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Blanqueo

Blanqueo, proceso de eliminación del color natural de fibras textiles, hilos y tejidos, pasta de madera, papel y otros productos, como alimentos, mediante tratamiento químico o exposición al sol, el calor o el agua. Muchos pigmentos y tintes se convierten en sustancias sin apenas color o incoloras al aplicarles un agente oxidante; por eso suelen emplearse como blanqueadores compuestos de cloro o peróxido de hidrógeno, perborato de sodio o permanganato de potasio. El calor, la radiación ultravioleta, las sustancias alcalinas u otros agentes que produzcan cambios químicos también pueden actuar como blanqueadores. Muchos pigmentos y sustancias coloreadas pueden decolorarse con agentes reductores como dióxido de azufre. La decoloración mediante éstos también se denomina lavado, en especial cuando se usa para eliminar colorantes de los textiles. Los agentes oxidantes suelen producir un blanco más permanente que los reductores.

El método de blanqueo por exposición al sol se practicaba en la antigüedad y la edad media en Egipto, China, Asia Menor y Europa. En el siglo XVIII comenzaron a usarse en los Países Bajos y Francia soluciones blanqueadoras de potasa y lejía y de ácido sulfúrico diluido, y en 1785 el químico francés Claude Louis Berthollet descubrió el potente efecto blanqueador del cloro. En 1799, el químico británico Charles Tennant introdujo el polvo blanqueador, obtenido mediante la reacción del cloro gaseoso con cal apagada, y que produce los mismos efectos que el cloro. El polvo blanqueador es una mezcla que contiene hipoclorito de calcio, Ca(OCl)2, como agente blanqueador activo. Este polvo fue el blanqueador más habitual hasta principios del siglo XX. Desde entonces ha sido sustituido casi por completo por el llamado cloro líquido, una solución de hipoclorito de sodio (NaOCl). Las lejías domésticas lo suelen llevar como ingrediente activo con una concentración del 5,25%. Los productos industriales tienen con frecuencia concentraciones varias veces mayores.

El peróxido de hidrógeno (H2O2) es en la actualidad el blanqueador más utilizado para los tejidos de algodón. El dióxido de cloro (ClO2) se emplea como blanqueador para la pulpa de madera y el papel, para las fibras de poliéster y acrílicas, y para las mezclas de fibras sintéticas y naturales. El agente reductor hidrosulfito de sodio (Na2S2O4) se emplea para blanquear la lana.

Los llamados blanqueadores ópticos son en realidad tintes fluorescentes. Estos tintes convierten determinadas longitudes de onda muy cortas de la radiación ultravioleta (invisible) en luz azul o azul verdosa (visible), con una mayor longitud de onda que hace que aumente la intensidad total de luz visible reflejada. Como los blancos más azulados dan muchas veces la impresión de ser más puros, los tintes fluorescentes pueden hacer que los tejidos y otros materiales parezcan más luminosos. Ver Luminiscencia.