| Peste negra | Vista del artículo | ||||
| En el menú Archivo, haz clic en Imprimir para imprimir la información. | |||||
| 2. | Forma de transmisión |
El bacilo de la peste afecta a ciertos roedores y a sus parásitos, en especial a la rata negra y a su pulga, Xenopsylla cheopis. Una rata enferma, portadora del bacilo, puede infectar a la pulga que se alimenta de su sangre que, en determinadas condiciones transmite la enfermedad a los seres humanos. Los historiadores modernos piensan que ésta fue la causa más común de expansión de la enfermedad.
Hay tres variantes de la enfermedad, dependiendo de su gravedad. La más extendida es la peste bubónica, que afecta a los ganglios linfáticos y provoca la inflamación (forúnculos, bubones) de aquellos situados en la garganta, en las axilas y, especialmente, en las ingles. Este tipo fue muy habitual en la baja edad media europea y a principios de la edad moderna. La mortalidad de los afectados era superior al 75%: la mayoría moría en la primera semana tras la aparición de la enfermedad. Aparecía en los meses de verano y solía alcanzar un pico en septiembre. En Londres y otras grandes ciudades europeas estos meses eran considerados insalubres y, quien podía permitírselo, se ausentaba de la ciudad. En la peste septicémica la infección se localiza en la sangre. Pero más devastadora era la peste neumónica, una de las enfermedades más infecciosas y mortales conocidas por el ser humano. Era frecuente en los meses fríos del invierno, afectaba a los pulmones y se trasmitía con facilidad, ya que se podía expandir a través de la tos y los estornudos. Era fatal en un 95% de los casos y sus víctimas morían unos tres o cuatro días después de la aparición del brote. En las tres variantes de la enfermedad se producen hemorragias internas que originan grandes hematomas en la piel, de ahí el nombre de peste negra.