revelaron. Estallaron revueltas en Ashantiland en 1893-94, 1895-96 y 1900, y en Sierra Leona en 1897. Los reinos fulani de Mausa se resistieron a la conquista británica (1901-03). Sokoto se sublevó en 1906. Los alemanes se enfrentaron a la insurrección herero (1904-08) de África del Suroeste y a la revuelta de la tribu maji maji (1905-07) en Tanganica. Solo los etíopes, bajo el emperador Menelik II (que reinó de 1889 a 1911), tuvieron éxito en su resistencia a la conquista europea, al aniquilar una fuerza expedicionaria italiana en la batalla de Adua (Aduwa) en 1896.
| 2.6. | Incremento del desarrollo |
Una vez que los territorios fueron conquistados y pacificados, las administraciones europeas comenzaron a desarrollar sistemas de transporte, de manera que las materias primas destinadas a la exportación pudieran ser embarcadas con mayor facilidad en los puertos, y a establecer sistemas de impuestos que iban a obligar a los agricultores de subsistencia a plantar cultivos rentables o a dedicarse al trabajo migratorio. El comienzo de la I Guerra Mundial interrumpió ambos esfuerzos políticos ya encauzados. Durante el curso de la guerra, los territorios alemanes del oeste y suroeste de África fueron conquistados y más tarde, bajo el mandato de la Sociedad de Naciones, fueron repartidos entre las distintas potencias aliadas. Miles de africanos lucharon en la guerra o sirvieron como porteadores para las fuerzas aliadas. La resistencia a la guerra se limitó a la corta rebelión, en 1915, de John Chilembwe, un sacerdote africano, en Nyasaland (hoy Malawi).
Tras la I Guerra Mundial los esfuerzos destinados a explotar las colonias se moderaron y se prestó más atención a mejorar los servicios educativos y médicos, a ayudar al desarrollo y a salvaguardar los derechos territoriales de las colonias africanas. No obstante, algunas colonias ocupadas por blancos, como Argelia, Rhodesia del sur (hoy Zimbabue) y Kenia, recibieron una considerable autonomía interna. Rhodesia del sur se convirtió en colonia autónoma de la Corona británica en 1923, con casi ninguna disposición referente al voto de africanos. Durante el periodo de entreguerras comenzaron a emerger varios movimientos nacionalistas y de protesta. Sin embargo, la mayoría de las veces la elección de miembros se limitaba a los grupos africanos occidentalizados. Solo en Egipto y Argelia, donde gran número de africanos habían abandonado su modo de vida tradicional y desarrollaban nuevas identidades y fidelidades, se formaron partidos políticos de masas. Etiopía, que anteriormente había resistido con éxito la colonización europea, cayó ante la invasión italiana de 1936 y no recobró su independencia hasta la II Guerra Mundial. Con el comienzo de la guerra, los africanos sirvieron en las fuerzas aliadas, incluso en número superior a la anterior guerra, y las colonias apoyaron en general la causa aliada. La lucha en el continente, que se limitó al norte y noroeste de África, acabó en mayo de 1943.
| 3. | La nueva África |
Tras la guerra, las potencias coloniales europeas quedaron psicológica y físicamente debilitadas, y la balanza de poder internacional se trasladó a los Estados Unidos y la Unión Soviética, dos estados declarados anticolonialistas. En el norte de África, la oposición al gobierno francés se desarrolló a partir de 1947 con actos terroristas esporádicos y motines. La revolución argelina comenzó en 1954 y continuó hasta la independencia del país en 1962, seis años después de que Marruecos y Túnez lograran su independencia. En el África subsahariana francesa se hicieron esfuerzos para contrarrestar los movimientos nacionalistas, al conceder a los habitantes de los territorios la ciudadanía total y permitir a diputados y senadores de cada territorio asistir a las sesiones de la Asamblea Nacional francesa. No obstante, el sufragio limitado y la representación comunal asignada a cada territorio se demostraron inaceptables. En los territorios británicos el ritmo de cambio también se aceleró después de la guerra. Empezaron a aparecer partidos políticos que englobaron a tantos grupos étnicos, económicos y sociales como fue posible. En Sudán, los desacuerdos entre Egipto y Gran Bretaña sobre la dirección de la autonomía sudanesa obligó a que los británicos aceleraran el proceso de independencia de estos territorios, y Sudán se independizó en 1954. Durante la década de 1950, el ejemplo de las nuevas naciones independientes de otros continentes, las actividades del movimiento terrorista Mau-mau de Kenia y la efectividad de líderes populares como Kwame Nkrumah incrementaron todavía más la velocidad de dicho proceso. La independencia de Ghana en 1957 y de Guinea en 1958 desató una reacción en cadena de demandas nacionalistas. Solo en 1960 empezaron a existir diecisiete naciones africanas.
A finales de la década de los setenta casi toda África era independiente. Las posesiones portuguesas —Angola, Cabo verde, Guinea-Bissau, y Mozambique— se independizaron entre 1974 y 1975, después de años de lucha violenta. Francia renunció a las islas Comores en 1975, y Djibouti consiguió la independencia en 1977. En 1976 España dejó el Sahara español, que entonces fue dividido entre Mauritania y Marruecos. Aquí, sin embargo, estalló una cruda guerra por la independencia. Mauritania renunció a su parte en 1979, pero Marruecos, que tomó posesión de todo el territorio, continuó la lucha con el Frente Polisario, de carácter independentista. Zimbabue consiguió la independencia legal en 1980 (véase Zimbabue: Historia). El último resto de la larga dependencia del continente, Namibia, consiguió la independencia en 1990.
Los jóvenes estados africanos se enfrentan a varios problemas fundamentales. Uno de los más importantes es la creación de un Estado nacional. Gran parte de los países africanos retuvieron las fronteras que habían trazado arbitrariamente los diplomáticos y administradores europeos del siglo XIX. Los grupos étnicos podían quedar divididos por las fronteras nacionales, pero los lazos de lealtad que unían a tales grupos eran a menudo más fuertes que los nacionales. No obstante, cuando los estados africanos consiguieron la independencia, los movimientos nacionalistas dominantes y sus líderes se instalaron en un poder casi permanente. Llamaron a la unidad nacional y recomendaron encarecidamente que los sistemas parlamentarios de varios partidos fueran descartados en favor de un Estado con partido único. Cuando estos gobiernos no pudieron o no quisieron cumplir las expectativas populares, el recurso era a menudo la intervención militar. Al dejar la administración rutinaria en manos de la burocracia civil, los nuevos líderes militares se presentaron como eficientes y honestos guardianes públicos, pero pronto desarrollaron el mismo interés por el poder que caracterizó a sus predecesores civiles. En muchos estados, el comienzo de la década de 1990 despertó un renovado interés en la democracia parlamentaria de varios partidos.
El desarrollo económico también representa un gran problema. Aunque gran número de países africanos poseen considerables recursos naturales, pocos tienen los fondos financieros necesarios para el desarrollo de sus economías. Las empresas privadas extranjeras a menudo han considerado la inversión en áreas subdesarrolladas demasiado arriesgada, y este punto de vista se justifica en muchos casos. Las mayores fuentes de financiación alternativas son las instituciones de préstamos nacionales y las multinacionales.
Las esperanzas de un mejor nivel de vida para las naciones africanas se han incrementado, y los precios de los bienes de consumo y otros bienes manufacturados se han mantenido, pero el precio de la mayoría de las materias primas africanas ha bajado. La recesión mundial de principios de la década de 1980 multiplicó las dificultades iniciadas con el aumento del precio del petróleo en la década de los setenta. Serios problemas con las divisas y una deuda exterior creciente agravaron el descontento público. El hambre y las sequías se extendieron por las regiones centrales y norteñas del continente en la década de los ochenta, y millones de refugiados abandonaron sus hogares en busca de comida, incrementando los problemas de los países a los que huían. Los recursos médicos, todavía inadecuados e insuficientes, se vieron desbordados por las epidemias, el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA), el cólera y otras enfermedades. A finales de la década de 1980 y primera mitad de la siguiente década, los conflictos locales en Chad, Somalia, la zona del Sahara, Sudáfrica y otras zonas del continente desestabilizaron gobiernos, interrumpieron el progreso económico y costaron la vida a miles de africanos. Después del final de la guerra civil en Somalia en 1991, un gobierno separado se estableció en Eritrea, que declaró su independencia en 1993. En abril de 1994 estalló la lucha entre los dos principales grupos étnicos de Ruanda, los hutu y los tutsi, después de que los presidentes de Ruanda y Burundi murieran en un sospechoso accidente aéreo. Los problemas en esta zona central de África han continuado a lo largo de 1996 y 1997, así como en Argelia, al norte, cuya paz y desarrollo están siendo amenazados por los atentados violentos cometidos por grupos integristas islámicos.
Otro gran problema del continente africano ha sido la incapacidad de proyectar su voz en los asuntos internacionales. La mayoría de los estados africanos se consideran parte del Tercer Mundo y son miembros de la Organización de Países No-Alineados, a la que consideran un instrumento válido para hacerse oír en el concierto internacional de naciones. Sin embargo, a causa de su falta de poder militar o financiero, las opiniones de los países africanos rara vez son tomadas en cuenta. El fin de la política de segregación racial (apartheid) en Sudáfrica, a principios de la década de los noventa, llevó a la celebración de las primeras elecciones multirraciales en abril de 1994. La transferencia de poder a la mayoría negra de Sudáfrica apunta hacia nuevas formas de poder en África, mientras el siglo XX se acerca a su final.