| Movimiento ecuménico | Vista del artículo | ||||
| En el menú Archivo, haz clic en Imprimir para imprimir la información. | |||||
| 3. | El Concilio Vaticano II |
El cambio llegó en 1959 cuando el papa Juan XXIII propuso la convocatoria de un nuevo concilio para completar la obra del Concilio Vaticano I (1869-1870). La renovación doctrinal y la unión con otras confesiones fueron algunos de los puntos más debatidos en las sesiones del Concilio Vaticano II. El pontífice creó un Secretariado para la Promoción de la Unidad Cristiana; en 1961 permitió que observadores católicos asistieran de modo oficial a la tercera asamblea del Consejo Mundial de las Iglesias.
También gracias a su influencia, cuando se inició el Concilio Vaticano II en la basílica de San Pedro en 1962, los representantes protestantes y ortodoxos (que estuvieron presentes en todas las reuniones) fueron ubicados en lugares de honor. Los 2.500 obispos católicos que participaron en sus sesiones (1962-1965) discutieron sobre la unidad cristiana. Su decreto sobre el ecumenismo, promulgado en 1964, hablaba no ya de confesiones y creencias “cismáticas” sino de “hermanos separados” y deploró los pecados en contra de la unidad cometidos durante años tanto por católicos como por protestantes.
Tras fallecer Juan XXIII en 1963, su sucesor, Pablo VI, dio a conocer su intención de ahondar en los avances ecuménicos, describiendo la unidad como el “objeto de interés permanente, estudio sistemático y comprensión constante”. Esta política fue reforzada por varios gestos importantes. En 1964, el Papa y el patriarca ecuménico ortodoxo, Atenágoras I, mantuvieron un cálido e histórico encuentro en Jerusalén, el primero que se celebraba en más de 500 años entre los máximos líderes espirituales de ambas iglesias. En 1966, el arzobispo de Canterbury, cabeza de la confesión anglicana, visitó al papa Pablo VI y en 1967 el pontífice visitó al patriarca ortodoxo de Turquía.
En la clausura del Concilio Vaticano II, se creó un grupo de trabajo conjunto entre el Vaticano y el Consejo Mundial de las Iglesias, y fueron constantes las conversaciones oficiales entre católicos y protestantes. De modo significativo, el grupo de trabajo conjunto declaró en 1967 que no existían dos movimientos ecuménicos sino sólo uno; igualmente, en la cuarta asamblea del Consejo Mundial, un teólogo jesuita habló de los católicos romanos como compañeros de los demás cristianos en la búsqueda de la unidad, “que es la voluntad de Cristo para Su Iglesia”, y dejó abierta la posibilidad de que los católicos se adhirieran al Consejo Mundial. Esto no había ocurrido todavía a mediados de la década de 1990, pero la Iglesia católica apostólica romana tiene buenas relaciones de trabajo con el Consejo Mundial a cuyas sesiones envía observadores con regularidad.