| Movimiento ecuménico | Vista del artículo | ||||
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| 2. | Objetivos del ecumenismo |
La Conferencia Misionera Mundial de 1910, celebrada en Edimburgo, marcó el principio del ecumenismo moderno. De ella surgieron tres corrientes de orientación ecuménica: evangelista, de servicio y doctrinal. En la actualidad, esos tres aspectos son fomentados a través del Consejo Mundial de las Iglesias, constituido en 1948; en 1994 englobaba a más de 330 iglesias en unos 90 países.
La preocupación evangélica del ecumenismo moderno dio lugar, en 1921, a la formación del Consejo Misionero Internacional, que engloba a 17 organizaciones de carácter nacional. Coordina la estrategia misionera y ayuda al desarrollo de nuevas iglesias.
Los esfuerzos realizados por los cristianos más allá de los límites confesionales y nacionales se realizaron en 1925, en Estocolmo, cuando se convocó la Conferencia Universal Cristiana sobre la Vida y el Trabajo para estudiar la aplicación del Evangelio a los asuntos industriales, sociales, políticos e internacionales, bajo el lema “el servicio une, pero la doctrina divide”.
El movimiento hacia el ecumenismo doctrinal llevó, en 1927, a la convocatoria de la I Conferencia Mundial de la Fe y el Orden. La conferencia concluyó que “Dios quiere la unidad y, sin embargo, pudiendo justificar los principios de la desunión, lamentamos su permanencia”. La II Conferencia Mundial de la Fe y el Orden se celebró en Edimburgo en 1937, el mismo año en que tuvo lugar en Oxford otra conferencia sobre la Vida y el Trabajo. Delegados de ambas reuniones acordaron la coordinación de sus actividades, y en 1938 se nombró un comité provisional para crear un “órgano representativo de las iglesias”. La formación del Consejo Mundial de las Iglesias, que tenía que haber nacido en 1941, se pospuso durante siete años a causa del estallido de la II Guerra Mundial. En 1961 la corriente misionera del esfuerzo ecuménico protestante, junto con las corrientes de servicio y doctrinal unidas en el Consejo Internacional Misionero, se fundieron con el Consejo Mundial de las Iglesias.
El impulso hacia la unidad fue realizado casi en exclusiva entre los protestantes hasta 1920, año en que el patriarca de Constantinopla publicó una encíclica en la que llamaba a la unión de todos los cristianos. Las Iglesias ortodoxas orientales son miembros del Consejo Mundial desde su constitución.
El ecumenismo siguió desarrollándose entre las confesiones protestantes y ortodoxas; así, en 1950, se formó el Consejo Nacional de las Iglesias por parte de 29 confesiones de Estados Unidos. La Iglesia católica apostólica romana, sin embargo, permaneció inflexible en su rechazo al movimiento; desde su punto de vista, la unidad de la Iglesia sólo se puede conseguir tras el regreso de las que ella considera “sectas cismáticas” a la “única Iglesia verdadera”. Una encíclica emitida en 1928 por el papa Pío XI reforzó esta posición y en 1954 los católicos tuvieron prohibido asistir a la segunda asamblea del Consejo Mundial de las Iglesias.